Milan Kundera y las manipulaciones históricas

Por: Daniel Calixto Garrido.

Cuenta Milan Kundera en El libro de la risa y el olvido que en febrero del año 1948 el líder del partido comunista de la que entonces era Checoslovaquia, Klement Gottwald, desde un balcón de un palacio estilo barroco de Praga (posiblemente ese edificio ante el cual se amontonan actualmente los turistas para ver aquel viejo reloj que cuando da las horas sale, girando desde la izquierda hacia la derecha, una comparsa de figuras en posición de procesión debidamente acompañada de su música correspondiente), estilo barroco de Praga, decíamos, se dirigía en solemne discurso a los muchos oyentes (miles) que abarrotaban aquel lugar de la Plaza de la Ciudad Vieja (así se llamaba y continúa llamándose el sitio). Fue, dice Kundera, “un momento crucial en la historia de Bohemia. Uno de esos instantes decisivos que ocurren una o dos veces por milenio”.

Gottwald no estaba solo, sino acompañado por unos cuantos camaradas comunistas, entre ellos Clementis, inmediatamente junto a él. Nevaba intensamente y el frío era penetrante, tal y como suele suceder en Praga en los meses de invierno (era febrero, recordemos). Y Gottwald nada tenía puesto en la cabeza, Clementis sí, un típico gorro de piel de los en uso en aquellos lares. Clementis, en un gesto, tal vez premeditado, de compañerismo, camaradería, solidaridad, fraternidad y apoyo, se quitó su gorro de pieles y se lo colocó a Gottwald en su cabeza descubierta. De aquel hecho se hizo una fotografía y el Departamento de Propaganda Comunista difundió millares de ejemplares de la misma con el gorro de Clementis en la cabeza de Klement Gottwald. Desde niños hasta los más mayores, de cualquier profesión o situación social, conocían aquella foto, colocada en escuelas, museos, etcétera. Y comenta Milan Kundera: “En ese balcón comenzó la historia de la Bohemia comunista”.

Pero el destino a veces suele ser justiciero y vengador. Cuatro años después (1952) Clementis fue acusado, condenado por traidor y ahorcado. Y como era de prever, aquella fotografía pasó a ser ilógica, impresentable e insultante, había que retirarla de inmediato de cualquier sitio en donde estuviere. Y así se hizo. El Departamento de Propaganda Comunista, borrando la historia, entró en el laboratorio fotográfico y en el nuevo retrato el espacio ocupado por Clementis quedó en blanco, quedó vacío, y de Clementis solamente quedó su gorro de piel encima de la cabeza de Gottwald.

Quizás con nostalgia y pesadumbre Milan Kundera diga que el Partido Comunista, igual que todos los partidos políticos, lo mismo que todos los países y que el hombre mismo, elevan, o elevamos nuestras voces más allá de lo racional, clamando futuros mejores, pero mentimos, nos engañamos a nosotros mismos. “El futuro (detalla Milan) es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que retocan las fotografías y se reescriben las biografías y la historia”.

Quiero ir más lejos que Milan Kundera, no encerrándome en su concepto exclusivo de futuro. Al hombre, a los políticos y a los partidos a los que cada uno de ellos pertenece, a las naciones, de acá o de acullá, más que el futuro lo que les interesa es el presente, controlar el presente, muchas veces de manera vergonzosa para, así es verdaderamente, controlar el pasado y a su vez el futuro. Y la forma de conseguirlo, ciertamente, es entrando en el laboratorio fotográfico borrando y manipulando el suceso concreto que fue, castrando total o parcialmente la historia.

La memoria histórica (la nuestra, tan manipulada en estos días que corren) es el bisturí que mutila y/o capa lo que fue, es algo más y peor que una explicación incierta y con confusiones, porque es la condena y el asesinato de la historia tal y como sucedió, que unos por desconocimientos e ignorancia, otros por ideología política y otros por maldad, utilizan en beneficio propio y de nadie más.

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