Fran Hernández, autor de la campaña que ayudó a salvar uno de los últimos cines de la Gran Vía: «El Palacio de la Música ya no es sólo cosa de Madrid. Trasciende lo local»

Por: Javier Redondo Jordán

El pasado 24 de febrero el Ayuntamiento de Madrid aprobó finalmente la licencia de rehabilitación solicitada por la Fundación Montemadrid, sucesora de Caja Madrid, que en 2008 adquirió el edificio del Palacio de la Música tras el cierre del cine que hasta entonces albergaba. Durante todo este tiempo, sus puertas han permanecido cerradas y no han sido pocos los intentos de adquisición por importantes marcas dispuestas a convertir el inmueble en centro comercial, como sucedió con los vecinos Cines Avenida. La Fundación Montemadrid, en un plazo estimado de 24 meses a partir del inicio de las obras, dedicará el 80% del espacio a actividades culturales y el resto a usos comerciales y de restauración con miras a conservar este emblema madrileño de estilo art déco, inaugurado en 1926 y obra del arquitecto Secundino Zuazo.

Empresario turístico, natural de Huesca y aficionado a la arquitectura, Fran Hernández ha abanderado incansable una campaña construida durante años desde una modesta página de Facebook que creció hasta obtener la participación de buena parte del mundo de la cultura e influir en la retirada de una multinacional textil de la compra del edificio en 2015, cristalizándose en la firma conjunta en rueda de prensa de todos los candidatos a la alcaldía de Madrid para mantener su uso como entidad cultural.

Ésta es una historia donde se concitan la cultura, la política, el urbanismo y el dinero alrededor de un edificio icónico de Madrid, el Palacio de la Música, uno de los últimos cines supervivientes en la Gran Vía de la capital. Al mismo tiempo, también es la gesta de un individuo que con un simple teclado como arma logró congregar multitudes y tumbar a un gigante para proteger nuestro patrimonio cultural.

Comencemos desde el principio, ¿en qué situación estaba el Palacio de la Música cuando cerró sus puertas?

El último día del Palacio de la Música como cine fue el 22 de junio de 2008. Desde entonces permanece cerrado, alterado, eso sí, por las obras de rehabilitación, como auditorio, que se llevaron a cabo tras la aprobación del primer proyecto de 2009 a 2012. A mediados de mayo de 2008, la antigua Fundación Caja Madrid (ahora Fundación Montemadrid) había comprado el edificio. Sus antiguos propietarios, Filmófono S.A., tenían la intención de venderlo al mejor postor, como ya había sucedido dos años antes con los antiguos Cines Avenida, pero el Ayuntamiento no permitió el cambio de uso. La Fundación, de alguna manera, llegó al rescate.

¿Por qué se detuvieron las obras en 2012?

Fue a finales del primer trimestre de 2012, coincidiendo con la explosión del escándalo Bankia, que finalizó con el posterior rescate. Por aquel entonces, según algunos medios, se habían invertido unos 5 millones de euros en trabajos correspondientes a la consolidación del edificio, la restauración de las fachadas, la ampliación de la boca del escenario y la construcción de una espectacular estructura en la azotea que inicialmente iba a ser utilizada como sala de ensayos. También se había procedido al vaciado de las plantas inferiores, las que desde 1982 albergaron dos salas de cine. Antes, desde 1945 hasta 1965 ese espacio lo había ocupado la espectacular sala de fiestas Teatro Club, una de las mejores de Madrid.

¿Es por esta época cuando entras en juego?

A finales de 2011 me trasladé a Madrid por motivos de trabajo. Cuando decidí comenzar esta nueva etapa, tenía claro que lo hacía para investigar nuevos nichos de mercado; llegué sin nada, vine a emprender, pero nunca imaginé que el Palacio de la Música se acabaría convirtiendo en una parte tan importante de este viaje.

¿Cómo surge la idea de montar la plataforma de la campaña del Palacio de la Música?

En 2012, cuando estalló todo, y teniendo en cuenta lo que había ocurrido 3 años antes con sus vecinos, los Cines Avenida, es cuando decidí comenzar con toda esta locura que a día de hoy supera los 8 años. Inicialmente abrí un perfil en Facebook para comunicar lo que estaba sucediendo y poner en valor la importancia del edificio que lleva ligado a esta ciudad más de 80 años.

¿Qué ocurrió para que desde un perfil de Facebook decidieras encabezar una campaña para la recuperación del edificio?

Fue el increíble feedback de la gente lo que me animó decididamente a hacer más grande la campaña. Desde ahí lancé, meses más tarde, una campaña de recogida de firmas en Change.org. Este paso oficializó de alguna manera la petición para salvaguardar el uso exclusivamente cultural del edificio. Paralelamente, también nació el importante perfil de Twitter (@solodelamusica), clave para la difusión de la iniciativa. A finales de 2013 publicamos la canción El 35 de Gran Vía con la banda Earnest, musicazos que por aquel entonces actuaban diariamente en la calle Preciados, y con la colaboración de Rafa Gutiérrez (Hombres G). La canción funcionó bien y ayudó a hacer más conocida la campaña.

¿Fue en ese momento cuando el asunto saltó a la prensa?

Sí. Varios medios digitales nacionales se hicieron eco, por lo que se había alcanzado el primer objetivo: lo que ocurría con el Palacio de la Música ya no era sólo cosa de Madrid. Trascendió lo local.

La gente recuerda sobre todo aquellos vídeos que grabasteis.

Eso fue a continuación. El año 2014 fue muy importante: la campaña consolidó su importancia gracias a dos extraordinarios vídeos, publicados en mayo y septiembre, con El Gran Wyoming, Santiago Segura y los heavies de Gran Vía. Fueron noticia en todos los medios de comunicación, tanto en televisión y radio como en prensa escrita y digital. Aparecieron también en los telediarios nacionales y conseguimos la implicación de personalidades del mundo de la cultura y de las mejores agencias de publicidad de España. La campaña sumaba ya aquel otoño de 2014 más de 80.000 firmas.

En 2015, sin embargo, un nuevo actor entró en juego.

Sí, en febrero o marzo de 2015 una multinacional textil, Mango, se lanzó decididamente a la compra del edificio.

Aún estaba reciente la apertura de la tienda de ropa de H&M en los vecinos Cines Avenida en 2009.

Recuerdo aquellos días de una manera muy especial. Había que salvar una bola de partido, por lo que invité a los firmantes de la campaña de Change.org a que compartieran a través del muro de Facebook de Mango lo que suponía para ellos la desaparición de un edificio tan emblemático como el Palacio de la Música. La respuesta fue espectacular, aplastante. No importaba el color de la camisa o el diseño del pantalón de temporada: fueron miles los mensajes que inundaron la página de Mango a favor del edificio.

¿Fue aquél un claro punto de inflexión?

Totalmente. Desconozco cuánto tendría que ver en la decisión final esta movilización, pero días más tarde Mango anunció la renuncia a la compra del edificio.

Pero aún no había acabado la lucha.

No, pero a partir de entonces todo fue mucho más fácil. Era año de elecciones municipales. En mayo de 2015, días antes de las elecciones, convoqué una rueda de prensa para conocer la opinión de cada uno de los candidatos a la alcaldía de Madrid respecto al Palacio de la Música. Acudieron todos, y todos firmaron su compromiso personal para el mantenimiento del edificio como auditorio-teatro o cualquier otro uso cultural.

En tiempo de elecciones todo son promesas y buenas intenciones.

El compromiso de todos los candidatos políticos quedó reflejado (y firmado) en la propia página de la petición y se hizo público. Poco más. Pero también he de reconocer que ayudó mucho a mantener la campaña viva. Cada semana publicaba algún tipo de información relacionada con el Palacio: estrenos pasados, efemérides, fotografías del proceso de rehabilitación, etc. Las redes sociales han sido una herramienta clave: permitieron que ni los seguidores, ni los propietarios, ni los propios políticos desconectaran en ningún momento. El Palacio seguía parado, sin amenazas, pero en actitud vigilante.

¿Hubo algún movimiento a partir de 2015?

Sí, en el último tercio de la pasada legislatura, la propiedad del edificio, Fundación MonteMadrid, comenzó a trabajar en el proyecto que fue aprobado hace 3 semanas. Me consta que ha sido un proceso muy largo, muy laborioso, donde todos los agentes implicados han sabido estar a la altura: propietarios y administraciones, tanto de la pasada legislatura como de la actual. Mantener el uso cultural de un edificio con una ubicación tan privilegiada como la del Palacio de la Música no es fácil en los tiempos que corren. Que se lo digan a los antiguos Cines Avenida, Madrid, Rex, Fontalba, Azul o Real Cinema, este último la baja más reciente. Había, seguro, mejores opciones para rentabilizar esta costosa inversión. La apuesta es importante, pero no todo vale, y menos cuando partes de la esencia de una Fundación. Creo que, tras 10 años de vaivenes, la dirección ha sido la correcta. Madrid contará con un auditorio de 1.500 butacas, que son muchas, en su avenida más emblemática. Casi un milagro. Si finalmente se consigue, estaremos frente a uno de los ejercicios de responsabilidad social más importantes de los últimos tiempos: y habrá que valorarlo muy positivamente.

¿Estás satisfecho del resultado obtenido?

Claro, pero los verdaderos protagonistas son Fundación Montemadrid y el Ayuntamiento. Bien es cierto que esta campaña ha logrado que un referente esencial de la cultura madrileña no cayera en el olvido y se apagara entre muestras de indiferencia. Entre todos, desde su cierre, le dimos ese último aliento para mantenerlo vivo. Un aliento de 8 años, eso sí. Esta ciudad me ha dado los mejores años de mi vida. Y si esta iniciativa ha servido para aportar mi particular grano de arena, me doy por satisfecho. De alguna manera, se lo debía. Pero, insisto, el éxito no es solo mío, sino de las miles de personas que empujaron desde la sombra.

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