Epigramas amorosos de Luis Alberto de Cuenca

ALBA

Esta alba provenzal que nos despierta
sabe a muerte, a derrota, a desconsuelo.
¿Nos dice la verdad o se limita
a inventar un subgénero? Las dos
cosas al mismo tiempo: por un lado,
interrumpe el trajín de unas posturas
más o menos forzadas; por el otro,
nos sumerge en un mundo de sintaxis
literaria que templa la tristeza
y la inquietud de lo perecedero.

TEOREMA DE PITÁGORAS

Tú ardes y yo ardo, mientras ella
se consume en los brazos de un tercero.
¡Qué malo es compartir novia entre amigos!
Siempre se va con otro, no tolera
triángulos felices, porque teme
ser el vértice débil, el que corre
más riesgos de caerse del programa
por un motivo u otro. Y se confunde:
ella es la hipotenusa de la historia;
nosotros somos solo un par de ardientes,
desolados, patéticos catetos.

JURAMENTOS

Te juro que jamás seré de otra.
Me juras que jamás serás de otro.
Y lo que nos juramos queda escrito
en el agua, porque los juramentos
de amor valen lo mismo que un estante
sin libros, que una casa sin ventanas.
Pero tú te lo crees, yo me lo creo,
y eso es, vida mía, lo que cuenta.

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