¡Es la literatura, estúpidos!

Por: Fernando Sánchez Dragó.

Almodóvar: «Todo lo que no es autobiografía, es plagio.» P.D. James: «La memoria reinventa, redescubre y organiza. Toda autobiografía es una obra de ficción y toda obra de ficción es una autobiografía.» Butler: «Todo autorretrato es siempre el retrato de un desconocido.» Heine: «Nadie puede decir la verdad sobre sí mismo.» Acton: «La mayoría de las novelas son confidencias disfrazadas y la mayor parte de lasconfesiones, folletines encubiertos.» Gide, citado por Matamoro (Novela familiar. El universo privado del escritor): «El artista debe contar su vida no como la ha vivido, sino vivirla tal como la contará.» Todas esas frases, y algunas más, figuran al frente de mi primer libro de memorias, titulado Esos días azules. Memorias de un niño raro. Y el propio Matamoro, en la obra citada, comenta: «La actividad del escritor establece una serie de identidades imaginarias que se vuelven inventadas en la patencia de la escritura. El escritor no sólo inventa su obra, sino que también inventa su vida, al hacer narrable algo en sí mismo inenarrable.» A partir de tal premisa, el autor dibuja un documentadísimo retablo de los vicios ocultos (o no), las depravaciones inconfesables (o confesadas) y las formidables transgresiones que una y otra vez han sido moneda corriente en las vidas (no siempre en su obra) de casi todos mis colegas.

Termino de leer, jadeando, el libro de Matamoro y llego a la inesperada conclusión de que en tan infame turba y perduta gente casi soy yo, por más que presuma de lo contrario o que otros me lo atribuyan, el único panoli que se chupa el dedo. Todas mis novelas, menos la primera, escrita a los veintitrés años para conquistar a una chica de diecinueve, y las dos últimas, cuyos protagonistas son, respectivamente, mi padre y mi gato, cuentan las andanzas de Dioni, personaje de ambigua ficción que nació, literariamente, el mismo día en que yo lo hice y con el que contraje íntima amistad, hasta el punto de convertirse en mi álter ego, la mañana de 1953 en que ambos coincidimos en la secretaría de la Facultad de Letras para matricularnos en ella. ¿Quién habla —Dragó o Dioni— y de quién se habla en mis libros, todos (incluso el Gárgoris) autobiográficos? Mishima, «tipo sumamente extravagante de cara al exterior (…) para después cumplir a la perfección con sus deberes de padre de familia» (Jesús J. Sebastián en la revista El Manifiesto), escribió Confesiones de una máscara. ¡Es la literatura, estúpidos! ¡Aprendan a leer, ya que escribir no saben!

2 comentarios sobre “¡Es la literatura, estúpidos!

  1. Lectora empedernida como soy, nunca leí un libro suyo… hasta que empecé a hacerlo. Sigo sin estar de acuerdo con muchas de sus ideas pero me siento indefectiblemente atraída por su incorrección política… La coherencia entre su pensamiento y lo que dice. También me ha sorprendido (o no) el que detrás de esa fachada de ultra radical de “lo antiguo” (sí, ya sé a estas alturas que usted preferiría haber nacido muchos siglos atrás, preferentemente en un país de oriente) se halle una persona sensible y sentida (lo he visto -y sentido- a pocos metros de mi asiento llorar como una magdalena por la muerte de uno de sus mininos… o por recordar a personas que no estaban ya en su vida…).

    El camino del corazón es un gran libro (me imagino muy incomprendido en la época de España en que se publicó),
    ahora directamente ya no sería leído pues rebasa con mucho los 128 caracteres a la que puede aspirar -máximo- la limitada capacidad de lectura actual. También es una gran obra (me encantó) El sendero de la mano izquierda… y sigo leyendo su obra (o las que recomienda, de otros autores, cosa que apunto -y leo- con ganas).

    Gracias (por los escritos, las charlas… y por ocupar ese puesto de francotirador veterano -labor más importante que nunca- aun en la retaguardia).

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  2. Seria finales del 85, vivia (es un decir) angustiado en un pueblo-ciudad del Pais Vasco llamado Beasain, me pasaba las noches en vela agobiado por los problemas de una Obra Pública a la que mi Empresa me habia enviado como Jefe responsable. Leia de vez en cuando un periódico que apenas llegaba por aquellos pagos del Goierri, se llamaba El Ya, buscaba con avidez el artículo de un viejo zorro del periodismo de los que han sido cocinero antes que fraile, se llamaba D.Emilio Romero (imposible apear el don), decian por entonces queera el comentarista político mejor pagado del momento, 24.000 pts por artículo, yo le habia leido algún libro y me habia sorprendido en especial su faceta de poeta cosa que debia mantener en secreto casi. Cierto dia su artículo en exclusiva hablaba de un gran libro recien salido llamado “GARGORIS Y HABIDIS” una historia mágica de España. todo eran elogios y buen hacer respecto a la Obra de un, hasta entonces desconocido escritor para mi, Fernando Sanchez Dragó, Aquella culta y apócrifa lectura llenó mis noches de imsonio en el sombrio Beasain. Desde entonces una docena larga de libros de Fernando ocupan mi modesta biblioteca, todos leidos (incluso el del harakiri donde no sabia distinguir si era Dionisio o Oisinoid quien suicidaba el alter-ego). Gargoris y Habidis está en mi mente como las repetitivas lecturas del Quijote (hasta que consegui concluir una de ellas) como los libros de Aleksandr Solzhenitsyn ó como “El Puente de Alcantara” del hispanista Frank Baer. La Historia mágica de España junto con pocos libros más, pasó a ser mi santo y seña, mi guia de pensamiento y afición literaria. Programas de televisión aquel magazin informativo de las 24h donde se estrenaba Ana Samboal, todo cuanto hacia Sanchez Dragó era de mi maximo interes. Hace unos 10 ó 12 años tuve la gran suerte de conocerlo personalmente en Tanger, se trataba de unas conferencias sobre el “Diario España de Tanger” en su época. fué entonces cuando tuve la oportunidad de hablar largamente con él. Igual por alguna de sus chaquetas conserva una tarjeta de visita. Pero eso es otra historia.

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