La materia de los sueños

Por: Eduardo Torres-Dulce.

Primera parte

El Halcón maltés está hecho con la misma materia con que se hacen los sueños” 

John Huston  (El Halcón Maltés) 

  • ¿No vas a vender?
  • No.
  • ¿Por qué no?
  • Porque no.
  • Esa no es una respuesta .
  • La mejor.

Rubén, el Tubos, movió la cabeza sonriendo un poco. Su perfil mediogitano se recortaba  sobre el azul del atardecer y la ligera bruma que pendía entre el mar y el horizonte. Más abajo se adivinaba la media luna del pueblo de San José.

  • Joder, es un montón de chatarra vieja.
  • Para ti.
  • Para cualquiera.

El Tubos tenía un taller mecánico en las afueras de San José. Mateo lo había conocido en los tiempos en que ambos trabajaban  en las películas que se rodaban en Almería. Según las malas lenguas el Tubos, amén de ser un buen mecánico no tenía empacho en trapichear con todo lo que tuviera que ver con coches, piezas de recambio, carrocerías . La gente acudía a su negocio le contaba su problema automovilístico, desde conseguir un coche concreto a un precio concreto o inconcreto a  intentar encontrar la pieza inencontrable para prolongar más allá de lo imposible la vida de su amado coche. Rubén decía sí o no y si era sí se ponía a trabajar. Había pasado una temporada a la sombra pero ni él ni nadie decían nada  al respecto. Caso cerrado y en boca cerrada no entran moscas.

  • Es un coleccionista .
  • Pues que coleccione sellos.

El mecánico abrió un paquete de Ducados y le ofreció uno al  otro que negó con la cabeza .

  • ¿Es que lo has dejado? 
  • Pues no lo sé; lo que me gustaba era fumar Camel, si era posible, siempre Camel, y si no Chester o Lucky; sin filtro. Pero ahora  con tantas zarandajas de filtros, de advertencias de muerte… No se ya si los fabrican o venden.  No sé, quizás estoy perdiendo afición.
  • Hombre, habérmelo dicho, que yo tengo un colega  que en esos tientos…

El otro se rió.

  • Ni te preocupes; son cosas mías. ¿Quieres otra copa?
  • Pero sin sifón, eh, sin sifón. Mira que eres raro, Mateo, tío . No conozco a nadie que tenga un cacharro de esos.
  • Pues me lo regalaste  tu.
  • No veas lo que  me costó.
  • No quiero enterarme ni cómo ni cuánto.

El otro  exhibió una dentadura blanca  que le daba en la sonrisa una especie de parecido al lobo de Caperucita.

  • Las cosas son como son… para los amigos. Pero estropeas el whisky con el sifón.
  • Eso decía un amigo mío de las películas . Cuando quiero agua pido agua, cuando pido whisky quiero whisky.  A mí me gusta darle un toque de sifón; seguir siempre las reglas es aburrido.
  • Pues echa vino  montañés que lo paga Luis de Vargas.
  • Ten cuidado , que los picoletos están muy vigilantes con lo del alcohol y la conducción.
  • Ná, ná, si ahora somos amigos . Les arreglo gratis los todo terrenos… como no les llega el presupuesto.
  • Quién te ha visto y quién te ve, Tubos…
  • Y sombra de lo que fui. La vida, macho, que  no te deja indemne y el que diga lo contrario  es un cabrón mentiroso.

Brindaron en silencio y se quedaron allí mirando como el sol se hundía en el Mediterráneo.

  • Buen licor.
  • El mejor, de malta e irlandés.

El Tubos  elevó el vaso con una sonrisa burlona .

  •  Up the Rebels!,  como nos decía el viejo Callahan en aquella película con el calvo Brynner

Se puso en pie y se estiró a gusto.

  • Entonces no hacemos negocio.
  • Que no.
  • Jodida chatarra.
  • No lo es .
  • ¿Qué no?. Vamos hombre. Un jeep del año de la tana y una furgoneta camión con las peores suspensiones que he visto en mi vida y abollones por todos los lados .  ¡Pero si no lo compraría ni el chatarrero ese  de Madrid que sale en los papeles!
  • No lo entiendes, Rubén. Y no  es una furgoneta camión . es una camioneta o como se diga.
  • ¿Qué tengo que entender?
  • Una vez leí algo sobre que hay ciertas cosas que están hechas del material de los sueños . Luego me dijeron que era  de Shakespeare.
  • La jodimos, tía María . Si resulta que esa chatarra es eso, entonces es mejor no insistir porque me huelo que al final me la endosas por una pasta y me quedo a la luna de Valencia  sin margen para sacarle lo chipén al membrillo del coleccionista.

Esa noche Mateo Sotés se dio un paseo  hasta la nave en la que guardaba un montón de cosas sin orden ni concierto. Retiró las lonas y contempló el jeep de color marrón verdoso y  la camioneta del mismo color.  El  jeep tenía un faro roto  con el cristal protegido por una fina malla de hierro. Abrió la puerta e intentó cerrarla hasta  que se acordó de lo que decía Hardy,  dale una patada. Luego pasó con cuidado la mano por los abollones  de la camioneta, sintiendo el polvo acumulado   y abriendo la puerta se sentó al volante . De la materia, del material de que están hechos los sueños. O no. Meros recuerdos  de un tiempo ido. Un tiempo siempre joven o quizás es que entonces todo era joven   en California  a comienzos de los años 60.

Segunda parte

Estaba  apoyado en el mostrador  de la furgoneta food truck   que Theresa  y su chica movían  al compás  de las carreras del circuito del Desierto . La cerveza estaba muy fría y yo estaba mortalmente cansado . De vez en cuando escupía parte de la  tierra del desierto del Mojave. Como tenía los ojos cerrados  al principio solo oí su voz. Una voz muy americana, un poco gangosa, nasal .

  • ¿Podemos hablar?

Un tipo de algo más que la estatura media, de cara redonda, con el pelo raleando desde la frente al centro de la cabeza , la cara surcada por mil arrugas, la tez bronceada por muchas horas al sol y unos ojos que se adivinaban vivaces bajo unas gafas de sol de pasta . Sostenía un trabajado panamá entre sus manos 

  • Claro. ¿ Una cerveza?

El otro negó con la cabeza . 

  •  Me llamo Helmick . Paul  Helmick . Mi amigo y yo hemos visto la carrera.

Su amigo era un tipo muy alto, con el pelo canoso muy corto , unas gafas de aviador de color verde impenetrable, una cazadora de marca,  ligera que dejaba ver un polo amarillo y que me miraba  de una forma impasible. Si no hablaba parecía una estatua.

  • Nos preguntamos si le interesaría un trabajo .

Me pareció calarles. Unos aficionados que se habían  inventado un coche, una maravilla  sofisticada que volaba ruidosamente  y querían un pardillo que lo probara y se estrellara con el invento.

  • Ya tengo trabajo . Estoy en el circuito de carreras. No me va mal.

El tipo alto pidió dos cervezas a Theresa, recalcando  que estuvieran muy, muy frías. Así que la estatua tenía voz. Una voz grave que sonaba con la autoridad de un tipo acostumbrado a mandar. Me alargó una cerveza y bebió de la suya .  

  • Ya lo hemos visto. Buena carrera. A Helmick  le gustaba más  el  38. Usted es mejor .
  • Chuck entiende del negocio, amigo,  Perry  Nielsen ha ganado.

El tipo alto bebió otro trago largo. Se quitó las ray ban. Tenía unos ojos azules  que oscilaban entre la frialdad  de un reptil  y la intriga  de algo oculto.

  • Usted me recuerda  a un amigo. Vic Fleming. Hace mucho tiempo competíamos con coches que fabricábamos nosotros mezclando cosas de diversos modelos . Una vez ,  las pistas era  de arena , polvo o barro , ya sabe,  le eché fuera de la pista . Acabó enterrado entre lechugas . Cuando acabó la carrera, se vino hacia mi ,  me soltó un directo a  la mandíbula y me mandó a  la lona. Luego me dio la mano y me advirtió. “ No vuelvas a  intentarlo, porque la próxima vez , no volverás a la pista”. Me dio la mano y me ayudó a levantarme. Me sacudí el polvo y le dije que tenía que decirle algo. Le aticé un buen golpe. Nos hicimos amigos para siempre.
  • Yo no corro así.

Su risa era sincera e irónica  y tan grave No creo que lo hiciera con frecuencia . Exhibió tres dedos.

  • Tres veces. En la curva de los nopales , en el zigzagueo  de las dunas  y en la última curva. A otros tres pilotos. A usted le divierte pilotar . Es bueno . Me gusta que se divierta  haciendo su trabajo . Y está vivo.
  • Bueno , no estoy muerto, eso sí.
  • Solo los buenos sobreviven; si hacen bien su trabajo.
  • Pero he perdido.

Sus ojos azules relampaguearon casi imperceptiblemente.

  • No. no lo ha hecho. No ha querido ganar.
  • ¿Pero qué dice? No le tolero que piense que yo …

Chasqueó los dedos  y el otro le tiró un folleto. Lo abrió con rapidez y me lo tendió . Su dedo parecía una pistola apuntando a mi cabeza.

  • No. No es un tramposo. Ni creo que esté mezclado con apostadores. Si es así , no me interesa. Es un buen estratega . La carrera importante es la de Palm Springs  en quince días. Nielsen y los otros  han sacado una impresión equivocada de usted. Les espera en Palm Springs.

El otro tipo  se aproximó al mostrador  y pidió un refresco.

  • ¿Tiene permiso de trabajo?
  • ¿A qué viene eso?
  • A que habla muy bien el inglés pero no es americano. Ni british. Y ese apellido – se trabucó en el apellido, Sotés-. ¿Mejicano?
  • Español.
  • ¿Tiene o no tiene permiso de trabajo?
  • Depende. En realidad estoy estudiando en USC.
  • ¿Depende?
  • De qué trabajo se trate y de quién hable donde haya que hablar.

El tipo alto volvió a calarse las gafas de aviador y echó a andar.

  • Me llamo Howard  Hawks. Pregunte por mi en la Paramount. Voy a rodar una película  con Duke Wayne  en África.

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