La irrupción de la UIMP

Hace cuarenta años, Pontevedra fue una de las primeras ciudades españolas que acogió cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, cuando inició una nueva andadura fuera de su sede central en el Palacio de la Magdalena de Santander. Todo un acontecimiento que hizo honor al espíritu cultural de esta vieja ciudad.

Aquella especie de milagrito no llegó caído del cielo, sino que tuvo una inspiración más prosaica. El ministro de Universidades e Investigación, Luís González Seara, ejerció como principal muñidor en su propio interés político.

Aunque orensano de nacimiento, Seara era representante de Pontevedra en el Congreso como diputado cunero por la Unión del Centro Democrático (UCD), el partido liderado por Adolfo Suárez. De modo que quiso tener un gesto amistoso con su ciudad de acogida para estrechar aquel vínculo circunstancial, y no pasó por alto una oportunidad que llegó de la mano de la UIMP mediante un convenio de colaboración con la Universidad de Santiago.

Los rectores de ambas universidades, José Mª Suárez Núñez y Raúl Morodo, respectivamente, estuvieron de acuerdo en contar a su vez con la activa implicación de José F. Filgueira Valverde. A falta de un lugar más apropiado, el viejo profesor puso a su disposición la sala principal del edificio Fernández López del Museo Provincial.

Entonces, la UIMP gozaba de un alto nivel científico, intelectual y académico. Cada intervención de un ponente equivalía a una clase magistral, sin el carácter más popular y divulgador que adquirió en otra época posterior. Incluso contaba con unas becas que no solo cubrían la matrícula, sino que incluían el alojamiento y la manutención; pensión completa en suma.

Nuestro particular Palacio de la Magdalena no fue otro que el Monasterio de Poio. Desde allí funcionó un servicio de transporte para los asistentes y los frailes se deshicieron en atenciones con postgraduados y estudiantes.

Sin duda ninguna, la inspiración de Filgueira también estuvo detrás de la elección de Luís de Camoens como referente para estudio y debate de aquel primer curso. Con su exquisitez y mimo tan característicos en la organización de cualquier evento cultural, el admirado profesor complementó las conferencias programadas con una gran exposición compuesta por una serie bibliográfica y otra iconográfica sobre el poeta portugués. La inauguración de esta muestra abrió aquel curso de verano la tarde del 30 de junio de 1980.

Los profesores Carballo Calero, García Iglesias, Santiago Ares, Ramón Piñeiro, Joel Serrao, Jacinto de Prado, Víctor M. Aguiar y algún otro, pronunciaron las lecciones mayoritariamente centradas en la influencia de Camoens en la literatura de su tiempo.

El propio Filgueira Valverde y Álvaro Cunqueiro pusieron el broche final con dos eruditas intervenciones: el primero, sobre la relación del poeta con Galicia y, particularmente, con la localidad de Camos, origen pontevedrés de su mismo apellido; y el segundo, sobre la repercusión de Los Lusiadas en las letras contemporáneas, sobre todo, en Inés de Castro y Adamastor, el personaje mitológico clave de su gran epopeya.

Al año siguiente, la UIMP pasó en Pontevedra de uno a tres cursos, a cada cual más interesante. Prisciliano, Rosalía de Castro y Curros Enríquez conformaron aquel magnífico programa.

El curso dedicado a Prisciliano y el Priscilianismo que dirigió Fernando Sánchez Dragó, desbordó las mejores expectativas, tanto por la sapiencia y el antagonismo de todos los ponentes, como por la perspicacia de las tesis expuestas sobre tan controvertido personaje. Algunas de las intervenciones reunieron hasta trescientas personas, que desbordaron la capacidad del salón principal del edificio Fernández López

Camilo José Cela, Salvador Pániker, Victoria Armesto, Juan Cueto, Luís Racionero, Antonio B. Freijeiro, Manuel Díaz y Díaz, Luís Abellán?.Así hasta dieciséis reconocidos especialistas, que el director del curso dividió por su cuenta y riesgo en dos bandos dentro de su aquelarre priscilianista: los mágicos y los lógicos.

A última hora, el curso registró la ausencia de Gonzalo Torrente Ballester y por esa razón quedó en el aire la respuesta al enunciado de su esperada intervención “¿Qué puede pensar de Prisciliano un gallego de hoy?”.

Cela no desaprovechó la ocasión para dar rienda suelta a su fama bien ganada de enfant terrible de las letras españolas y dibujó a un personaje “?que se alimentó de dudas e ilusiones, pero también de lacón con grelos, de nécoras de la isla de Cortegada, de centollas de Sálvora y de lampreas de las pesqueiras de Herbón, y se llamó Prisciliano, nombre en cuya raíz latina reside la noción de antiguo, venerable noblemente vetusto. Descasa ya en paz”

Sánchez Dragó disfrutaba entonces del prestigio logrado con el impacto de su Historia Mágica de España. Górgoris y Hábidis, y durante su estancia en esta ciudad encandiló al público más joven, que le juró amor eterno.

“Desencajada para que todo pueda encajar en ella, ruinosa para que cada quien la restaure como le venga en gana, desteñida para que cualquiera la repinte con los colores de su próximo espíritu?”. Así quedó la figura de Prisciliano tras pasar por aquel curso que dejó una huella imborrable entre conferenciantes y asistentes. El asturiano Juan Cueto preparó luego una monografía muy cuidada que reunió los textos de todas las ponencias en un número especial de su prestigiosa revista Los Cuadernos del Norte.

Al finalizar la programación de aquel verano con los cursos sobre Rosalía de Castro y Curros Enríquez, que también contaron con destacadas intervenciones, el secretario general, Francisco Bobillo, expresó la satisfacción de la UIMP por superar el millar de alumnos.

El acto de clausura en el Museo sirvió de marco a la entrega de la medalla de oro de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo a Celso Emilio Ferreiro a título póstumo, que recogió su viuda, así como al principal impulsor de los cursos en Pontevedra, Luís González Seara, ya como ex ministro de Universidades e Investigación

Pasado el tiempo, la UIMP tuvo una segunda etapa igualmente brillante en el Pazo da Cultura desde el año 2000, bajo la dirección en Galicia de Ramón Villares, y con Xosé Fortes como coordinador de los cursos de Pontevedra. Eso ocurrió ayer, como quien dice, aunque ya casi es historia.

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