¿Qué fue de la casta?

Por: Manuel Álvarez López-Dóriga.

No hace muchos años, desayunábamos, comíamos y cenábamos con Pablo Iglesias o alguno de sus acólitos criticando y afeando la conducta de aquellos a los que llamaban la casta política. De un tiempo a esta parte, ya nunca se les oye hablar de la tan manida casta. ¿Qué ha pasado? Puede que, gracias a su llegada al poder, por fin, la casta haya dejado de ser una rémora tan grande para nuestro país. Quizás los políticos podemitas hayan pasado a ser miembros de pleno derecho de esa bien llamada casta. ¿Quién sabe? 

No nos engañemos, Podemos siempre ha sido, es y será una parte más de esa casta. Uno de los encastes de mayor abolengo de la política española. El comunismo. Ese movimiento político que tanta muerte y miseria ha causado en el último siglo. El mismo perro con otro collar, para tratar de hacer atractivo y actual algo rancio y anacrónico. ¿Su objetivo? Acaparar y apropiarse de todo el poder posible, imponiendo su trasnochada ideología al conjunto de la sociedad española. Su ya olvidada crítica a la casta estaba motivada por el rédito político que les proporcionaba. Como ya no sacan beneficio alguno, ahora callan y la casta parece haberse esfumado. 

La triste realidad es que, desde hace ya muchos lustros, esa casta política copa gran parte del poder en nuestro país. Continúa, además, extendiendo sus sucios tentáculos en todos los ámbitos. Salvo contadas excepciones, da igual derecha que izquierda, lo que mueve a nuestros políticos no es el bien común y el progreso de nuestra sociedad, sino sus propios intereses personales o partidistas. La política es su forma de ganarse la vida y, por mantenerse en el poder y conservar sus privilegios, están dispuestos a lo haga falta. El bien del conjunto de los españoles es secundario. El obsceno espectáculo, que en todos los ámbitos, nos están brindando durante esta crisis del coronavirus no hace más que ponerlo negro sobre blanco. O mucho cambian las cosas, o todo apunta a que las cosas no van a mejorar en los año por venir. Tenemos casta para rato. El mayor lastre de nuestro país son, sin lugar a dudas, sus políticos y gobernantes. 

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