Mañana te tocará a ti

Por: Luca Moratal Roméu.

Por exigencias del papel, el filósofo alemán Martin Heidegger tenía que afirmar públicamente que la idea principal (Hauptgedanke) de su más admirado predecesor, Friedrich Nietzsche, era la voluntad de poder (der Wille zur Macht). En privado, ahora bien, Heidegger enseñaba a sus alumnos que a esta idea principal subyacía en Nietzsche una idea fundamental (Grundgedanke), que no sería otra sino el eterno retorno de lo igual (die ewige Wiederkunft des Gleichen). Nietzsche, que había concebido esta doctrina en agosto de 1881 junto al lago de Silvaplana, la expresó por primera vez en La gaya ciencia (1882): «¿Y si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en tu más solitaria soledad y te dijera: “Esta vida, tal y como la has vivido y la estás viviendo ahora, deberás vivirla otra vez y aún innumerables veces […]”?». Pronto se convirtió en su descubrimiento más preciado. A él se refería como «la forma más elevada de decir sí que puede alcanzar el hombre», y en su correspondencia se proclamaba «el maestro del eterno retorno». 

Nietzsche se representaba este proceso como una recurrencia interminable de ciclos de millones de años. Lo que no podía imaginar era que determinados acontecimientos habrían de retornar «otra vez y aun innumerables veces» con celeridad harto mayor. Con una prontitud tan pasmosa como aterradora. 

Mañana te tocará a ti. No digo que tengas cuidado, que si no haces bien las cosas podría tocarte también a ti. Digo, con la certeza que rodea a las verdades matemáticas, que mañana te tocará a ti. 

Hoy todo es entusiasmo. Describir tu estado anímico me obliga a sacar a colación dos vocablos italianos: spensieratezza, esa inconsciencia propia de la juventud, esa confianza extrema en que todo irá bien derivada de una fe absurda en la necesaria benevolencia del universo, y tracotanza, esa expresión singularmente ostentosa de la arrogancia. Ha llegado tu momento. El odio que durante tantos años has venido abonando parece dar, finalmente, sus frutos. Tus “enemigos” van a pagar, y tú y los tuyos os preparáis para repartiros el botín. 

El júbilo es tal que ni siquiera te planteas detenerte un momento a pensar qué va a pasar después. No ha habido en la historia de la humanidad un solo programa de confiscaciones masivas —una experiencia revolucionaria— al que haya seguido la conformación repentina de un paraíso socialista. No sé a ti, pero a mí observar decenas de veces que el agua a 100 grados centígrados hierve me basta para considerar seriamente la realidad de una ley universal que impone que así sea. Cuando hayáis reducido a la miseria, empujado al exilio o condenado a prisión o a muerte a vuestros “enemigos” tan sólo seréis un poco menos pobres, y por muy poco tiempo. La riqueza no es una masa estática, metafísicamente dada, que espera en las cámaras acorazadas de los ricos a ser redistribuida. La riqueza es una creación dinámica y constante, una expectativa permanente de mejora de las propias condiciones a través de la producción de valor y su intercambio. En otras palabras: la riqueza es estímulo. Destruid el estímulo (con el ejemplo de la flagelación del virtuoso o con la promesa imposible de una renta por no hacer nada) y destruiréis la viabilidad de toda prosperidad. 

Muy pronto, volverás a estar como antes; pronto estarás mucho peor que antes. ¿O crees que puedes escapar al eterno retorno de lo igual? 

«Por lo menos habrán pagado», me dices. Pero yo insisto en preguntarte: y después, ¿qué? En ningún caso podréis reconocer abiertamente que eso es todo a lo que podéis aspirar. El furor de la venganza puede embriagar un rato, pero no hay aspirina contra aquella resaca en la que se os evidenciará que, en realidad, necesitabais a vuestros “enemigos”. 

Sólo sabéis hacer dos cosas: expropiar y enfrentar. Cuando no quede nada que expropiar, os volcaréis en la segunda de vuestras habilidades. Siempre ha sido así: es ilusorio, una vez más, pensar que en esta ocasión vaya a ser distinto. Hasta en vuestra extraordinaria estupidez sois estúpidamente ordinarios. 

Cuando los bolcheviques se afianzaron en el poder y se percataron de que el paraíso no llegaba, tuvieron que crear una nueva clase burguesa para volver a tener algo que saquear y alguien a quien aplastar. El paraíso, por supuesto, seguía sin llegar. ¿Cómo era eso posible? ¡Si todos los medios de producción estaban en manos del Estado! ¡Si todos los explotadores habían sido ajusticiados, y la plusvalía, abolida! Se concluyó entonces que el problema radicaba en que determinados elementos sociales no eran suficientemente estalinistas, comunistas o proletarios. La historia entera de la Unión Soviética consistió en la búsqueda y purga de estos “elementos” que, desde dentro, impedían el advenimiento de la última edad. Hasta la década de 1980 el país estuvo inundado de plakaty (carteles propagandísticos) en los que se alertaba —con palabras, por cierto, expropiadas al poeta marxista Vladimir Mayakovsky, quien se suicidara en circunstancias sin esclarecer cuando la prensa soviética decidió que era demasiado vanguardista—: Будьте бдительны! Между нами орудует классовый враг. «¡Permaneced vigilantes! Entre nosotros actúa, escondido, el enemigo de clase». 

La Revolución cultural china y las purgas periódicas en Cuba y Venezuela son reproducciones de lo ineludible. Sin embargo, la mayor parte de sus víctimas las acogieron, y las siguen acogiendo, con sincera incredulidad: ¡pero si eran comunistas ejemplares! Su único pecado fue no entender que el comunismo no conoce límites en su avidez de sacrificios. Es un dios celoso. Si la caída del régimen no interrumpe la secuencia, ésta sólo puede conducir a la aniquilación absoluta de la población. Sólo entonces no quedarán elementos contrarrevolucionarios que amputar. 

Sí, hoy me toca a mí. Hoy me expropias a mí, me censuras a mí y me destruyes a mí. 

Pero, aunque hoy parezca increíble, mañana te tocará a ti. Yo al menos sé perfectamente por qué, y a manos de quién, perezco; tú, en cambio, no darás crédito. Y, como todos los que te han precedido en este rol, dedicarás tus últimos segundos a intentar convencer al pelotón de fusilamiento —el mismo que hoy integras— de que se están equivocando, de que eres de los suyos, de que esto no te puede estar pasando a ti

3 comentarios sobre “Mañana te tocará a ti

  1. Rojilandia avanza, la “ciudadanía” china se nos puso como ejemplo a seguir, por su disciplina, que más quieren del pueblo español. Ya se persigue al enemigo, y su otro propósito son los estómagos agradecidos, lo peor para un país.

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