¿Solidario o solitario?

Por: Fernando Sánchez Dragó.

Tengo la costumbre, desde hace muchos años, de garabatear en negro de rotulador sobre blanco de baldosín frases salidas de mi pluma o de otras plumas que me parecen ocurrentes y pertinentes para la búsqueda de la felicidad, de la sabiduría y del sentido de la existencia. Luego incorporo esos grafitti o dazibaos a las paredes de mi casa, y así, poco a poco, a fuerza de pasar una y otra vez por delante de ellos, los voy transformando en mandamientos casi perennes de las tablas de mi ley. De ese modo surgió, poco a poco, mi libro El sendero de la mano izquierda, que salió en 2002. Era, y es, un código de conducta consistente en ciento ochenta y un consejos acompañados por textos que los aclaraban. 

Uno de esos imperativos categóricos sostiene exactamente lo mismo que hoy dice el título de este articulillo: ¿Solidario? No. Solitario. Se me ocurrió esa frase, que sigo suscribiendo, cuando el país se desperezaba tras el letargo franquista y muchos nos las prometíamos muy felices. Nadie sospechaba entonces que a la vuelta de unos años la solidaridad dejaría de ser una virtud de escasa envergadura y modesto alcance para convertirse en lo que es ahora: un nuevo discurso ideológico, un señuelo más o menos opiáceo para los jóvenes, un pasatiempo para los viejos y un negocio amparado por el sistema. 

Y yo, como de costumbre, voy a disentir. A ello me obliga ―es un placer― mi vocación de caballo de Troya. Decía Antonio Machado: Hora es de recordar / las palabras viejas / que han de volver a sonar. No es la primera vez que cito ese apotegma.

Tengo, qué le voy a hacer, alergia al grupo. En mi despacho, pintarrajeada sobre uno de esos azulejos a los que antes hice referencia, campea una frase de Gil-Albert: Solo, como don Quijote, pero no aislado como Robinson. Amén. Cuando quiero ayudar a mis semejantes lo hago personalmente, individualmente y de poder a poder. De sobra sé que no debería decir en público lo que he dicho, pero mentiría por omisión si no lo hiciese. Y eso ‒mentir‒ nunca. Si ni siquiera en la infancia lo hice, menos aún voy a hacerlo ahora. 

La solidaridad no se organiza, y si lo hace se desvirtúa y deja de ser solidaridad para convertirse en algo muy distinto. ¿Política? Lo estamos viendo. La solidaridad, como casi todo, debe crecer libre, espontánea y anárquicamente. Así las flores, así la luz del día, así el amor. Palabras viejas, sí. Trata al prójimo como a ti mismo. Eso es todo. 

One thought on “¿Solidario o solitario?

  1. Todo es un negocio en el fondo. Una gran comedia. Y bufa. Personalmente, no doy nada de nada. La caridad bien entendida, empieza por uno mismo. Hay que cuidar el jardín propio.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: