Dos mensajes reales

La colonización americana española condujo a la inevitable unión microbiana entre el  Viejo y el Nuevo Mundo. Debido al desconocimiento de la existencia de los virus en aquella época,  en embarcaciones españolas llegaron a América la gripe, el sarampión y el tifus, en un buque portugués la viruela, y en navíos  ingleses y holandeses la fiebre amarilla. En los viajes de vuelta nos trajimos de allí la sífilis, que no existía en España y un producto, que también nos era desconocido, que aún nos está matando: el tabaco. En 1493 había llegado a América el médico militar sevillano Diego Álvarez Chanca, y tras sus informes y las noticias de Colon sobre la  precaria situación sanitaria en que se encontraban los aborígenes americanos, en 1501, en víspera de la partida de Nicolás de Ovando hacia América, la Reina Isabel la Católica le transmitió la  instrucción de que “Se faga hospitales en que se acojan y curen los pobres, ansí de cristianos como de indios…”. A comienzos del siglo XVI ya habían llegado el primer cirujano, el primer farmacéutico, una comadrona y una farmacia, y a su final se habían fundado casi 300 instalaciones sanitarias.

Para el siglo XVII había poblaciones populosas como Méjico , Lima, Puebla, Potosí, Bogotá y La Habana que disponían de 30 instituciones de beneficencias y hospitales con mas de 500 camas. En el primer tercio del siglo XVIII la mayoría de las ciudades fundadas por los españoles con mas de 300 habitantes tenían un hospital. En el siglo XIX ya existían una Academia de Medicina y Farmacia, se realizó la primera campaña de vacunación en el mundo, la de la viruela por  el comandante Balmis, y allí fue desatacado el capitán médico Santiago Ramón y Cajal, al que posteriormente se le otorgó el Nobel de Medicina. En el periodo final se llegó a disponer de un hospital en la Habana con 100 edificios, 50 salas de medicina y cirugía y doce para  infecciosos, y la mortalidad hospitalaria solo alcanzaba el 4,5 por ciento. La labor realizada se plasmó en que, a pesar de la diferencia del punto de partida en ambas orillas, España estableció en América , como había dejado dicho la Reina Isabel en su testamento, unos servicios sanitarios universales de idéntico nivel al que se disponía en la Península. 

En el mensaje de SM el Rey Felipe VI a la nación con motivo de la actual pandemia nos pidió que “nadie pueda sentirse solo y desamparado”. Vista la situación de abandono y carencias de servicios que se han encontrado los soldados que han accedido  a algunas residencias de mayores, parece que ni el vicepresidente de derechos sociales ni la ministra de igualdad, con competencias en la materia, hayan tomado en consideración las palabras del monarca. No es de extrañar dado que es la misma actitud que promovieron y alentaron para los ciudadanos de Venezuela, Cuba e Irán, y así les va. 

 Francisco Javier Membrillo Becerra

Coronel (R) del Ejercito

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