Morir por un chino

Sergio Berrocal.

En 1998, escapé a la muerte en Brasil donde el dengue, enfermedad que te destroza el hígado, está presente día y noche y no respeta ningún medicamento. Yo llegaba desde París, donde el Instituto Pasteur nos había puesto todas las vacunas posibles para vivir en un país donde no solamente el dengue puede ser mortal sino también la fiebre amarilla.

Escapé porque durante los tres años que vivimos en Brasilia, esos animalitos que adoran el agua nos respetaron pese que en casa teníamos una piscina que daba envidia hasta a los pequeños cocodrilos del cercano lago Paranoá.

La verdad es que nadie hablaba de dengue o de cualquier otra cosa porque los brasileños están más que acostumbrados a ver revolotear el mosquito responsable y porque ellos creen en Jesús y se convencen de que Él les protege.

Estuvo a punto de darme un patatús cuando al regresar a París tres años después, amigos médicos me hicieron ver que me había jugado alegremente la vida o por lo menos una larga convalecencia en un hospital.

En el año 2019, Brasil y América Central registraron más de tres millones de casos de dengue de los cuales solo 1500 fueron mortales.

Se me viene a la memoria porque ahora asistimos a la pandemia del coronavirus más que grave y que quizá podría haberse evitado en parte. En uno de sus últimos números, el semanario Paris-Match afirma que la jefe de urgencias del Hospital central de Wuhan, Ai Fen, de donde partió al parecer la pandemia, dio una entrevista a comienzos del mes de marzo afirmando que habían tratado de hacerla callar cuando ella tuvo la intención de dar la alarma sobre el coronavirus.

Punto y aparte porque ya la tenemos encima.

Vuelta a Brasil. Un día partí para un reportaje al norte y se me antojó una noche tomarme el más rico helado de todo el Estado. Pasé una noche vomitando y creyendo que me moría. Sabiendo que donde yo estaba había mucha fiebre amarilla y que ls autoridades sanitarias interceptaban en el aeropuerto, autobuses o en cualquier otro medio de transporte a quien presentara síntomas de haberla atrapado, me las arreglé al amanecer para encontrar una clínica privada donde me dieron un bote de pastillas que me tragué tanto como podía. Y cuando llegué al aeropuerto me ayudaron a pasar el control sanitario y horas después me encontraba en mi casa de Brasilia tiritando de fiebre.

Una semana y no sé cuántos médicos me dejaron medio de pie.

Tantos años después, en este espantoso 2020, se nos presenta el maldito coronavirus, la ruleta rusa más siniestra del mundo porque no sabes cuándo vas a apretar el gatillo ni donde está la bala.

Haber escapado al dengue me pareció normal. El coronavirus no parece tan tranquilo.

Más de diez mil personas muertas en España por ese infame bichito y, naturalmente, el pánico cunde como en aquella película en la que Richard Widmark era un médico que buscaba por toda una inmensa ciudad al portador de un virus mortal. Salvo que no hay actor héroe ni milagros. Salvo que las luces de la sala no se encendía y todos seguíamos comiendo palomitas.

Si he vuelto a hablar de mis sustos con lo que me ocurrió en Brasil es porque he leído dos cosas en la prensa española que me han dejado helado.

Una hija habla de su madre que ha muerto de la pandemia: “Mi madre ha muerto. Se han negado a ponerle respirador (artificial) y lo entiendo, no se puede salvar a todo el mundo…”

Una nota pescada en el mismo periódico, El Mundo del viernes, “hay gente de 50 años que no han entrado en la UCI (cuidados intensivos).” Probablemente por falta de sitio. Y estaba empezando a vivir. No sé ni me han dicho si sigue vivo.

A estas alturas, España tiene que improvisar incluso para las mascarillas, que muchas amas de casa fabrican por su cuenta. Varias empresas de automóviles han tenido la idea de fabricar respiradores artificiales. Porque hay mucho sinvergüenza por medio en este negocio de muerte.

Personalmente me alegro de que las emisiones deportivas radiales se hayan reanudado. Estuvieron calladitas una semana por vergüenza, pero ahora se han lanzado de nuevo. Y es normal. Imaginen que se trata de saber cómo y hasta cuando las grandes estrellas del fútbol van a seguir perdiendo dinero puesto que no hay partidos. Y La UEFA y todas esas instituciones caritativas y culturales están preocupadísimas por idénticas razones. Quedan por jugar muchos torneos y hay que jugarlos como sea. Si no, ¿cómo van a cobrar todos los millones que están en juegos en partidos, retransmisiones televisadas y otras menudencias?

Hay que decir en honor a la misma verdad que el portugués Cristiano y alguno más, pero no muchos, dan dado dinero a algunos hospitales. Algo es algo. Cuando se ganan varios millones por mes, no está mal acordarse de los que no tienen nada y lo están perdiendo todo.

Si he escrito este artículo no es por lucirme. Es pura angustia lo que me ha llevado a darle a las teclas. Tengo ochenta años de edad (80). Si el virus me agarra estoy muerto. Porque no van a hacer excepciones para tratar a un viejo con los métodos más desarrollados cuando otros más jóvenes mueren por falta de haber podido acceder a lugares de alta resolución que están atestados de gente.

Sí, lo confieso. Me da miedo morir por un bicho y además chino y por la codicia de gente que que se ha aprovechado de esta enfermedad como de tantas otras cosas.

Si dentro de un par de meses no ven artículos míos, que sepan que me fui. He estado encantado de que me leyesen.

Por: Sergio Berrocal

4 comentarios sobre “Morir por un chino

  1. La expansión de la epidemia y la ineficacia en su tratamiento, en España, no es culpa de los futbolistas u otros millonarios, ni de las empresas, sino de un gobierno de gentuza incompetente y sectaria. No mezclemos las cosas.
    Dios guarde a usted muchos años más.

    Me gusta

  2. Señor Berrocal: yo tambien tengo miedo , miedo de morir por culpa de este bicho “y ademas chino”como dice usted y por culpa de esta miserable coleccion de políticos miserables que tenemos . Un saludo

    Me gusta

Responder a Maria jose Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: