Playa con cita previa

Por: José R. Palomar.

Hace ocho años que decidí no volver a pisar playas masivas. De pequeño iba con mi familia a una playa familiar en la provincia de Alicante, cercana al Peñón de Ifach y junto al Paradero, de igual nombre. Lo recuerdo con nostalgia. Allí te encontrabas con primos, amigos, jugabas sin que nadie te incomodara a las palas, o nadabas tranquilamente. Con la masificación del turismo, ya en la década de los setenta y definitivamente en los ochenta, las playas se convirtieron en lugares incómodos. Ya de por sí es desagradable la sensación de bañarte con la arena pegada al cuerpo, que luego requiere una ducha mucho más minuciosa para que se desprenda, dependiendo del grosor y la limpieza de esa arena. 

Volviendo a Alicante y concretamente Calpe, fui durante muchos años a una playa masiva: La Fosa. Es de las que mejor se limpian por las brigadas municipales pero, aún así en Julio y no digamos Agosto, apenas queda un resquicio libre donde poder medio dejar tu toalla y ubicarte, de forma que estés cómodo para descansar o hablar, si vas acompañado. Poco a poco fui detestando esos lugares de esparcimiento. La urbanidad brilla por su ausencia. Cuando vas hacia el agua casi te das de bruces con el que sale. Si nadas debes ir con cuidado de no chocar, porque en el mar no existen carriles como en una piscina olímpica, y cada uno va a su aire. Por si fuera poco, están los pesados que gritan para hablar con su vecino o familiar, los niños que lloran y dan la lata. Y cómo no, los que ocupan toda la orilla jugando a palas, sin reparar que alguien pase por allí caminando tranquilamente o quiera zambullirse en el agua. Si a eso le añades el sol, que cada vez es más dañino (por la disminución de la capa de ozono) especialmente a partir de las 12 de la mañana y hasta las 5 de la tarde, es un plan cada vez menos apetecible…

Cruzado el Océano, he visitado playas en Cuba, Brasil y Colombia (alojándome en hostales modestos). En todos esos países puedes encontrarte algunas con una arena blanca y coralina, agua clara y zonas muy bellas, pero en todos los casos tienes que “enfrentarte” a un espécimen: el vendedor ambulante. Nada tengo contra ellos porque se ganan la vida como buenamente pueden. El problema es que te acosan, prácticamente te obligan a que elijas y compres una pulsera, pañuelo o “souvenir”. Tuve la fortuna, entre el 2.009 y el 2.016, de visitar en algunas ocasiones la playa tropical que se encuentra en Cartagena de Indias junto a un hotel de lujo, gracias a la gentileza de su relaciones públicas Mariela Restrepo. La piscina de ese edificio enlaza con una playa donde también pasan vendedores, al menos hasta las cinco y media de la tarde, cuando ya oscurece. Por fortuna hay un puesto de vigilantes que depende del hotel, y a ellos puedes pedirles que te los alejen, si quieres estar tranquilo y contemplar – como yo hacía- el mar desde una confortable hamaca. Pero si no, te avasallan literalmente (incluidas las mujeres que te ofrecen un masaje)…

Pero volvamos a España, y a Calpe. Antes de desistir de esas playas masivas, frecuentaba una que está en la parte más al este del litoral, a la que se accede por un camino de piedrecitas. Pero el sonido que se escuchaba a lo lejos al aproximarte a la playa me causaba desazón, sensación de angustia: un chillido de menos a más en el que se mezclaba niños chillando, adultos gritando y abuelos llamando. Hasta que decidí “cortar en seco”. Y los últimos años tan sólo he acudido una de las playas de Campomanes, la más apartada del bullicio proveniente del club marítimo, los chiringuitos, y los altos apartamentos que destrozan el paisaje.

El panorama, sin embargo, puede cambiar tras la pandemia, porque de las escasísimas cosas razonables que habrá hecho este gobierno, está el poner coto a la masificación. Leo en El Mundo que los Consejeros de Turismo están elaborando una lista de normativas y sugerencias: algunas surrealistas, pero que quizá puedan ahuyentar una de las lacras de la civilización actual que es el turismo, como dice Dragó…”Prohibición de llevar a la playa cosas y artefactos como: hinchables, pelotas o palas. Guardar una distancia de seguridad entre las personas, con lo que se impide que se apelotonen unos a otros. La Junta de Andalucía obligará a ducharse antes y después de acceder a la arena, no se puede estar más de cuatro horas, y se impedirá colocar colchonetas en las hamacas”. ¡Habrá, rizando el rizo, hasta un esterilizador para bañistas! y a muchos de ellos se les proporcionarán mascarillas y gel hidroalcohólico. 

Pero no acaba ahí la cosa. En Galicia se tendrá que pedir cita previa (como si fueras al registro civil o al notario), los bañistas tendrán que meterse en  internet y acceder a un código QR con día y hora de entrada. De momento “decenas de tractores están arando playas y oxigenándolas, para lo cual se utilizarán máquinas de ozono”. ¿Y qué se imaginan sobre las habituales banderas? Pues que “el verde significará que los arenales están disponibles; el amarillo servirá para los ocupados en un 75%, y el rojo para disuadir de ir a la playa. En Lloret de Mar dividirán la playa en tres sectores: para las personas de edad avanzada, otro para las familias con niños, y una tercera para los adultos solos, en parejas, o grupos de amigos. En Playa de Aro la playa se dividirá en ocho zonas, y cada bañista debe estar separado del otro por nueve metros. En definitiva, todo parcelado”. En la Comunidad Valenciana, que es donde suelo pasar los días de descanso, se están desarrollando apps para detectar la ocupación a partir de los datos de los móviles. Mientras escribo este artículo, escucho en la radio al alcalde de Benidorm (localidad donde se puede encontrar de todo en verano menos tranquilidad), quien asegura que se observará y medirá la distancia entre bañistas mediante tecnología 

Con toda esta normativa, que varía en cada Comunidad, ¿valdrá la pena ir a la playa? La masificación a la que aludía al principio puede que disminuya, y los incívicos tendrán que aprender otras formas de comportarse. Eso daría para que uno se replantee ir…Pero yo creo que seguiré refugiándome en calas recónditas, en la más apartada de Campomanes (donde antes se practicaba-y  también uno-el nudismo). Ahora ya no, porque la han descubierto familias belgas, inglesas o rusas, algunas con sus niños. De todas formas ¿se imaginan a un nudista legal con mascarilla?…¡Vendrían en seguida los del telediario de las nueve para inmortalizarlo! 

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