Otros padrinos de cine

Por: Alfredo Arias.

En el célebre poema renacentista Orlando furioso de Ariosto, el paladín de Carlomagno se vuelve loco por un quítame esas pajas. Sólo porque descubre que su amada está por otro, va y se sumerge en pleno bosque, se queda tal como su madre lo trajo al mundo (al parecer con bastante pelambre) y se dedica a arrancar árboles y cabezas de campesinos de cuajo. Estos desagradables accesos de estrés le hubieran llevado a un vergonzoso declive de no ser porque un gentilhombre, el duque Astolfo, habiendo viajado a la Luna (justo donde se encuentran las cosas que se pierden en la Tierra), recupera en una ampolla el juicio de Orlando, y finalmente se lo hace aspirar, no sin antes haberlo reducido con ayuda de varios hombres y hundirlo hasta la cabeza en el mar siete veces seguidas.

Que yo sepa, el cine nunca ha trasladado a la pantalla secuencia tan cinematográfica, o al menos no recuerdo ninguna película famosa sobre este Orlando desencajado, con lo bien que hubiera quedado Dirk Bogarde en el papel de Astolfo, a lomos de un hipogrifo digno de Harryhausen. Sin embargo, el séptimo arte sí nos ha regalado con varios ejemplos de caballeros encantadores que cuidan de los héroes en situaciones lamentables.

El primero que se me ocurre, sugerido por el mismo nombre de Astolfo, merced a un caprichoso baile de letras, es Mefistófeles, el diablo bufo de la versión cinematográfica de Fausto, firmada por Murnau (1926). Allí lo vemos elevarse con su educando, en un vertiginoso viaje aéreo rumbo al amor y la aventura, abandonando las tierras baldías de la vejez y el estudio. Otra intervención especialmente afortunada es la del chófer Aristeo, quien conduce con singular dignidad a un poeta al territorio de la muerte en el Orfeo de Cocteau (1950). El personaje de Jean Marais, obsesionado por la dama oscura y lo ultraterreno como todo poeta, encuentra en el impecable conductor el intermediario de su destino. No es casual que la canción «This Charming Man» de The Smiths remitiera a esta película, trasplantando a la portada del maxi-single un fotograma en el que Orfeo-Marais aparece abatido, cuerpo en tierra, minutos antes de encontrar al caballero («La bicicleta pinchada, / tendido sobre la colina, / ¿aún la naturaleza hará un hombre de mí? / Entonces apareció en este encantador auto / este hombre encantador…»).

El arquetipo se renueva en un clásico italiano de los primeros sesenta, La escapada (Il sorpasso) de Dino Risi, donde Bruno (Vittorio Gassman), atorrante hombre de mundo que disipa velozmente la vida en el cuero de su deportivo, hace compañero de viaje a un tímido estudiante de Derecho (Jean-Louis Trintignant), a quien acaba transformando en otro vitalista todoterreno. El accidente final que lo mata supone sólo el símbolo de que el personaje ya está completo, acabado, impidiéndole cualquier regreso; algo peculiar en filmes de escapada, donde la huida encofra el rito de iniciación, y la muerte el sello consagratorio: por ejemplo, Thelma & Louise (1991). 

A estas alturas, no voy a dejar de lado al padre de todos los lunáticos iniciadores en el arte de liberarse, ese señor Don Quijote que se toma tanto tiempo y tanto camino para contaminar con su locura al señor Panza, duelo felizmente filmado por Grigori Kózintsev en uno de los traslados más aplaudidos del libro de Cervantes, Don Kikhot (1957), donde además se corrige el antipático suceso final de la recuperación de la cordura.

Más tutores de esta cuerda nos han acercado el cine para enseñarnos a libertar nuestra sinrazón y nuestros instintos. Desde el buche sin fondo de Falstaff (en el genial refrito shakesperiano de Orson Welles, Campanadas a medianoche, 1966), que educa en la campechanía y la disipación a un heredero real, al que advierte que desterrarle a él, «sería como desterrar al mundo entero», hasta la carcajada profunda de un minero superviviente y supervividor en Zorba, el griego (Michael Cacoyannis 1964), que enseña a danzar a un joven y apocado hombre de letras, y lo que es más práctico, a perder como si ganara. Una de las máscaras del viejo Dionisio la porta también el simpático gángster de poca monta (Seymour Cassel) que se compromete a producir la película de un aspirante a director (Steve Buscemi) en la cáustica In the Soup de Alexandre Rockwell (1992), y al que contagia también el virus de la desmesura. En efecto, cuando en el final el joven –con los espectadores– echa en cara al mafioso el haberse aprovechado de su bisoñez para llevar a cabo sus tropelías, aquél esparce todo el botín que ha conseguido por la playa, demostrándole cuáles son las prioridades.

Otro caso de hombre encantador, fascinador y aquí turbador como un veneno, es el  personaje que interpreta Peter Coyote en Lunas de hiel de Polanski (1992), el elegante escritor tullido que abre a su improvisado y cada vez más atónito interlocutor (un Hugh Grant en papel estructuralmente opuesto a su Lord Byron) el secreto de que la verdadera pasión convierte en sacramento la circunstancia más degradante.

Está claro, a la vista de estos ejemplos, qué tipo de maestros ha querido destacar el arte por antonomasia del y en el siglo XX, con su peculiar criterio para juzgar una situación como lamentable, y el adecuado empujón para abandonarla, asumiendo el riesgo y el premio de ser uno mismo. Ajeno a una época mental más serena, donde el padrino de las situaciones debía devolver la razón al hombre librado a sus instintos, como en el caso de Astolfo y el sobrino de Carlomagno, el cine ha querido presentarnos a estos entrañables tutores enajenados, que nos invitan a perderla (como si nos hiciera falta). Quizás por ello nunca veremos en el cine, al menos como se merece, al loco Orlando.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: