Agravios

Por: Juan Antonio Sáenz

Es sabido que el agravio es el hábito intelectual de quien carece de argumentos, bien para rebatir la tesis de otros bien para defender la propia. El hecho es que siempre ha formado parte de la tradición socialista: “Marx y Engels jamás trataron de refutar a sus adversarios con argumentos; los denigraron, insultaron, vilipendiaron, calumniaron” (El socialismo, Mises). 

El agravio es recurrente en quien se conduce movido por el miedo. En este caso, el autor del mismo busca desacreditar a quien es testigo de sus debilidades. También es frecuente que el agravio halle su raíz en el mal del alma o mala fe. Aquí, su fin es hacer mal al prójimo con el peor de los daños morales y sociales posibles: la infamia, el infundio. Se trata de personas dolidas con la vida; de ahí, su inclinación a dañar, hacer el mayor daño posible a personas de valía moral e intelectual reconocida. Sabedores de que el peor daño moral y social que se puede infligir es ensombrecer la honorabilidad del prójimo con infundios, la persona con mal del alma no tiene escrúpulos morales para recurrir a falsos testimonios y medias verdades.

El hecho es que VOX es objeto de agravios no sólo en la calle y en los medios de comunicación, sino también en el congreso, como tiene lugar en los debates parlamentarios. La izquierda no cesa de calificarla de “extrema derecha” y “derechona”. Estos agravios de “extrema derecha y fascista”, si bien son infundadas ―hay que admitirlo― cuando menos ofenden. Cierto que se trata de un recurso propagandístico. Sin embargo, lo paradójico es que sea el vocablo “fascista” al que recurra la izquierda para agraviar a VOX. Es paradójico, porque el ideario de la derecha ―antitético por principio al fascista― es conservador y liberal: el individualismo o libertad individual, la propiedad privada, la iniciativa privada y el libre mercado, son los principios sobre los que se sustenta el ideario de los grupos parlamentarios de derecha. El que sean aquellos principios los fundamentos de este ideario es la razón que hace que la derecha se halle situada en los antípodas del totalitarismo. 

Lo irrefutable, en este orden de cosas, es que, para ser fascista, es condición necesaria ser socialista. 

Efectivamente, el fascismo ―rama del socialismo― es, por vocación, anticapitalista y antiliberal. Al respecto, la propuesta de José Antonio Primo de Rivera es prueba de ello. El político español había llegado a proponer a los españoles la desarticulación del capitalismo y poner fin a la propiedad privada, argumentando lo siguiente: “de la agonía del capitalismo no se sale sino por […] una urgente desarticulación del propio capitalismo, tanto rural como financiero e industrial”. Para la “desarticulación” de cada uno de estos órdenes del sistema económico, indicaba lo siguiente: “la desarticulación del capitalismo rural es simplemente éste: declarar cancelada la obligación de pagar la renta. Esto ―aclara― podría ser tremendamente revolucionario… Al capitalismo financiero se le puede desmontar sustituyéndolo por la nacionalización del servicio de crédito… en vez de ser negocio de unos cuantos privilegiados”. En lo que afecta a la “desarticulación del capitalismo industrial”, el autor lo vincula a la “desarticulación del capitalismo financiero” (Obras completas, 17 nov. 1935).

Como se puede comprobar, la fuente doctrinal, en la que se inspira esta declaración, es “la doctrina de la explotación”. Es bien claro que ni Lerroux, ni Maura, ni Gil Robles, ni Calvo Sotelo, ni Aznar, ni D. Santiago Abascal suscribirían esta declaración; en cambio, sí lo compartían Marx, Largo Caballero y, hoy, Pablo Iglesias.

Hay otro dato más que el político español aporta, y donde vincula el socialismo y el fascismo. El 25 de abril de 1934, José Antonio Primo de Rivera hace la siguiente declaración: “Yo no soy de derechas, como la gente cree, en absoluto. Tanto es así que, puesto a escoger entre la obra reaccionaria y la obra revolucionaria actuales en España, prefiero, sin ningún asomo de duda a los sindicalistas” (“Últimos hallazgos”, 25 abr. 1934)

Esta declaración es igualmente de un marcado carácter izquierdista y, por ello, impensable en Leroux, Maura, Gil Robles, Calvo Sotelo, Aznar y Santiago Abascal. 

Ricardo de la Cierva, respecto a la orientación política de José Antonio Primo de Rivera, refiere lo siguiente: “de profundo sentido social, pretendía la nacionalización de la izquierda y declaró que pediría el ingreso en el PSOE si este partido se configurara como nacional y no como internacionalista”.

Un dato más de esta asociación fascismo-socialismo lo ofrece también José Antonio Primo de Rivera. Al respecto el historiador Ricardo de la Cierva escribe: “su genuino propósito de nacionalizar a la izquierda, le lleva a entablar contactos con los anarcosindicalistas” (La Segunda República, pág. 97, R.C.)

Mas, hay otros datos que vinculan al fascismo con la “doctrina de la explotación” de Rodbertus y del socialismo marxiano. Así, en uno de los himnos de Falange se puede leer: “Viva, viva la revolución, / Fuera, fuera el capital”.

Más datos de esta vinculación ideológica los ofrece José Luis Arreses, quien se dirige al Consejo de Ministros del Movimiento en los siguientes términos:

“La fórmula que inventa el capitalismo es bien sencilla: tú pones un trabajo; yo te doy un jornal; y, en paz. Con esta sencilla fórmula, que no es otra que la terrible injusticia de la compra-venta del trabajo, el capitalismo intenta justificar su acción de que el capital es el único que produce, y que el obrero no es más que un elemento secundario de la producción, que vende su trabajo, como otros venden sus materias primas y los útiles de labor. Y cree el capitalismo que lo mismo que el vendedor de esas máquinas y esos útiles, una vez recibido su precio, no se queda con derecho alguno de aquello que se produzca, así el obrero, vendedor de su trabajo, una vez recibido su salario, no se puede reservar ningún derecho a lo producido por él, y debe quedar al margen de todo beneficio producido. Como veis, fue el capitalismo el que creó el problema social, al creer que la producción es sólo un problema financiero y que los problemas financieros no tienen que ver con los problemas humanos. Y es este tremendo error materialista fue el que nos trajo esos dos males, que jamás podremos esquivar si no renunciamos a interpretar la economía con mentalidad capitalista” (1956).

Esta declaración tiene lugar en 1956. Como se puede comprobar es una síntesis clara y fiel de la doctrina de la plusvalía y de la teoría del valor de Marx. 

Sin salir de España. Hay un documento histórico cuyo contenido suscribiría cualquier dirigente de partido revolucionario o sindical de izquierda, como es el “Fuero del Trabajo, BOE, 1938”. Éste reza: 

1-. El espíritu de “justicia social y alto sentido humano debe informa nuestra legislación, así como Sindicalista en cuanto representa una reacción contra el capitalismo liberal. Ello, con vocación de acudir al plano de lo social con la voluntad de poner riqueza al servicio del pueblo” (Decreto: Fuero Del Trabajo. Dado en Burgos a nueve de marzo de mil novecientos treinta y ocho. II Año Triunfal. Francisco Franco).

2-. “Por ser esencialmente personal y humano, el trabajo no puede reducirse a un concepto material de mercancía” (Artículo I.2. Fuero del Trabajo, 1938). 

3-. “El trabajo constituye… título suficiente para exigir la asistencia y tutela del Estado” (Artículo I.6. Fuero del Trabajo, 1938).

4-. “Todos los españoles tienen derecho al trabajo. La satisfacción de este derecho es misión primordial del Estado” (Artículo I.8. Fuero del Trabajo, 1938).

5-. “El Estado se compromete a ejercer una acción constante y eficaz en defensa del trabajador, su vida y su trabajo. Limitará la duración de la jornada y otorgará garantías de orden defensivo y humanitario” (Artículo II.1. Fuero del Trabajo, 1938).

6-. “Todo trabajador tendrá derecho a unas vacaciones anuales retribuidas” (Artículo II.5. Fuero del Trabajo, 1938).

7-. “La retribución del trabajo será, como mínimo, suficiente para proporcionar al trabajador y su familia una vida digna” (Artículo III.1. Fuero del Trabajo, 1938).

8-. “Gradual e inflexiblemente se elevará el nivel de vida de los trabajadores” (Artículo III.3. Fuero del Trabajo, 1938).

9-. “A través del Sindicato, el Estado cuidará de conocer si las condiciones económicas y de todo orden en que se realiza el trabajo son las que en justicia corresponden al trabajador” (Artículo III.5. Fuero del Trabajo, 1938).

10-. “El Estado velará por la seguridad y continuidad en el trabajo” (Artículo III.6. Fuero del Trabajo, 1938).

11-. “Al empresario agrícola se le exigirá para los trabajadores jornales que les permitan mejorar sus condiciones de vida” (Artículo V.4 Fuero del Trabajo, 1938).

12-. “El estado asegurará a los arrendatarios la estabilidad en el cultivo de la tierra por medio de contratos a largo plazo, que les garanticen contra el desahucio y les aseguren la amortización de las mejoras que hubieren realizado en el predio. Es aspiración del Estado arbitrar los medios conducentes para que la tierra pase a ser de quienes directamente la explotan” (Artículo V.1. Fuero del Trabajo, 1938).

13-. “El beneficio de la Empresa se aplicará al mejoramiento de las condiciones de trabajo y vida de los trabajadores” (Artículo VIII.4. Fuero del Trabajo, 1938).

14-. “La previsión proporcionará al trabajador la seguridad de su amparo en el infortunio” (Artículo X.1. Fuero del Trabajo, 1938).

15-. “Se incrementarán los seguros sociales de: vejez, invalidez, maternidad, accidentes del trabajo, enfermedades profesionales y paro forzoso, tendiéndose a la implantación de un seguro total. De modo primordial se atenderá a dotar a los trabajadores ancianos de un retiro suficiente” (Artículo X.2. Fuero del Trabajo, 1938).

16-. “Todas las formas de propiedad quedan subordinadas al interés supremo de la Nación, cuyo interés es el Estado” (Artículo XII.1. Fuero del Trabajo, 1938). 

En el ámbito europeo, esta vinculación se deja ver de manera clara en el himno del Partido Nacional Socialista Alemán del Trabajo, de Adolf Hitler, himno copiado del KPD (partido comunista alemán), donde se lee: “Arriba, gente de Hitler, / cerrad filas. / Somos los verdaderos socialistas, / No queremos con nosotros reaccionarios. / Somos trabajadores buenos y sinceros. / Queremos una patria libre. / Adelante, hermanos, a las barricadas. / Nuestra columna de la libertad brota de oficinas y fábricas. / Hermanos de minas y pozos, / hermanos que empujáis el arado. / Seguid el camino de nuestra bandera. / Desde los talleres y fábricas. / Los granujas y estafadores de la bolsa tienen la patria esclavizada” (El tercer Reich, Michael Burleigh).

En lo que atañe al calificativo “derechona”, asociada a “extrema-derecha-fascismo”, para definir a la derecha política y social es de todo indocumentada, gratuita e ideológica. Al respecto, Stanley G. Payne aclara qué se ha de entender por “extrema-derecha” en los siguientes términos: “La derecha radical estaba, al principio, compuesta por unas minorías monárquicas apenas relevantes… que rechazaban los principios de la monarquía parlamentaria a favor de la instauración de un régimen monárquico corporativista, autoritario… de corte neotradicionalista” (Salvo que, hoy, aún exista algún reducto del Carlismo, en España, en rigor histórico y sociológico, no existe la extrema derecha).

En el libro El socialismo, de Ludwig Von Mises, se encuentran las razones que hacen al socialismo moderado o socialdemocracia el umbral del socialismo alemán de Hitler, socialismos que, inevitablemente, evoluciona al modelo del socialismo ruso o burocrático. En este escrito de Mises se lee los argumentos que vinculan ambas corrientes ideológicas, socialismo y fascismo y su evolución al fasciocomunismo:

Comienza Mises señalando la condición del socialismo moderado o socialdemocracia como el umbral del socialismo hitleriano. Al respecto argumenta que la vertiente socialista llamada moderada o socialdemócrata, como la vertiente radical o comunista, sólo difiere en ser “modelos distintos para la realización del socialismo… No existe una tercera solución o vía mixta, como tampoco existe un tercer sistema social viable. La única alternativa es economía de mercado o socialismo”. Mises abunda en ello, afirmando que los hechos históricos nos han dejado la clara constatación de que “el fascismo y el nazismo fueron dictaduras socialistas”. 

¿Cómo se llega desde el modelo socialdemócrata o socialismo moderado al fasciocomunismo? Al respecto Mises argumenta que, por su parte, el modelo socialdemócrata, en un primer momento, mantiene la existencia de una economía de mercado. Sus representantes declaran que les mueve la justicia social y una más equitativa distribución de la renta. A tal fin y una vez llegados al gobierno, “pretenden influir sobre el mercado por medio de su poder coercitivo, pero no quieren eliminarlo por completo… Quieren conseguir su objetivo inyectando en el funcionamiento del mercado órdenes y prohibiciones… Los socialdemócratas proponen que el Estado de derecho (Rechsstaat) sea sustituido por el Estado del bienestar (Wohlfarstaat). En este Estado-beneficencia el gobierno paternalista quedaría en libertad para llevar a cabo todo lo que considere benéfico a la comunidad… Los partidarios del intervencionismo socialdemócrata al recomendar este sistema no hacen sino fomentar tendencias dictatoriales y antidemocráticas y procurar el establecimiento del socialismo totalitario”.

Así, el modelo intervencionista socialdemócrata, para que cada una de las medidas aplicadas a un sector de la economía pueda cumplirse, tiene la necesidad de intervenir en otras áreas de la actividad económica. Finalmente, la consecución de sus objetivos acaba por llevarles a la total intervención de la economía de mercado. Consiguientemente, el modelo del socialismo moderado o socialdemócrata conduce al umbral del modelo socialista alemán o nazi, para acabar, finalmente, “por reemplazar ―escribe Mises― la economía de mercado libre por un sistema de economía dirigida, esto es, por el socialismo ruso”.

¿Por qué, entonces, se insiste en desprestigiar y denigrar a los fascistas, cuando abrazan el mismo credo que sus hermanos de fe, los socialistas? Mises responde que es la propaganda comunista la que “estigmatiza a todos los partidos ―entiéndase, socialistas―, que no se someten incondicionalmente a los dictados de Moscú ―incluso a los socialdemócratas alemanes, el partido clásico del marxismo―, como mercenarios del capitalismo”, en un primer momento, para después estigmatizarlos de “fascistas”. Acto seguido, Mises aclara: “Fascismo es una variedad del socialismo italiano… Tanto el fascismo como el nazismo profesaban el principio soviético de la dictadura y la opresión violenta de los disidentes. Si se quiere situar al fascismo y al nazismo en la misma clase de sistemas políticos, se debe llamar régimen dictatorial a esta clase y no se debe omitir a los soviets en la misma categoría” (Mises).

Respecto a la supuesta diferencia entre socialismo nazi y socialismo ruso, Mises, apoyándose en los hechos históricos, afirma: “existen dos diferentes modelos para la realización del socialismo. Uno de ellos ―podemos llamarle marxista o ruso― es puramente burocrático. Todas las empresas económicas se convierten en departamentos del gobierno… La nación entera forma un solo ejército de trabajadores bajo servicio obligatorio, cuyo comandante es el jefe del Estado. El segundo modelo ―al que podemos llamar sistema alemán o Zwangswirtschaft (o economía imperativa)― difiere del primero (del marxista o ruso) en que conserva la propiedad privada de los medios de producción, la intervención de los empresarios y el intercambio en los mercados, aunque sólo en apariencia y nominalmente… El gobierno indica a estos presuntos empresarios qué deben producir y cómo, a qué precios y de quién deben comprar, a qué precios y a quién deben vender. El gobierno decreta los salarios que han de percibir los trabajadores y a quién deben los capitalistas confiar sus fondos y en qué condiciones… Precios, salarios y tipos de interés representan sólo los términos cuantitativos de las órdenes autoritarias que determinan el ingreso de cada individuo, su consumo y su nivel de vida”.

Para que no quede duda alguna acerca de la praxis común entre fascistas y socialistas, Mises, recurriendo a los hechos históricos, aclara: “El programa de los fascistas, tal como se formuló en 1919, era verdaderamente anticapitalista. Los partidarios más radicales del New Deal y hasta los comunistas mismos podrían estar de acuerdo con él. Cuando los fascistas llegaron al poder… no suprimieron las grandes compañías industriales y financieras, como habían prometido. Italia tenía gran necesidad de créditos extranjeros para el desarrollo de sus industrias… Habría sido un acto suicida la destrucción de las grandes compañías italianas… Comenzó llevando a cabo una política intervencionista ―corte socialdemócrata―, pero al correr de los años se aproximó más al patrón nazi del socialismo. Cuando Italia entró en la Segunda Guerra Mundial, después de la derrota de Francia, su economía estaba ya modelada, en términos generales, sobre el patrón nazi”.

Los españoles asistimos, una y otra vez, a estos agravios en Las Cortes Españolas, así como en algunos medios de comunicación. Se hace necesario que los dirigentes de VOX den a conocer a los ciudadanos que el fascismo es ideología propiamente de izquierda, así como que los liberales y conservadores tienen otras fuentes doctrinales, completamente antitéticas al fasciocomunismo.

2 comentarios sobre “Agravios

  1. Demasiado elemental tanto derroche expositor. Su metodologia aclaratoria no tiene nada que hacer contra la ignorancia y cerrazón de las izquierdas (sector chusma). Hace muchos años cuando era ministro por los ochenta, el recientemente fallecido Múgica Hergoz dijo en televisión (por primera vez) !estos fascistas! refiriendose a los secuaces de ETA, él ya sabia de lo que hablaba, me llamó la antención pero yo tambien sabia por entonces que Fascista es todo aquel que pretende imponer sus ideas por la violencia.Punto.

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  2. Excelente artículo. Desgraciadamente no servirá para que ningún forofo entre en razón. La ignorancia y el empeño en no salir de ella arrasan.
    Mis felicitaciones, Sr. Sáenz.

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