Los informativos de la modernidad

Por: José R. Palomar.

Hace semanas vengo dándole vueltas a los informativos de las distintas cadenas de televisión. Especialmente los que comienzan a las nueve de la noche, sin descuidar los de las tres de la tarde. Demos por descartada la independencia de las cadenas. TVE está al servicio del gobierno como instrumento de propaganda (eso nada tiene que ver con que haya excelentes profesionales trabajando en ella). La Sexta es una “versión progre” de lo que sucede con la pública, y sus obispos de la pluralidad comandados por Antonio García Ferreras. Y ese “ejército” ―ahora que se nos dirige con terminología bélica― de tertulianos: Maraña, Escolar, Sardá, Angélica, todos bajo el mismo sesgo ideológico, y, cómo no, los programas de Ana Pastor y Jordi Évole (los más progres entre los progres). Otras televisiones aparentemente son más plurales, pero tienen el condicionante de las subvenciones que han recibido: 15 millones de euros. 

A partir de aquí, en este artículo voy a omitir nombres propios para detenerme en el contenido (más allá de la independencia informativa) de esos informativos o telediarios. Primero se nos ofrecen datos, más o menos contrastados o maquillados. Las declaraciones de los políticos poniendo más énfasis en los del partido en el gobierno o las de la oposición. Y por lo que respecta a la pandemia, que polariza todos los informativos, opiniones de expertos y profesionales sanitarios, entre estas últimas algunas de gran interés. 

Cuando rebasan el minutos 15, y sobre todo el 30, ya es el desparrame audiovisual. Se centran en la obviedad y resaltan la insignificancia. Muestran sucesos cuanto más cutres mejor, con imágenes de gente que se salta el confinamiento, el gracioso de turno que arma el show en la calzada y la última ocurrencia en un balcón cualquiera. No sabes si ponen el foco para advertirnos que “eso no se hace” o pudiera ser ―al contrario― que nos inviten a la imitación… Siempre con ese tono exasperante y monocorde de los locutores, aunque normalmente son locutoras, todos/as idénticas a la hora de hablarnos como si fuéramos niños o personas que todavía no hemos madurado. Un tono borreguil, de homilía, que les viene muy bien a los políticos para que la gente piense lo menos posible…

En los finales de los informativos no puede faltar el personaje famoso que debe tener ese instante de ingenio, aparentemente improvisado, que nos cuenta “cómo es el día a día de su confinamiento”. Cada uno “barre para casa” porque acaba hablando de su trabajo, película, serie o libro. Nunca nos muestran el día a día de alguien que viva en 40 metros cuadrados. En los informativos prima la anécdota banal y el suceso. Los aplausos a gente recién salida de las UCI me parecen un asalto a la intimidad, y pongo en duda si los filmados han sido advertidos previamente de que serán expuestos a los ojos de millones de personas. Yo nunca lo aceptaría. Por supuesto que no nos ahorran esas palabras de Iglesias hablándole a los niños y los sermones de Sánchez, que a veces inundan el terreno de los telediarios sin que ningún jefe ponga el grito en el cielo. Pero, por si acaso, vuelven a repetir esas peroratas. 

Si pones una cadena a determinada hora, el resto es muy posible que estén hablándote de lo mismo, el exacto suceso en idéntico instante, entre la hilaridad y el esperpento. De cómo tenemos que lavarnos las manos y cómo se deben utilizar los detergentes. ¿Dónde está el periodismo, la investigación, la credibilidad? Por cierto, la canción “Resistiré” va a acabar resultando odiosa, aunque el término no me gusta, por la repetición a todas horas (con mi cariño y respeto a Manolo de la Calva y Ramón Arcusa). El domingo 26 de abril todas las cadenas dedicaron medio informativo a la esperada salida de los niños. Me alegra que puedan ya salir a la calle, pero ¿añade algo ponerle el micrófono a cada niño para preguntarle que sienten? Habrá que ver si se entrevista a los mayores de setenta años cuando puedan pisar por fin la calle. Y no descarto que pongan el micro a los perros, por haber sido artífices de que sus privilegiados dueños hayan salido más que nadie a pasear. Algún ingenio técnico lo permitirá.

El espectador de televisión debe estar ante todo entretenido, aceptando por bueno todo lo que le dicen con tono infantil y pseudopedagógico. Da la sensación de que los dueños de las cadenas, que son los responsables de lo que hacen los directores-presentadores de los informativos, delegan en éstos para que se traslade esa corriente de inanidad, desinformación y recursos a los instintos primarios. Una sociedad que no piensa es más manejable. Se está consiguiendo la uniformidad en casi todos los informativos, alguno con un cierto amago de crítica prudente, pero sin pasarse. Para que no recorten las subvenciones.

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