Conticinios, confinados y finados

Por: Benigno Morilla.

Aseguran los amantes de la noche que suele haber un breve instante en su oquedad más honda, que el paisaje parece desdibujarse y, luego, detenerse. Parece ardid de fábula, pero el término figura en el diccionario definido sin demasiada pompa, como un hecho natural; un suspiro. En la mar, lo mismo. Cuando deja de soplar el viento y las olas abandonan sus labores contradiciendo la voluntad de parte de la marinería más apresurada

Tal contratiempo también tiene nombre en el diccionario: “calma chicha”. Hay miles de detenimientos forzosos que, dándole mayor extensión al término, bien pudieran llamarse “conticinios”. 

Entre conticinios y calma chicha, encuentran su espacio la mayoría de hombres, entre ellos los ávidos de dominio. Se les nota porque sus pasos parecen aplastar la tierra. Su actividad predilecta es recorrer el mundo en busca de esclavos. Las presas, campesinos y comerciantes con los que se enfrentan en sus pillajes, no tienen capacidad para luchar. No han nacido ni han sido criados para la contienda. Son reducidos con facilidad y, así, se convierten en confinados. Estabulados y tratados como bestias. El horizonte está muy cerca y oprime. Para sobrevivir sólo cabe un milagro. Los opresores son crueles, y su poder les lleva a confusión. Siendo los individuos más toscos, careciendo de inteligencia y corazón, por ser la mayoría de las veces los vencedores se consideran Vanguardia. Los enemigos batidos, más débiles, no resisten las condiciones de estabulados. Llegan a su fin dejando la vida. Así,  engrosan el censo de finados.

Pero, en determinadas circunstancias resulta ser a la inversa. La vanguardia está en la retaguardia. Como en las hileras de lobos, en la retaguardia marchan los más experimentados para obtener una mayor perspectiva. Darán los ávisos pertinentes ante los enemigos y los más jóvenes y fuertes que caminan por delante ganarán la refriega.

Los detenimientos, en muchos casos, ofrecen la ocasión para sacar la ventaja que no parecía estar en la discreta retaguardia. Su perspectiva puede estratégicamente cambiar la trayectoria que creían correcta y que no lo era. 

Pongamos punto final parafraseando a Epicteto: “Así como durante un viaje por mar, si el bajel se detiene en un puerto, bajan los pasajeros a ver y comprar algo, pero atentos siempre a la  menor señal del capitán, y apenas le advierten vuelven a bordo por miedo a ser castigados si con su tardanza retrasan la salía de la nave. Del mismo modo en el viaje de la vida, cuando el capitán llama hay que abandonar cuanto hemos adquirido, mujer e hijos inclusive y correr hacia el barco sin volver la vista atrás. Sobre todo cuando eres viejo, no te alejes mucho, no sea que el capitán te llame de pronto y no estés en disposición de acudir rápidamente.”

Si en nuestra vida nos encontramos atrapados en un confinamiento, no perdamos de vista al capitán guardando la prudente y peligrosa retaguardia

Las tornas pueden cambiar el curso de los hechos.

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