Malos tiempos

Malos tiempos, sí, para muchas cosas, y no sólo para la salud. Hay otros virus igual de dañinos y más difíciles de atajar. No atacan fisiológicamente a los pulmones, pero también impiden respirar a quienes se consideren personas dotadas de libre albedrío y no monigotes manejados como marionetas por los embaucadores que empuñan los hilos del poder. 

La libertad de opinión y, consecuentemente, de expresión es el oxígeno de la sociedad y de la individualidad. En los últimos tiempos, al socaire del estado de cautiverio impuesto por razones sanitarias que cada vez son más confusas, hemos visto cómo la práctica totalidad de los grandes medios de comunicación acataban, con disimulo o sin él, las consignas gubernamentales, empresariales e ideológicas dictadas por los intereses de quienes sólo piensan, a corto plazo, en su medro personal. Son ya muchos los periodistas inmolados por ser voces acertadas o no, pero libres, incómodas, valientes e independientes.

No es menester citar nombres. Seguro que los lectores de La Retaguardia los conocen. El mío figura por partida doble en esa lista negra, pero eso es lo de menos. Lo de más es la creciente deserción de quienes hasta hace poco se informaban a través de las grandes cabeceras de prensa, radio o televisión, y ahora, decepcionados, escarmentados  e incluso asqueados, emigran hacia vehículos de información en los que no todo es trigo limpio y en los que es cada vez más difícil, por no decir abiertamente imposible, discernir entre los bulos interesados, las fake news y las noticias veraces o, por lo menos, no intencionalmente deformadas por las servidumbres que las necesidades económicas imponen y que sólo desaparecerán si la prensa recupera su independencia y, con ella, su credibilidad.

Las grandes cabeceras en cuestión están en caída libre de ventas y en abierta fuga hacia esa res nullius que es la extinción. La prensa vendida, valga el retruécano, empieza ya a ser la menos vendida y, por supuesto, la menos leída. La Retaguardia nació para recuperar, en medio del fragor de semejante catástrofe, el periodismo a la antigua usanza, gobernado por la deontología, que yo, por razón de edad, alcancé a conocer y con el que la señorita Nouvelle Vague, que llegó a él cuando ya sus luces se habían apagado, soñaba en su niñez.

Hasta aquí, por lo que a nosotros hace, hakuna matata, como diría el Rey León, pero el presente y, sobre todo, el futuro inmediato de La Retaguardia se complican precisamente por lo mismo que, vocación de servidumbre aparte, ha conducido a los grandes medios de comunicación, y no digamos a los modestos, al callejón de difícil salida en que se encuentran. Este semanario, que nació sin invertir en él un solo euro, y en el que nadie, incluyéndome a mí y a su subdirectora, ha percibido emolumento alguno, necesita encontrar un mecanismo de rentabilidad, por mínimo que sea, para no echar el cierre dando la batalla por perdida. Ése es el motivo que alienta en esta larga introducción por la que pido disculpa a los lectores. 

Nouvelle Vague y yo estamos, literalmente, exhaustos y a punto de tirar la toalla. La Retaguardia nos obliga a trabajar los dos de sol a sol los siete días de la semana. No exagero. El problema no estriba sólo en la gratuidad de tal tarea, sino en la imposibilidad de atender a otras que nos permitan ganar algún dinero. No mucho. Somos frugales, pero nuestra respectiva situación económica empieza a ser insostenible. Sería una lástima y una dura desilusión, para nosotros, para quienes a cambio de nada nos envían sus colaboraciones y también para los lectores dar por terminada una aventura que viene a llenar un vacío, que parece agradar a todo el mundo y que en algunos de sus números ha alcanzado picos de ochenta y tres mil lectores.

Este editorial es una petición de ayuda y de consejo lanzada al mar en una botella. Nouvelle Vague y yo sólo somos escritores y periodistas, periodistas y escritores, y nada más que eso. No tenemos vocación empresarial, ni arrestos profesionales, ni la más mínima idea de cómo conseguir ese mínimo de rentabilidad a la que más arriba he hecho referencia. ¿Suscripciones, subvenciones, muro de pago, crowfunding, patrocinios, publicidad? ¡Uf! Todo eso nos supera. Verán ustedes que en este duodécimo número del semanario se incluyen algunas tímidas intentonas publicitarias ‒banners creo que se llaman‒ conseguidas por vía de amistad y a título momentáneamente gratuito. Si sirven para algo, y entre otras cosas para dar ejemplo, es cosa que ya se verá. En el próximo número hablaré de algunos de los productos anunciados, pues al menos tres de ellos ‒el Sumo reishi, el Homo erectus y el DSO‒ forman parte de mi devocionario de salud. Ésta ha sido siempre objeto de mis intereses literarios y de lo que en el título de uno de mis libros más recientes llamé, no sin cierta exageración, elixir de eterna juventud (Planeta). ¿Nos echan una mano? Si, como dice un refrán, del enemigo, el consejo, más válido aún será éste si procede de los amigos. Sigan ustedes con lo dicho: con salud. Quedamos a la escucha.       

12 comentarios sobre “Malos tiempos

  1. Queridisimos amigos.
    Me llamo Rafael, de Madrid. Solo deciros lo poco que se me ocurre.
    ¿Conoceis a Cesar Vidal? Desde hace varios años hace un programa online que yo escucho a diario para enterarme medianamente de lo que pasa en España y en el mundo. Se llama “La Voz” y para escucharlo basta con teclear su nombre en. Google (en el ordenador o el móvil). Lo hace desde Miami, con enorme audiencia en el mundo hispanohablante. Se sostiene con un crowfunding anual que este año ya ha recaudado mas de 100.000 dólares en solo 15 días. Claro que él. cuenta con un
    experto en informática que le lleva todo el tinglado.
    De una u otra forma (suscripción u otras) contareis con mi entusiasta contribución. Todo con tal de no perderos.
    No desfallezcáis por favor. El más afectuoso de mis saludos

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  2. Sobre todo no tiréis la toalla. Me gustaría ayudar, aunque soy un jubilado y con recursos limitados.
    Interesante la respuesta de Rafael Cámara. Puede ser un camino para captar recursos. Contar conmigo
    Saludos cordiales.

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  3. También soy jubilado y no tengo más ingresos que mi pensión, pero estoy dispuesto a cooperar intelectual y económicamente en lo que sea necesario, hace falta canalizar todos los esfuerzos. Coordinemos nuestros esfuerzos.

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  4. Sentiría enormemente que desapareciera esta isla de libertad.
    Solo hay que conseguir dinero: Publicidad, suscripciones o pago por conexión. Hay que pedir ayuda a una empresa de marketing dispuesta a correr el riesgo y en caso de éxito, participar en el resultado.
    Ochenta mil lectores es el comienzo.

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  5. Ochenta mil lectores está muy bien para el tiempo que lleva en marcha el periódico. Eso un periódico de nueva planta, quiero decir hecho por un desconocido, llevaría muchos años de arduo trabajo conseguirlo y puede que nunca lo consiguiera. No sé mucho de esto, pero creo que si llega a los doscientos mil las posibilidades de rentabilidad son reales. Pero hay que saber cómo conseguirla y hacer las cosas bien. Puede resultar interesante leer al respecto, por ejemplo, el artículo CÓMO GANAR DINERO CON UN BLOG, escrito por Berto López en su blog Ciudadano2cero.com. Saludos y buena suerte.

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  6. No os desmayéis, admirado don Fernando, desde aquí, Lima-Perú le seguimos fervientemente.
    Vuestro talante periodístico nos recuerda que siempre es posible jugarse por los demás, encarnar a los demás, dejar la cárcel maldita de los individualismos. De allí la incondicional admiración que se le tributa permanentemente por estos lares. Nadie le podrá arrancar la investidura que la gente de bien le ha dado.
    Díganos el número de cuenta corriente o de ahorro de Diners Club International.
    Un afectuoso abrazo.
    Jorge Godenzi

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  7. Hay muchas maneras, Fernando, pero hay que pagarlas para generar tráfico en el blog, es decir, ingresos.

    De todas formás, vas a un ritmo muy bueno para acabar de empezar.

    Te dejo algunas ideas:

    Comparte en redes sociales: Facebook, Twitter (siempre que publiques, dilo en tu Twitter), LinkedIn. Hay una opción para habilitar esto.

    Los vídeos o imágenes, sobre todo si son buenas hace que los robots de Google lo suban.

    Lo más importante es el SEO o posicionamiento (odio esta palabra) en buscadores como Google y otros, pero esto te lo tiene que hacer alguien.

    Las suscripciones son importantísimas.

    Los posts (artículos) de invitados o guest post. Si escribes en un blog con muchas visitas que no es el tuyo, atraerás tráfico al tuyo.

    Responde siempre a los comentarios.

    Si te funciona, ya invitaréis a algo 🙂
    Un saludo,
    Livia

    Me gusta

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