Entrevista al Director del Hospital San Raffaele de Milán

Por: Irene Hernández Velasco.

Ha estado al pie del cañón en su laboratorio del hospital San Raffaele de Milán, en pleno epicentro de la pandemia de coronavirus. Y ahora, después de tres meses de lucha sin cuartel contra el ‘bicho’, el profesor Massimo Clementi por fin trae buenas noticias, noticias llenas de esperanza.

Este especialista en microbiología y virología ha dirigido un estudio en el que se ha comparado la carga viral que tenía el SARS-CoV-2 a principios de marzo -cuando estaba causando una auténtica carnicería- con la que tiene ahora. Resultado: el coronavirus hoy es hasta cien veces más débil.

“Y colegas de todo el mundo, incluida España, nos dicen que están observando exactamente lo mismo”, nos comenta este virólogo, que piensa continuar su estudio con nuevos pacientes y ampliarlo a Estados Unidos con la colaboración de su colega Guido Silvestri de la Universidad Emory de Atlanta.

El resultado de la investigación coordinada por Massimo Clementi se publicará en breve en la revista Clinical Chemistry and Laboratory Medicine. Pero, mientras tanto, ha querido anticipar los resultados que ha obtenido en esta entrevista a EL MUNDO. 

Tengo entendido que desde hace algún tiempo en su hospital están viendo una fuerte disminución del número de pacientes con Covid-19 que necesitan cuidados intensivos, ¿verdad?

Sí, así es. Ya son varias las semanas en las que los clínicos de nuestro hospital nos indican a nosotros, los virólogos, que el cuadro clínico está cambiando y, en particular, que están disminuyendo los casos graves que tanto veíamos al principio de esta pandemia. Ya no nos llegan pacientes que necesitan inmediatamente entrar en la UCI y respiración asistida. De hecho, con mucha frecuencia a urgencias del hospital llegan pacientes a los que mandamos a sus casas, porque aunque están infectados con el SARS-CoV-2 presentan pocos síntomas y pueden sin problemas permanecer en cuarentena en sus hogares.

¿Y han investigado cuál sería la causa de esa disminución de los casos graves de Covid-19?

Efectivamente. Esa disminución de los pacientes en la UCI nos ha llevado a preguntarnos qué había cambiado desde el punto de vista virológico, si el SARS-CoV-2 había sufrido alguna modificación. Y nos hemos puesto manos a la obra. Nosotros secuenciamos con frecuencia el virus, pero no hemos encontrado que hubiera sufrido mutaciones significativas. Algunos colegas, como por ejemplo los del hospital de Brescia, sí han aislado variantes con mutaciones. Pero nosotros no, no hemos encontrado variantes del SARS-CoV-2 con mutaciones que hagan a ese virus genéticamente más bueno, menos agresivo.

¿En qué ha cambiado entonces este coronavirus?

Los cambios no han sido a través de mutaciones. Pero ha cambiado una característica del virus: ha cambiado su virulencia. La virulencia de un agente de este tipo tiene varias características, pero la principal es su capacidad de replicarse y de transmitir una importante cantidad de virus, de tener una carga viral muy alta. Lo que hemos hecho ha sido comparar la carga viral del SARS-CoV-2 obtenida a través de pruebas nasales-faríngeas (conocidas como PCR) de 100 pacientes ingresados en el hospital en los primeros 15 días de marzo -cuando nos llegaban los casos más graves, cuando el San Raffaele ha estado sometido a una enorme presión- con la de los de 100 pacientes que nos han llegado a finales de mayo. Y el resultado nos ha deparado una sorpresa gigantesca.

¿Qué han descubierto?

Hemos encontrado que la cantidad de virus presente en los pacientes que nos han llegado en mayo es enormemente más baja en comparación con los que ingresaban en marzo. Incluso si comparábamos los resultados en pacientes que tenían los mismos factores de riesgo, como la edad o enfermedades previas. Aun así, en mayo la cantidad de virus es mucho, muchísimo menor. 

¿Cuánto menor es la carga vírica del SARS-CoV-2 en este momento?

He leído que, según su estudio, ahora es diez veces inferior a la que presentaba en marzo…Y hasta cien veces menor. Se trata de una diferencia absolutamente macroscópica. Además, este hallazgo nos ha empujado a contactar con otros colegas para saber si ellos también estaban observando lo mismo. Hemos contactado con colegas en Estados Unidos y Europa, incluida España. Y le puedo decir que también en España están observando lo mismo, que la epidemia se encuentra en una fase de contención. Lo interesante es que incluso en Florida, donde el confinamiento ha sido mucho más suave que en España e Italia, están observando lo mismo. Alguien ha dicho que es como si este virus hubiera ‘envejecido’.

¿Y usted cómo describiría lo que le está ocurriendo al SARS-CoV-2?

Yo diría que es un virus que en la primera fase hacía mucho más daño porque había llegado a un huésped, el ser humano, que para él era desconocido. Y ahora hay una adaptación, tanto del virus a los seres humanos como de los seres humanos al virus. Es posible que este sea un dato muy positivo de cara al futuro. Porque, aunque en los próximos meses el SARS-CoV-2 se reactivase, el virus podría ser mucho menos agresivo.La adaptación del SARS-CoV-2 a los seres humanos pasa porque deje de matar sus huéspedes, porque al matarlos acaba también consigo mismo, ¿no es así?Eso es lo que sucede habitualmente. Los virus que llegan por primera vez a los seres humanos son mucho más agresivos en esa primera fase, cuando llegan a una población para los que eran desconocidos.

¿El coronavirus se podría estar debilitando porque estamos empezando a desarrollar inmunidad de grupo?

No tiene nada que ver. El que el virus se esté debilitando es algo independiente del hecho de que se pueda desarrollar inmunidad contra él, es decir, no es efecto de la llamada ‘inmunidad de rebaño’. Se trata, como le decía antes, de una adaptación del SARS-CoV-2 a los seres humanos. Otros coronavirus -le recuerdo que convivimos con otros cuatro coronavirus- nos ocasionan en inviernos resfriados, infecciones muy leves, y luego con la llegada del verano desaparecen. Pensamos que con este coronavirus puede ocurrir lo mismo. Quizás usted recuerde que en 2009 hubo una pandemia por un virus que surgió en México, un virus que fue llamado ‘gripe porcina’ aunque en realidad no era realmente porcino, se trataba de un virus que había sufrido un cambio antigénico. En las primeras infecciones en Centroamérica ese virus parecía muy agresivo, pero luego se difundió por todo el mundo y se convirtió en una infección muy leve. Todavía hoy, de vez en cuando, cuando se produce la epidemia gripal lo encontramos junto a otros virus, pero ya no produce una infección particularmente grave. Esperemos que ahora sea también así. A mí me parece que lo que hemos descubierto puede ser una buena noticia. Más allá de que este coronavirus sufra mutaciones -estos virus son propensos a mutar-, creo que esta epidemia está destinada a apagarse poco a poco.Le voy a hacer una pregunta que probablemente sea un disparate.

Ahora que el SARS-CoV-2 se está debilitando y provoca síntomas leves, ¿no nos interesaría contagiarnos en masa para de ese modo desarrollar inmunidad?

Diría que no, que todavía no. Venimos de una situación absolutamente dramática y todavía no conocemos cuál será la evolución de esta pandemia. Lo principal es que la epidemia comience a apagarse, luego ya valoraremos en qué queda este virus.

¿Debemos por tanto continuar con el lavado de manos, la distancia de seguridad y las mascarillas?

Sí. Quizás, relajándolas de vez en cuando en función de cómo evolucione la epidemia. Si disminuyeran en gran número los ingresos en hospitales, si no tuviéramos pacientes en las UCIs, si los nuevos casos se fueran reduciendo poco a poco, entonces sí, entonces se podrían relajar un poco las medidas de contención. El uso por ejemplo de las mascarillas en el exterior, si se mantiene la distancia de seguridad entre las personas, no veo porque se debe de exigir, sobre todo en verano.

¿En cuánto tiempo podremos saber si el debilitamiento que parece mostrar el SARS-CoV-2 es definitivo y podremos regresar por tanto a nuestra vida normal?

Ahora tenemos por delante un periodo favorable: el de junio, julio y agosto. Llegará luego septiembre, y esperamos que para entonces el virus se haya debilitado aún más. Hasta el punto de que en octubre o en noviembre, antes de final de año, no se produzca un aumento de los casos y los que se den sean como los que estamos viendo ahora: casos clínicamente no importantes. Lo que me hace ser optimista es que el debilitamiento del SARS-CoV-2 que estamos observando nosotros se está observando en todos los países. Le citaba antes España, su país. Pero también en lugares a los que la epidemia ha llegado después que en Europa, como es el caso de Estados Unidos, están observando lo mismo. Dice que el SARS-CoV-2 se ha debilitado para adaptarse a los seres humanos.

¿Hay otros factores que le están haciendo perder fuerza? 

La replicación es un elemento fundamental para un virus. Un virus infecta para poder replicarse en las células del huésped. Si esta replicación, como estamos observando, no ocurre de manera eficiente, puede deberse a varios motivos. Podría ser a causa de una mínima mutación genética que todavía no vemos y que quizás veamos en el futuro próximo. O puede ser por cualquier otro factor que no favorece la infección violentísima que veíamos al principio. La verdad es que todavía no tenemos elementos para saberlo.

¿Puede tener algo que ver la llegada de las altas temperaturas?

El calor ciertamente juega a nuestro favor, no a favor del virus. Los otros coronavirus desaparecen con la llegada del calor. Y al calor añadiría las radiaciones ultravioletas: en verano aumentan las radiaciones ultravioletas, y las radiaciones ultravioletas tienen un efecto negativo sobre este virus. Todo esto ha tenido que ver, sumado a las medidas de contención que se han tomado, porque el confinamiento sin duda ha hecho algo.Según su estudio, el SARS-CoV-2 estaría perdiendo fuelle.

¿Podría ocurrir al revés, que en unos meses se reforzara, se revitalizara de nuevo?

Teóricamente, podría ocurrir. Pero en la práctica es difícil que suceda. La historia nos enseña que si ocurriera de nuevo algo grave sería a causa de un nuevo coronavirus, no de este. En el 2003-2004 el virus del SARS había infectado a unas 8.200 personas, muchas menos que el SARS-CoV-2 hoy. Pero entonces, se temía la posibilidad de que se desatara una pandemia mundial, aunque ese virus tenía una capacidad de difundirse mucho menor que el actual coronavirus. Pero, en un mes de junio como el de ahora, de pronto hubo una caída en picado del número de contagios y el virus, de hecho, desapareció. Muchos alumnos, cuando les hablo de esa epidemia de SARS, me preguntan que a dónde había ido a parar ese virus, si no es posible que regrese, porque les cuesta entender la lógica de su desaparición. Yo les digo que es difícil que vuelva, que a lo mejor llegan virus similares, siempre con la misma modalidad (del murciélago pasan a otro animal y de éste a los seres humanos), pero es muy improbable que regrese el de antes. Y ahora podría ocurrir lo mismo.

¿Entonces la emergencia sanitaria ha terminado?

No, no ha terminado aún. Además, son las autoridades sanitarias las que deben decir eso. Yo sólo informo de lo que estamos observando a quien me quiera escuchar.La OMS sostiene sin embargo que SARS-CoV-2 no se ha debilitado…Bueno, esa la considero una buena noticia, visto la de veces que en los últimos meses la OMS se ha equivocado.Si le he entendido bien, dice usted que es más probable que llegue un nuevo virus a que el SARS-CoV-2 se reactive y vuelva a causar el año que causaba antes.

¿Ve otra pandemia a la vista?

Es importante tener en cuenta que en el arco de 16 años hemos tenido tres distintas epidemias, la última de ellas, ésta, una pandemia. En 2002-2003 tuvimos la epidemia de la SARS, y en 2014 de la MERS en Arabia Saudita. La epidemia de coronavirus que tenemos ahora es la tercera.

¿Qué nos enseña esto?

Nos enseña que nuestro estilo de vida actual favorece a estos virus, que pueden llegar a los seres humanos con facilidad. Así que estaría muy bien tomar medidas para que no haya una cuarta epidemia. A mí desde luego me preocupa más que pueda haber una nueva epidemia a causa de un nuevo virus que la evolución de la pandemia actual, destinada a apagarse.

¿Y qué se puede hacer para evitar una cuarta epidemia?

Para empezar, no cometer los errores que hemos cometido. No podemos seguir por ejemplo desforestando. El murciélago es un animal que se nutre de fruta, y si le dejamos sin bosques irá a buscar la fruta a lugares habitados. Y, de ese modo, infectará a seres humanos. Recientemente en Australia ha habido una infección no de coronavirus sino de otro virus muy peligroso llamado Nypah Hendra que infectó primero a los caballos y luego de estos saltó al ser humano, y han muerto varias personas. Nuestra civilización globalizada está demasiado globalizada. Yo no soy un ambientalista radical a lo Greta Thunberg, pero me doy cuenta de que nos estamos pasando.

Fuente: El Mundo: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2020/06/05/5eda4de4fdddfff49f8b4651.html

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