A media asta

Cuando en la línea del ecuador del mes de marzo me propuso el director de este semanario fundar lo que hoy leen, jamás pensé que cruzaríamos la frontera del segundo número. Era una idea peregrina. Y sin embargo, separados uno del otro y burlando las deficiencias tecnológicas de las que él adolece, aquí nos tienen. El suma y sigue se mantiene para estrenar hoy la séptima entrega de La Retaguardia. Creo que es la única cosa buena que me ha traído este encierro cuasi dictatorial en el que aún -digan que lo digan algunos- nos hallamos. Casi sesenta días de reclusión y apartamiento, de resaca de muertes y contagios, de ronquera al no hablar con casi nadie, de voz pastosa y sueño atrasado.

Todos los días, a la hora del desayuno, llego a la conclusión de que España no tiene porvenir. Enciendo la radio y espero, como si fuesen a cantar el número de un cupón de la ONCE, la cifra diaria. A esa misma hora, una vecina pone una música machacona a todo volumen y saca la delantera por la ventana. La cosa parece no ir con ella. Pienso que España es inigualable en horteradas. Trago saliva, ahuyento la angustia y me resigno. Los borregos siguen en el poder. El Gobierno negligente se mantiene y a mi cabeza llega esa coplilla infantil que dice: “Ahora que vamos despacio / vamos a contar mentiras / tralará…”. 

Me pregunto cómo es posible que un gobierno se atreva a reclamar unidad cuando, llevando a sus espaldas miles de muertos, atacan sistemáticamente a otros partidos y tratan de destruir la unidad institucional en el peor momento posible. ¿Cómo puede ser que un vicepresidente con sórdida avaricia de poder, costra y pelotillas en el jersey se plante en el Congreso para llamar inmundicia a otro partido político? Claro está que vuelve loco el poder a quien lo ocupa y ejerce. Decía Proust que lo verdaderamente unitivo entre las personas no es la identidad de pensamiento, sino la consanguinidad de espíritu. A Pablo Iglesias y a Pedro Sánchez les ocurre lo mismo que a mi vecina: la cosa no va con ellos. 

Estoy, mientras escribo este texto, al borde del abismo y a punto de dar un paso al frente. Otros tantos estarán como yo, imagino. Mientras la Villa y Corte se desencuaderna por todas sus costuras, pienso en pisar la calle y pasarme al bando de la desobediencia civil. No soporto que un ministro me dicte, tarde, mal y nunca, órdenes para salir de mi casa. El patio del colegio y las horas de recreo terminaron hace mucho. 

Tengo unas ganas insoportables de romper todas las pantallas que me unen con el mundo exterior, que me permiten sacar, semana tras semana, un nuevo número de La Retaguardia. Tengo ganas de tocar, de salir, de sentir cerca a mis amigos, de ver al director de este periódico y comprobar que la distancia no es el olvido.  Tengo ganas de ver, como dijo Víctor Hugo, cómo arde la llama en ojos del joven que no ha dejado de ser y cómo brilla la luz en los del viejo que nunca será. Tengo ganas de sentir su mano en la mía y de alcanzar las más altas, anchas y hondas explosiones líricas. No sé cuándo sucederá todo eso ni en qué puñetero día del calendario podré dejar de sentir mis pies y mis brazos trabados para salir de un mundo tan frívolo, tan miope y tan necio como, a mi juicio, lo es el de nuestros días.

El director de este semanario dice que la política no casa bien con la condición femenina. Es cierto. Al menos en mi caso. A mí me aburre. Me aburren los políticos, sus candidaturas y sus programas. Pero hoy he deslizado aquí algunas consideraciones. Escribo este editorial a media asta en el día en que la cifra de muertos en España roza los veinticinco mil. Lo que tenemos delante se llama Muerte. Así, con mayúscula. Eso no será óbice para que a las ocho vuelva la prosopopeya y la vanidad a los balcones. Quizá, también, para rematar la tarde tengamos alguna comparecencia. ¿Quién dará hoy una rueda de prensa? ¿Judas, Atila, Nerón? Si eso fuera así, recordad lo que dijo Buda: no creáis en algo porque muchos lo repitan. 

Cierro por escepticismo y pesimismo, pero, al menos, no por defunción. 

3 comentarios sobre “A media asta

    1. No deseo comentar nada. Quiero felicitarlos por LA RETAGUARDIA, desde Tacna, una ciudad ubicada al sur del Perú y decirles que los males de España son similares a los de mi patria. La diferencia es que España es un país del primer mundo. Mas ambos somos países “de desconcertadas gentes”

      FREDY GAMBETTA
      DNI 00415293

      PD. Un abrazo al grande Fernando Sánchez Dragó.

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