Del futuro, la economía y las fronteras desde el Yangtsé

Por: Héctor Gómez. Corresponsal en China.

China es el futuro. No lo digo en términos geopolíticos, sino literalmente. Siendo el primer país que tuvo que hacer frente al estallido del Covid-19, todas las grandes noticias que genera el resto del mundo estos días las hemos vivido aquí con al menos un mes de antelación: confinamiento, cese de actividad económica, cierre de escuelas, clases online… La lista es larga y la conocen de sobra. 

Esta ventana hacia el futuro permitió a algunos países tomar nota de las predicciones de Casandra y prepararse contra el virus, otros dejaron que Troya ardiera. Pero la mayor tragedia viene cuando la hija maldita de Hécuba y Príamo tiene una visión tan terrorífica como, se teme, inevitable del futuro que nos espera a todos: el día 17 China dio los datos de crecimiento para el primer cuarto del año y son aún peores de lo estimado, la caída del 6.8% supone la primera contracción de su economía desde el fin de la Revolución Cultural en 1976.

Estrechamente relacionado con el batacazo económico, la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China envió esta semana una carta al Ministro de Exteriores chino pidiéndole que acabe con el cierre fronterizo. Si los extranjeros no pueden hacerse cargo de sus negocios e inversiones, se argumenta, difícilmente logrará China un resurgir completo de su economía. 

Este cierre de fronteras ese decretó a finales de marzo como medida para contener el aumento de casos importados (aquellos que pisan China tras haberse contagiado en otros lugares) y, frente a lo hecho por otros países con similares políticas, tiene la característica de que prohíbe la entrada incluso de aquellos extranjeros con visados y permisos de residencia en vigor.

Lo más interesante de la situación actual es que entra en colisión directa con las sucesivas reformas para la obtención de visados que la República Popular ha llevado a cabo tras la llegada al poder de Xi Jinping, con el fin de simplificar el proceso y faciltar con ello la llegada al país de “talento extranjero”.

Crecimiento del PIB chino desde 1990 hasta la actualidad.

Cuando pensamos en un país formado por el buen hacer de su población migrante nos viene irremediablemente a la cabeza Estados Unidos, cuyo meteórico ascenso a primera potencia mundial va indiscutiblemente ligado a los trasvases poblacionales, mientras que nuestra imagen de China es la del fin de la agonizante última dinastía y el posterior régimen de Mao: la de un país cerrado a cal y canto.

En cambio, conviene resaltar que esto no fue siempre así, hasta el punto de que podemos afirmar que la apertura de fronteras y la atracción de ese “talento extranjero” forma parte esencial e indisoluble de las raíces de lo que hoy conocemos como China. Todos sabemos que en el año 221 antes de Cristo el hoy conocido como Qin Shihuang dio comienzo al primer imperio chino, lo que no sabemos tanto es cómo lo consiguió.

Cuando el futuro emperador fue  proclamado rey de Qin, “China” era en realidad un espacio geográfico formado por siete reinos que llevaban 200 años en guerra. Estos estados independientes, aunque hoy los denominemos como “chinos”, hablaban su propia lengua, contaban con su propia escritura, leyes y división administrativa, hacían gala de total independencia política y filosófica y generaban su propia cultura. Alguien que viajaba de Zhao a Han era considerado extranjero, y en ese ambiente de eterno conflicto no era algo muy recomendable de hacer. 

Los reinos.

Sin embargo, aun antes de que Qin Shihuang fuese coronado, en este reino ya había comenzado un cambio de mentalidad basado en la idea de que para imponerse a los demás no bastaba con las cabezas pensantes autóctonas. Convenía mirar más la capacidad de las personas y menos su procedencia. 

Por citar a algunos de los notables, el propio Qin Shihuang se había criado en el vecino reino de Zhao y era hijo de una extranjera. El primer ministro y gran comerciante que proporcionó la fortuna necesaria para iniciar las campañas de anexión, Lü Buwei, era oriundo de Wei. Li Si, el gran legista que dio forma al sistema administrativo y jurídico imperial provenía de Chu y Cai Ze, el gran diplomático, llegó del reino de Yan. Además, conforme se iban conquistando territorios y al contrario de lo hecho hasta entonces, la población autóctona era tratada de la misma manera que los habitantes de Qin desde el punto de vista jurídico.

Volviendo a la actualidad, varias asociaciones denuncian que la simplificación en la tramitación de visados no es tal y apenas habría afectado al 1 por ciento de los extranjeros actualmente residentes, y que el cierre fronterizo responde más que a la necesidad al deseo de un gobierno supuestamente cada vez más nacionalista y excluyente de librarse de toda influencia extranjera. 

Así pues, cuando dentro de unas semanas la situación actual sea insostenible es cuando realmente podremos ver si el presidente Xi Jinping, que ha abolido la limitación constitucional de dos mandatos, está jugando a ser Mao o a ser Qin Shihuang.

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