Motivos de esperanza

Por: Fernando Sánchez Dragó.

Haberlos, a mi juicio, haylos, como de las meigas se dice en Galicia. Vaya por delante que aventuro cuanto en esta columna sugeriré a titulo sólo de eso, de sugerencia, pues mi opinión es la del hermano lego que a veces se atreve a llevar la contra al padre prior. Y si la marcha de la pandemia me obliga a comerme lo escrito, lo haré. Creo que el gobierno se equivoca al haber añadido una prórroga el estado de cautiverio. Son muchos los motivos que me llevan a formular, dicho sea con palabras de Rubén Darío, este canto de vida y de esperanza. Tengo la impresión, aunque no la certidumbre, de que el coronavirus ya se bate en franca retirada y más aún lo hará en los meses de saludable calor que se avecinan. El prestigioso, aunque  polémico y discutido doctor marsellés Didier Raoult ‒busquen su estatus y trayectoria en las fuentes informáticas de rigor‒ asegura que el coronavirus, como todos los virus, sube hasta un determinado pico y luego se pone a bajar hasta desaparecer, que es lo que está haciendo en la actualidad. Estadísticas elaboradas por un equipo de matemáticos de Singapur preveían para España las siguientes fechas de extinción de la pandemia: el 97% para el 14 de mayo ‒ya pasó‒ y el 100% para el 17 de agosto, que está por llegar y, de paso, por ver si la Virgen de la Asunción obrará ese milagro dos días antes de tal fecha. Eso, según el doctor citado, significa el fin definitivo de la pesadilla en verano, pues afirma categóricamente que es un invento la posibilidad de que en otoño se pueda producir un rebrote. Niega, además, que para evitar la propagación de la epidemia sea necesario que el 70% de la población tenga anticuerpos. Si lleva o no razón, el tiempo, muy pronto, lo dirá. Yo sólo puede citar lo que dice y acogerme a la esperanza de que resulte cierto. En Japón, por otra parte, aseguran que la tuberculina protege de la infección. En España, estudios realizados en el Gregorio Marañón, analizan las razones de que entre los enfermos crónicos de sida se registren muy pocos casos de Covid. En Italia hacen lo mismo al constatar que entre las personas de ochenta y muchos años para arriba, inmunizadas al hilo de tan larga vida por el contacto con toda clase de virus, apenas hay fallecidos. Otra autoridad sanitaria de ese país ‒el director del importante hospital San Raffaele‒ sostiene que el virus es ya tan débil que, clínicamente, ha dejado de existir. Veremos. Seguiré indagando y confiando. Sursum corda.

Publicado en La Razón el día 7 de junio de 2020.

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