Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?

O lo que es lo mismo: ¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia? Es una frase pronunciada por Cicerón, famosa por ser la oración que abre la Primera Catilinaria. Pienso mucho en ella estos días. ¿Hasta cuándo abusará este gobierno de nuestra conformidad y resignación? En el fondo, tenemos lo que merecemos. Muertos, promesas incumplidas, trabajos que se pierden, ingresos que no llegan, test que no existen y cifras que bailan sin que nadie sea capaz de pararlas. Y mientras tanto, la mitad de los españoles aplaudiendo como focas en sus ventanas y repitiendo como borregos ese soniquete horrible, esa melodía que me exaspera, ese Resistiré.

Robert Capa, uno de los santos de mi santoral, dijo en el sálvese quien pueda del 36 que, en una guerra hay que detestar o amar a alguien. Hay que tomar partido. Yo ya lo tomé hace mucho tiempo, pero ahora lo escribo. ¿Hasta cuándo, Pedro Sánchez, hasta cuándo? Como todos los tontos, éste tiene suerte. Por mucho menos se lió la del dos de mayo. Pero eso, sintiéndolo yo en el alma, es agua pasada de la que nunca volveremos a beber. Hemingway decía que España era el último buen país existente el mundo. Ay. Eso es: era. Yo no alcancé a conocerlo y jamás lo conoceré. Me siento hoy, como Machado, extranjera en los campos de mi tierra. Y triste, sola, cansada, pensativa y vieja. Palabra. 

Ha pasado ya una semana desde mi último editorial. Y van ya cincuenta y dos días de soledad. Una semana de golpe. Mucho que contar y angustiosa escasez de tiempo y espacio. Lo que no escasean son los momentos de desfallecimiento. El bullicio de la actualidad me ataca los nervios, me desquicia, me anuncia, noticia a noticia, la inminencia del fin del mundo. De mi mundo y de todos los mundos. Navego entre cábalas, laberintos de hipótesis, devanamientos de sesera y cientos de miles de codazos entre yo y mi yo. 

Ni siquiera puedo, como Kipling, mantener la cabeza en su sitio cuando todos la pierden, ni confiar en mí cuando los otros desconfían, ni esperar sin cansarme. 

Así las cosas, manos a la cabeza y mucha infusión de tila. Y desahogos como éste, como terapia, como vendetta, como rendición de espíritu. 

3 comentarios sobre “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?

  1. Yo también empiezo a detestar el “resistiré”, es ya cansino. Y la analogía de las focas es magistral. A pesar de que usted tiene el tacto, la cabeza y el alma y el espíritu junto al cuerpo de los grandes hombres. Si nos falla usted, ¿cuánto no fallaremos nosotros?

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  2. Me alivia no ser la única, el resistiré y los aplausos me tienen colmada la paciencia, aplaudir como focas me recuerda a los adeptos al régimen de Chávez y Maduro en mi país. Te bendigo España para que abras los ojos antes de que sea demasiado tarde.

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