Nuevos corredores urbanos

Por: José Rafael Palomar.

El 26 de abril me despertó una voz femenina potente, a hora muy temprana y poco habitual de la mañana en un domingo, proclamando: “unoo… doos… trees… ¡ya!”. Era el pistoletazo de salida para que los niños salieran a la calle, debidamente adoctrinados por Pablo Iglesias tres días antes en la tele, lo que debía provocar gran alborozo a esa desconocida señora. Pero al cabo de dos semanas me produjo mayor perplejidad ver cómo salían, esta vez los adultos, de una forma borreguil y fieles disciplinados del poder que dicta normas desde arriba. Ya sabemos que la mayoría de ciudadanos prefieren obedecer a ser responsables. Como escucharon en la radio y la televisión que se podía hacer deporte, surgieron por generación espontánea gente que nunca había practicado tal actividad. Imagino que días antes, porque eran recién nacidos deportistas, se aprovisionaron de zapatillas Adidas ―o de otra marca―, camisetas debidamente planchadas y pantalón corto.

La estampa de ver a ciudadanos, hombres y mujeres, corriendo por las aceras ―¡no hay nada más insano que hacerlo en la urbe!― y sudando de lo lindo, porque despertó un día caluroso, era preciosa. Imaginen esto en ciudades como Sevilla a estas alturas del año con temperatura de trópico, o Madrid, ¡que ese domingo alcanzó al menos treinta grados! Y no descartemos el parte de lesionados por el simple hecho de realizar una actividad para la que no se está preparado, y del que tendría que dar parte el ministro de Sanidad, ínclito filósofo Illa. Me pregunto qué trayectoria tenían pensada esos improvisados runners: si el kilómetro que permitía el decreto del estado de alarma, o la frontera entre su distrito y el contiguo. Sé que todos iban corriendo sin rumbo y apretujados, esquivándose unos a otros.Hay otro problema: la gran mayoría no corren con mascarillas y al rozarse con otros “deportistas” o grupos de personas, el jadeo producto del cansancio puede producir expulsión de saliva que propague el virus. Salieron ese domingo con muchas prisas, como si se tratara del día que comienzan las rebajas en los grandes almacenes, como decía un compañero de la prensa. El japonés Haruki Murakami escribió hace tiempo un libro que fue muy leído: ¿De qué hablo cuando hablo de correr?

Al llegar a casa esas personas debieron sentir la satisfacción del deber cumplido, haber sido unos buenos ciudadanos que cumplen las normas, para que en su alocución sabatina del Aló, presidente, “el jefe de planta del Corte Inglés” que dirige este país, dijera: “estoy orgulloso porque vosotros, todos y todas, habéis dado un ejemplo al país”. Y los deportistas embelesados mirando el televisor. Mira que hay maneras de disfrutar ―o sufrir― la ciudad: caminar a paso lento o rápido (dicen los médicos que caminar a un ritmo rápido durante una hora al día, o incluso tres cuartos es beneficioso para el cuerpo). ¡Pero había que correr! ¿Tiene manía a los deportistas?, me pregunta el curioso. Ninguna, pero me parece absurdo que lo practique quien el único deporte que ha hecho en su vida sea ver un partido de fútbol en la barra del bar, y como dicta el aborregamiento, se levante un buen día pulcramente vestido como si fuera Mariano Haro en sus tiempos, para correr sin ton ni son por la ciudad. Me parece sencillamente una horterada. No lo es para quien lo hacía ya habitualmente ―tengo en mi entorno cercano aficionados y expertos en el footing y otros deportes― que saben cómo hay que correr, el precalentamiento que comporta, la indumentaria precisa y el mejor horario. Pero hay que dejarse de recomendaciones, existe una generación de indocumentados que si les dicen que hay que correr, ¡se corre! Y sudorosos llegarán al hogar, felices y contentos.

Hace muchos años que el fenómeno de devorar kilómetros y correr sin ton ni son se ha extendido, especialmente en las ciudades. Por supuesto que son un filón para las imágenes que emiten los noticiarios de la televisión, y últimamente se utilizan ya como fondo habitual de cualquier noticia en torno a las costumbres de la población. Habrá que preguntar al nuevo “Comité de expertos famosos” compuesto por Almodóvar, Bardem y Madonna, para saber qué opinan…

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