Viaje alrededor de nuestro cuarto

La cuarentena tiene entre sus escasas virtudes ser un tiempo de recogimiento, un paréntesis en la existencia brutal y automática de una sociedad cada vez más maquinizada. En fin, que podemos imitar a Xavier de Maistre y aprovechar para viajar por nuestro cuarto e incluso al centro de nosotros, de ese desconocido al que  rara vez tratamos a fondo. Podemos, también, volvernos solitarios, contemplativos, distantes… Hasta podemos probarnos como ascetas y místicos. Decía Pascal que buena parte de los problemas que nos azotan vienen de la incapacidad de la gente para estar a solas en una habitación. Ahora, con la plaga, ese terrible momento ha llegado. También llega la oportunidad de disfrutar de las riquezas no materiales que hemos acumulado durante años: el amor por la lectura y la música, el arte de orar o de guardar silencio, o el de acomodarnos en nuestro propio ser y que nada ni nadie nos perturbe.

Desde luego, eso es difícil si nuestra gente conocida pasa por las horribles circunstancias que padecen miles de españoles a los que el virus atribula. Pero los que tienen la fortuna de no sufrir ese calvario, que son la mayoría, pueden darse el placer de cerrar las puertas de su casa, apagar el televisor, silenciar el teléfono y acudir a los anaqueles de sus librerías o a su particular discoteca y a entretener la espera mientras se dedican a algo que nos está vedado en circunstancias “normales”: el ocio creativo.  Por desgracia, pocos son los elegidos. Alardeaba ─y hasta presumía─ el maniquí que nos gobierna de lo mucho que sube el consumo de Internet en las casas. El pobre diablo, un auténtico héroe de nuestro tiempo, exhibía el analfabetismo de la nación de la manera más cruda imaginable. Si España fuera un país verdaderamente culto, el nivel de consumo de Internet se habría hundido y los españoles estaríamos enfrascados en la lectura, en la audición de buena música o en el ejercicio de las artes plásticas. Me temo que no es ese el caso.

Durante más de cuarenta años los españoles hemos sido el mejor ejemplo del homo festivus, del homúnculo que fecundaron al alimón las miasmas del 68 y los mefíticos humores de la socialdemocracia. Irresponsable, gregario, materialista, extravertido, juguete de sus juguetes, incapaz de prestar atención a algo durante más de un segundo y permanentemente necesitado de nuevas diversiones, nuestro compatriota no está hecho para sufrir largos encierros. En realidad, “sufrir” no entraba en el programa. Eso traumatiza ─palabro habitual hasta en el milieu poligonero y que demuestra hasta qué punto la superstición psicoanalítica se ha extendido y vulgarizado─.  No se nos ha educado para eso. Ni tampoco para ser duros, independientes, sobrios y responsables. El viejo ascetismo español, aquel del eje diamantino de Ganivet y los del 98, ha desaparecido. Igual que el sentimiento trágico de la vida, que nos hacía terribles, pero grandes. 

Desde los ochenta hasta ahora hemos vivido alegremente en la burbuja de lo banal, haciendo del sacrificio de un perro una cuestión de Estado. Ahora vienen tiempos de turbación: el sueño europeo se va por el sumidero de la Historia y los problemas adquieren un tinte cada vez más grave y más sombrío. Todo lo que se pensaba sólido tiene cimientos de arena. La pobreza, la muerte y la discordia ya están aquí. 

Todo va a cambiar y muy mal lo pasaremos si no aprendemos a estar a solas, a callar, a resistir y a apreciar lo que hay de indestructible en nosotros. Sufrir educa. La soledad enseña. La muerte avisa. Aprovechemos esta cuarentena para viajar a nuestros más hondos abismos, para explorarnos y buscar ese eje diamantino de los estoicos. Nuestra supervivencia futura, como sociedad y como pueblo, dependerá de él.      

Por: José Manjón

One thought on “Viaje alrededor de nuestro cuarto

  1. No simplifiquemos, internet tiene cosas muy buenas, como este semanario, por ejemplo; y millones de conferencias, estudios de toda índole, entrevistas, toda la música del mundo, magníficos programas de TV de tiempos pasados… todo está ahí. Y todos sabemos que hay muchísimos libros o revistas impresos , y muy vendidos, que son pura bazofia.
    Internet es un medio, una herramienta poderosísima. Claro que, en manos de la masa borreguera, es como una ametralladora en manos de un orangutan.

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