Fernando Sánchez Dragó: “Echo de menos hacer el amor”

Fernando Sánchez Dragó se ha quedado sin empleo a los 83 años. El escritor ha sido despedido de El Mundo, pero en tan sólo unas horas, y en pleno confinamiento, ha encontrado trabajo en El Español, ha puesto en marcha el semanario online La Retaguardia y se ha tragado sus improperios pretéritos contra las redes sociales para zambullirse en Twitter. El autor de ‘Gárgoris y Habidis’ también ha sacado tiempo para atender durante unos minutos a MERCA2.es.

A los cinco años fundó y dirigió un periódico que contaba con un sólo ejemplar, La nueva España, y a los 83 pone en marcha el semanario digital La Retaguardia. ¿En qué se parecen ambos proyectos?

Son paralelos, convergentes y consanguíneos. En la vejez se vuelve a la niñez. Lo único que nunca cambia a lo largo de la vida es el carácter. Emprendo esta nueva aventura con la misma ilusión y el mismo empuje con el que emprendí la otra.

¿Qué objetivos tiene con La Retaguardia?

Son obvios. Ya quedaron explicados en su primer editorial, titulado ‘Razón de ser’, pero se los resumo: servir con independencia y valentía a la verdad, rescatar el periodismo a la antigua usanza (sin escuchar los cantos de sirena de la tecnología) y servir todo eso en un envase de cultura y pulcritud literaria.

Entiendo que rentabilizar un medio digital es complejo y que su primera preocupación, a estas alturas de la película, no es el dinero. Pero, poniéndonos cursis, ¿tiene un plan de negocio?

Nunca hago planes y no sé nada de negocios. Vivo en el ‘hic et nunc’ (aquí y ahora) y hago camino al andar. En La Retaguardia, de momento, no cobra nadie. Tampoco yo. Cierto es que mis ingresos económicos han caído en picado y que esto pueda sacarme de apuros algún día.

Pero, hoy por hoy, no me lo planteo. Sigo el consejo del ‘Bhagavad-gītā’: “haz las cosas por sí mismas, no por sus frutos”. Me gusta ganar dinero, pero nunca he hecho nada pensando en eso. Si llega, mejor. Pero no es necesario.

La Retaguardia homenajea a la Agencia Febus que dirigió su padre, Fernando Sánchez Monreal, al que recordó en el libro ‘Muertes paralelas’. Imagino que la combinación de periodismo y emprendimiento de estos días le hace tener a su padre muy presente…

Desde luego que es una presencia constante en mi vida y haciendo lo que hago, que es lo que él habría hecho si no lo hubiesen asesinado en agraz, pago una deuda de honor. Tres generaciones de un mismo linaje periodístico convergen en mí: mi hija Ayanta (Barili), que es la cuarta, prosigue la tarea.

Mucho se ha escrito sobre su despido en El Mundo. ¿Se cree lo de los “motivos presupuestarios”?

En parte, sí. Porque otros compañeros también han pagado el pato y más que vendrán. Pero huele un poco a chamusquina que yo, autor de una de las columnas más leídas, haya sido uno de los primeros en caer mientras sobreviven otros a los que leen muy poca gente. Mi pluma siempre resulta incómoda, pero no quiero atizar polémicas ni incurrir en conspiraciones. Me tomo la vida como llega. ‘Nada importa nada’: ése es mi lema. Sonrío y sigo.

Pedro J. Ramírez le ha abierto las puertas de El Español, al igual que se las abrió en Diario 16 para poner en marcha el suplemento Disidencias. ¿Cómo se ha orquestado su fichaje?

De un modo muy sencillo. Ya habíamos andado en tratos cuando apareció El Español, pero los dejamos de común acuerdo. En lista de espera, al ser expulsado de El Mundo, le puse dos líneas pidiéndole asilo y me lo concedió. Hemos trabajado durante décadas codo a codo. Dos cabalgan juntos, eso es todo.

Entiendo que para una persona como usted, que vive en la ‘capital de la España vacía’ (el pueblo soriano Castilfrío de la Sierra, 29 personas censadas en 2019), no le será tan dificultoso el confinamiento…

Yo ya vivía casi igual a como vivo ahora. Casi no salía de casa. No hago vida social. Paso doce horas al día escribiendo y leyendo. Una vez a la semana, como mucho, cenaba fuera. Ya volveré a hacerlo. Lo único que echo de menos es salir con mi hijo de siete año y hacer el amor. También volveré a hacer las dos cosas, seguro. Y si no las hago, será porque ‘la dama del alba’ se me ha llevado. También eso, algún día, sucederá.

Su último proyecto televisivo fue ‘Libros con uasabi’, que se vio en La 2. ¿Cree que el proyecto tiene posibilidades de regresar con el actual Gobierno?

Con este Gobierno seguro que no. Con el que venga después, que no tardará en llegar, puede que sí, Pero nunca me planteo problemas hasta que los problemas se plantean.

Usted ha vivido en Japón, Senegal, Marruecos, Estados Unidos, Jordania o Kenia y seguramente tenga la mirada más amplia que el españolito medio. ¿Cómo está viendo a los dirigentes políticos ante la crisis del Covid-19?

Asombrado y espantado. Descreo de la política y tengo muy mala opinión de los políticos. Antes y ahora, con algunas contadas excepciones, claro… Política viene de polis y yo soy hombre de campo.

Perdóneme la impertinencia final: ¿cómo se pasa de una cárcel franquista por protestar contra un Régimen dictatorial a apoyar de una forma más o menos explícita a un partido como Vox?

Vale para esa aparente antinomia lo mismo que le dije acerca del paralelismo entre mi primer periódico y éste de ahora. Lo que me condujo en su día a luchar contra Franco es lo que ahora me ha movido a apoyar a Vox, mejor dicho, a Santi Abascal. Es cuestión de carácter: me atrae la épica. Nunca me he metido en política, aunque pueda parecer lo contrario. Pero siempre me ha gustado guerrear. De todos modos, amigo, no se equivoque: yo no soy de Vox ni de nadie. Ni ley (sólo la de conciencia), ni rey, ni Dios, ni partido, ni patria, ni bandera. Me basta con mis zapatos.

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