Para la libertad

Llevo treinta y cuatro días sola. El confinamiento me ha pillado desprovista de compañías. Sólo hablo con pantallas y en los últimos días ni eso. Las horas pesan. No tengo que rendir cuentas a casi nadie y dispongo de infinitas cantidades de tiempo para hablar y reflexionar conmigo. Por primera vez en mucho tiempo, si miro al fondo del espejo, sólo veo lo que, en esencia, soy. Puede parecer envidiable, pero no lo es. Las últimas jornadas han sido bastante duras. No era libre, era presa de mí misma. He tenido que aprender que la libertad está hecha de pequeñas cosas y no de grandes palabras, que se aprende y se conquista. 

Decía Antonio Machado que la verdadera libertad no consiste en poder decir lo que se piensa, sino en poder pensar lo que se dice. Mi libertad, ahora, nace de las letras que se asoman en mi cuaderno lleno de borrones y esquinas rotas. He buscado refugio en los libros y he encontrado consuelo en algunos. Cervantes, por ejemplo, escribió una parte del Quijote en la cárcel, despojado de libertad. También el deseo de ésta es una musa. Dostoievski, que pasó cuatro años de trabajos forzados en el gulag de Siberia, escribió que “la libertad no es contenerse a sí mismo, sino saber controlarse”. Sartre, en El ser y la nada, concibe a los humanos como seres que crean su propio mundo sin el respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe religiosa. Antoine de Saint-Exupéry decía que la única libertad es la de la mente. Hemingway amó la libertad sin plantearse los riesgos que implicaba buscarla. Y Miguel Hernández… ya saben: “Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca”. 

Cultura y libertad. Verdaderamente, nada rejuvenece más que la sensación de sentirse libre, de echarse al camino, como escribió Baroja en sus memorias, silbando y con la chaqueta al hombro. Me ha dado por pensar hacia dónde iré yo cuando goce de libertad completa,  cuando pueda decir al oído palabras prohibidas, cuando pueda hacer el amor al aire libre y cantar al alba. Será ése un día alegre, de comienzo, de mirar al sol cuando amanece, de posar los ojos en el cometa que estalla y de prestar oídos a las campanas que doblan. Será mi incipit vita nova. Será el tiempo de soñar, y de reír, y de amar, y de coger, para nunca más soltar, la mano enamorada. 

He pensado que lo primero, lo más urgente, que haré será viajar a Florencia y visitar el recoleto Ponte Vecchio donde Dante y Beatriz se conocieron, donde fraguó el encuentro fugaz y el enamoramiento más fértil y providencial de la literatura. Tocaré, entonces, mi vita nova, el instante glorioso de lucidez y de emoción que golpea más allá de conciencia y que la inunda. Y repetiré para mis adentros uno de los versos iniciales de la Vita Nuova: “Tanto gentil e tanto onesta pare la donna mia quand’ella altrui saluta ch’ogni lingua deven tremando muta e li occhi no l’ardiscon di guardare”. [Tan gentil y honesta se muestra la dama mía cuando un saludo ofrece, que toda la lengua enmudece, y los ojos no se atreven a mirarla].

La libertad, entonces, será la palabra que conforma el mundo, el nombre que lo explica todo. Supongo que para eso falta algún tiempo. Hasta entonces, desde mi casa, me preguntaré para qué existen cielos, mares, noches días y quién puede comprenderlos si no se ven desde la libertad. 

5 comentarios sobre “Para la libertad

  1. Texto bello en la forma pero de fondo triste. Sin embargo la libertad es alegría. Merton deseaba la soledad completa. Es curioso estudiar el fenómeno de Merton en este tiempo. Las vivencias de un místico trapense ¡que encontró la felicidad en la soledad absoluta!

    ORACIÓN AL RITMO DE LAS HORAS
    Thomas Merton.
    (Es enigmática la cuarteta final)

    Tiene que haber un momento del día
    en que el hombre que hace planes
    olvide sus planes y actúe como si no tuviera plan alguno.
    Tiene que haber un momento del día
    en que el hombre que tiene que hablar guarde silencio,
    deje de dar forma a teorías en su mente
    y se pregunte a sí mismo: ¿Acaso tienen algún sentido?
    Tiene que haber un momento en que el hombre de oración
    acuda a orar como si fuera la primera vez en su vida que lo hace;
    en que el hombre que toma decisiones deje de lado éstas,
    como si todas ellas hubieran perdido su validez,
    y aprenda una sabiduría diferente:
    distinguir el sol de la luna,
    las estrellas de la oscuridad,
    el mar del árido desierto,
    y el cielo nocturno del perfil de una montaña

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  2. Si entiende por libertad el libre albedrío, pierda toda esperanza. El estudio de la mente nos lleva a la decepción. Primero llega la determinación biológica, la programación instintiva que impone un sistema de premio y castigo que muchos llaman emociones. Luego viene la instrucción, la educación, el adoctrinamiento, la influencia y la sugestión. Vivimos entregados a nuestra naturaleza y sometidos a la autoridad. En el rebaño, la libertad solo es una apariencia, una ilusión que necesitamos para no desfallecer.

    Aunque debo reconocer que hay un detalle que no encaja. No sé si solo quiero aferrarme a un clavo ardiendo, pero lo cierto es que la consciencia resulta un elemento absolutamente sorprendente. Es tan única como innecesaria. Ni siquiera la necesitamos para el aprendizaje experiencial. Podríamos ser máquinas biológicas socializadas, pero no, tenemos consciencia. Y tampoco la encontramos en el mapa neuronal. No sabemos por qué se creó, para qué sirve ni dónde se localiza. Solo conocemos algunos de sus componentes superfluos: la pena, el remordimiento, la compasión,… el castigo moral. En efecto, la conciencia del bien y el mal es el único ingrediente que me hace dudar. Algunos le llamarían el alma, pero ya hace tiempo que el positivismo nos curó de tales explicaciones.

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  3. Como no enamorarme de La señorita Nouvelle Vague, si lo primero que leo escrito por ella me nombra a Dante del cual ando tan enamorada como él de su hermosa Beatriz.

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  4. … “libertad completa” dices. Fruslerías, dicen ellos. Las reglas han cambiado. No se hace el amor al aire libre ni se canta al alba en la Nueva Normalidad. No, es no, ¿recuerdas?

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