Sacar fuerzas de flaqueza

En mi juventud universitaria fui persona dada al contumaz alboroto político en contra del Régimen que entonces imperaba. Ello me valió ir a la cárcel en cuatro ocasiones hasta sumar un total de dieciséis meses, grosso modo, de experiencia penitenciaria, más siete de prisión domiciliaria con tres turnos diarios de dos grises aposentados en el rellano de la escalera. Estoy hablando de un período que abarca desde comienzos de febrero de 1956, fecha de la primera gran crisis política e institucional sufrida por el franquismo, hasta el 1 de agosto de 1964, que es cuando me fui al exilio con lo puesto, un pasaporte prestado y no sé ya si siete o doce mil pesetas en el bolsillo. 

No lo menciono para colgarme medallas de supuesto heroísmo ni para calzarme la corona de espinas de un martirio que no lo fue, sino porque viene a cuento de la calamitosa situación en la que nos ha sumido esta pandemia que más parece pandemónium. Ignoraba yo entonces que algún día, muchísimos años después, aquella experiencia juvenil me serviría de entrenamiento para sobrellevar la cuarentena impuesta ahora a golpe de decreto por el gobierno de la nación. Verdad es que en la cárcel había mucho más espacio disponible que el existente en cualquier domicilio, por lujoso que sea, y también mucha más gente para confraternizar o pelearse con ella de la que suele darse cita en el ámbito doméstico, pero, con todo y con eso, aislados estábamos entonces e imposibilitados de salir a la calle para darnos un garbeo. 

El paralelismo es evidente ‒más aún en lo que atañe a la prisión domiciliaria‒ y no hay hora en estos días de forzoso enclaustramiento en que no me lo plantee. Hubo una etapa en mi trayectoria de criminalidad política en la que llegué a pasar veintidós días rigurosamente incomunicado en una mazmorra de la Puerta del Sol en la que éste no entraba nunca, por ser un sótano, cuya superficie era de dos metros cuadrados. Imagínenlo. Disponía, eso sí, de un estrecho catre de cemento revestido por una estera de esparto y… Y nada más, amigos, a no ser que incluyamos en tan magra utillería el ventanuco enrejado que ponía en comunicación el zulo con un angosto y lóbrego pasillo. 

El caso es que me las apañé ‒a la fuerza ahorcaban‒, sobreviví, inventé mil recursos mentales, recordé muchas cosas que ya había olvidado, fantaseé con otras y aprendí, como escribió Hemingway en El viejo y el mar, que el hombre puede ser destruido, pero no derrotado. Tarareen esa copla, amigos, y aplíquensela.  Todo es bueno para el convento, dijo el fraile al que pillaron entrando en él con una puta al hombro. Arriba los corazones y cuanto sea menester.

4 comentarios sobre “Sacar fuerzas de flaqueza

  1. Me gusta tu periódico y me gustas tu y tu rebeldía, te sigo siempre, ya que no sigues la corriente, del agua que nos lleva, además te gusta comer,beber y las mujeres y eso es lo que te hace vivir tan sano y con una memoria prodigiosa y a mi me abruma, ya que a mi me falta. No cambies, la gente mala te envidia y de eso los políticos que nos gobiernan saben mucho. No domino muy bien la informática y el otro día que intenté meterme en tu página no me dejaba, me decía, esta página no puede conectarse, o algo así, me produjo frustración y ya pensé lo peor,”censura”. Bueno guerrero, tu nos representas . Un fuerte abrazo.

    Me gusta

  2. Muchas gracias señor Sánchez Dragó por sus artículos y por su nueva singladura. Le seguía en el diario en el que escribía y le voy a seguir aquí. Muchos ánimos y para adelante.

    Me gusta

  3. Que arte más grande Don Lobo Feroz. Le admiro hace 30 años y me alegra el gran descubrimiento de tuiter porque nos permite mantener contacto con gente que nos hace reír. Cuando acabe la cuarentena todo esto habrá acabado, habrá que trabajar y empezarán los problemas, para mi esto es como la gran fiesta del gran descubrimiento , la carcel que por ahora nunca conoci, y la mili que nunca hice. Solo me falta conocer la muerte que no nos la están enseñando de cerca entonces sabré que hemos estado en guerra y que si salimos vivos ya podemos empezar a reír o parar de llorar o viceversa. Posdata: pida usted un euro por tuiter y lo que recaude (libre de impuestos) nos pegamos una fiesta cuando nos dejen salir. Dígale a Escohotado que hable con El Real Madrid, para poder estar holgueros.

    Me gusta

  4. Efectivamente, señor Dragó, el Hombre no puede ser derrotado, ni el sin nombre de Foucault ni el que se dio cuenta y lo escribió, su pecado, de la muerte de Dios.
    Si una cosa tiene un hombre que ha comprendido el Dios de Spinoza, pero con su Error, su “e”, es que sabe que nos volveremos a ver en la eternidad, quizá usted sólo sea un conocido en otras vidas y dimensiones, cierto, pero no sabe usted lo que ha influido en mi vida, y para bien, desde la distancia.
    Y sabe que no cabe el proselitismo, ni la ardorosa ira contra los que no han tenido la suerte de comprender a Dios o al Todo o a la Eternidad, pues estos pueden conocerlo en una partida de chamelo y, ese dios les lava igualmente el alma, allá en los confines del mundo de las ideas.

    Gracias, señor Dragó, hoy me he enterado de su bloc desde el programa de su hija en es.radio.

    Vicent Adsuara i Rollan

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: