La historia de una fotografía

Por: Daniel Calixto

Mi buen amigo Florencio, el pamplonica con el que corrí tantos encierros por San Fermín, aquél que vivía en la calle Javier, a tres zancadas del Club Taurino, cuando éste estaba en aquella esquina de la plaza del Castillo, junto al Iruña, decía que las fotografías eran imágenes que nos hacían recordar tiempos que fueron y que dejaron de ser para siempre. Eran imágenes que podían hacernos sonreír y que nuestros ojos se humedecieran, pero que nunca nos dejaban indiferentes. Pero añadía que una fotografía era más valiosa si en ella se había escrito el lugar y, sobre todo, la fecha, de donde y cuando se hizo. La foto que podéis ver es muy importante para mí, pero aplicando la norma de Florencio hubiera tenido más valor si en ella hubiese escrito su fecha, porque el lugar donde se hizo lo tengo perfectamente claro. Cuando buscando alguna cosa en el tótum revolutum de mi despacho apareció la foto, como si adrede lo hiciere, mi reacción fue de sonrisa nostálgica y de lágrima inevitable. La foto, salvo error sin importancia, debe tener unos 44 ó 45 años, lo que supone que se hizo en el año 1976 ó 1975, y el lugar, la Finca Monteviejo, en Moraleja (Cáceres), propiedad de Victorino Martín Andrés, uno de los ganaderos de bravo más importantes de España de todos los tiempos y personalmente una de las personas más correctas, amables y positivas, dentro y fuera del toro bravo y sus mundos. La foto, por su edad y características no es de buena calidad, pero no es difícil darse cuenta que en ella estamos Fernando Sánchez Dragó y yo mismo tocado con sombrero. 

Fernando Sánchez Dragó, me decía Pepito Rubio (que, por cierto, es moreno), mi intelectual amigo y compañeros que fuimos de bachillerato, hace mil años (ya se jubiló como profesor de Historia en un instituto de segunda enseñanza); me decía Pepito, que Sánchez Dragó es un portento en cultura, un especial individuo positivo intelectualmente, un original y peculiar personaje, pero… un poco raro (no sé si fue correcto este calificativo). He leído dos veces, me decía el Rubio moreno, su Gárgoris y Habidis y no me he enterado de algunas cosas que dice, es un libro de difícil lectura. He leído algunos otros libros suyos: Dios los cría… y La canción de Roldán. Y últimamente me ha resultado de fácil lectura, amena y cierta en sus confesiones, aunque se queda corto, argumentaba Pepito en sus comentarios al libro Y si habla mal de España… es español. Decía Pepito, para ser honrado, que este libro de Dragó no consiguió encontrarlo, por agotamiento, en ninguna librería, y que se lo prestó Juanito el Huevón (qué buen compañero fue) y que aún no se lo había devuelto. Supongo que saben ustedes que una de las diferentes causas para tener una buena biblioteca es tener amigos con mala memoria y que te presten sus libros.

Muy bien puede aplicarse a esta fotografía que están ustedes viendo aquello que dijeron Anne Geddes y Ronald Barthes: “Las mejores imágenes son aquéllas que retienen su fuerza e impacto a través de los años, a pesar del número de veces que son vistas” (Anne Geddes).

Lo que la fotografía reproduce hasta el infinito sólo tiene lugar una vez” (Roland Barthes).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: