Santiago Posteguillo: “Lo que los gobiernos desean es que no leamos y que reduzcamos la interacción personal porque así la gente es más manipulable”

El escritor, profesor y ganador del Premio Planeta 2018 por su novela Yo, Julia, ha concedido una entrevista a La Retaguardia. Posteguillo, que ha rescatado del olvido la vida y la memoria de la emperatriz más poderosa de la antigua Roma, repasa el contenido de su último libro, Y Julia retó a los dioses, y traza un curioso paralelismo entre lo que sucedió hace dos mil años y lo que acontece, hoy, en nuestra sociedad.

Su último libro Y Julia retó a los dioses, aborda una serie de temas que están muy de actualidad: cáncer, pandemias, luchas de poder, xenofobia… ¿Casualidad?

Cuando escribo sobre Roma siempre tengo la sensación de que estoy narrando la actualidad. En Y Julia retó a los dioses, aparecen, efectivamente, males como el de la xenofobia, porque ella era siria y las élites romanas la despreciaban por ser supuestamente extranjera. Ella, además, era una mujer en un mundo de hombres. También aparece el cáncer contra el que la protagonista lucha… Pero te puedo garantizar que cuando estaba escribiendo toda la parte del virus de la viruela, que los romanos denominaban peste, pero que sabemos por la descripción muy detallada de los síntomas que hacía Galeno que eran brotes muy virulentos del virus de la viruela, no podía imaginar que también por eso la novela iba a estar muy de actualidad.

La primera, y la que le dio el Premio Planeta, fue Yo Julia. ¿Qué evolución sigue esta saga?

La segunda, la de Julia retó a los dioses, es una segunda parte que se puede leer independiente de la primera porque lo que encontramos es una emperatriz en el cénit de su poder, viendo lo difícil que es mantenerse en el mismo. Y en la primera parte se explica cómo esa mujer llega al poder. Pueden leerse cronológicamente o no, pues en la segunda parte Julia lucha por mantenerse en el poder y mantener a su familia. La primera puede funcionar como un flashback o una analepsis que explica la evolución que Julia experimenta en la segunda fase.

Julia es un personaje muy interesante. Capaz de apostar por la política y anteponerla a la maternidad y a otras cuestiones personales. Esta novela cae también en pleno auge de Me too. ¿Más casualidades? 

Yo diría que Julia es lo que hoy en día se llama animal político. Era una mujer de estado que tenía muy claro que lo primero era el gobierno, el control del poder y a que a eso se tenía que supeditar todo. Y en esta novela hay una serie de situaciones muy brutales, dentro incluso de la propia familia imperial, y pase lo que pase, lo que en ella prima siempre es lo que sea más práctico para que la dinastía se mantenga en el poder. En cuanto a lo del Me too. Eso ha sido casual y no. Me explico: es casual la coincidencia exacta. Yo soy un escritor y los escritores somos, como decía Ana Merino, ganadora del Premio Nadal, seres porosos. Lleva razón. Lo que pasa alrededor, lo que ocurre en el entorno social, nos influye. Aunque el feminismo lleva entre nosotros mucho tiempo, aún quedan algunas cosas por conquistar y en mí ha calado la cuestión de conseguir esa igualdad entre hombres y mujeres. 

Entonces tiene en mente seguir escribiendo sobre personajes femeninos e históricos. 

Ocurre una cosa muy curiosa. Cuando publiqué mi primera novela, Africanus: el hijo del cónsul, una compañera de la Universidad Jaume I de Castellón, donde imparto clase, me dijo que le había gustado. Pero me lo dijo con ese tono que sabes que, después de las felicitaciones, hay un pero. Y el pero, en su opinión, era que los personajes femeninos no se habían visto tan desarrollados como los masculinos. Reflexioné y me di cuenta de que llevaba razón. No lo hice con ninguna intención, pero sí por pura inercia. Me explico: yo siempre trato de buscar equilibrios en lo que escribo, pero es cierto que al dejarme llevar por las fuentes clásicas escritas sólo por hombres, son los papeles masculinos los que están en el foco. Desde esa primera novela intenté, cada vez más, escarbar en las fuentes para encontrar esos personajes femeninos. Decidí, años después, escribir Yo, Julia y como gustó tanto quedaba mucho por contar, preparé la segunda parte. En definitiva, he ido evolucionando con la sociedad y me interesa cada vez más rescatar personajes femeninos de la historia de Roma. 

Supongo que no sólo lo hará en literatura. Hay otras vías.

En efecto. Puedo hacerlo de otra forma y, de hecho, estoy preparando una serie Movistar, que se va a titular El corazón del imperio. Serán seis episodios donde recuperaremos la historia de grandes mujeres de la Antigua Roma. Unas muy conocidas y otras menos. Hemos preparado los guiones durante la cuarentena. El director, que es Israel del Santo, ya está con los castings y vamos a ver si conseguimos rodarla para que se estrene en el 2021. Yo haré de presentador e introduciré a los personajes que encarnarán las actrices. Creo que puede ser algo entretenido y curioso. 

En este libro se percibe un mensaje indirecto, pero bastante claro, sobre lo que pasa hoy en día. La narración se remonta dos mil años atrás, pero deja ver que quizá no hemos avanzado tanto como pensamos. 

Lo que ocurre es que aunque evolucionamos tecnológicamente y estemos ahora haciendo una entrevista a través de teléfonos móviles, y podamos conectarnos vía zoom o Instagram, aunque todo eso le suba la tensión a Fernando Sánchez Dragó como vimos en el directo que hizo con Ayanta Barilli, yo estoy con él. Me pongo totalmente en contra de estos sistemas. En la universidad, por ejemplo, estoy haciendo teledocencia y es el horror. Pese al avance tecnológico, la naturaleza humana y los sentimientos universales como el amor, el odio, la lucha por el poder, la lucha de género, aún permanecen en el tiempo. Aunque escribas de hace mil ochocientos años como es el caso de Julia, todos los sentimientos citados siguen existiendo de la misma forma.

Julia también se enfrenta a una traición interna del sistema. Algo que en estos días empieza a ser habitual en nuestra sociedad. ¿Qué ocurre exactamente en el libro?

Julia es la emperatriz de Roma y está en el poder, pero se enfrenta, por un lado, a la traición  dentro de la corte imperial porque siempre hay gente alrededor del emperador que desea suplantarlo y hacerse con el poder. Tiene que luchar contra esas traiciones que veces su propio marido no ve, y eso es lo más complicado: buscar fórmulas para impedir la traición sin ni siquiera poder contar con la aquiescencia del propio emperador. Y peor aún que todo eso es lo que anticipa el subtítulo de la novela: Julia ha de enfrentarse a la traición de un hijo trastornado para poder mantener a la dinastía en el poder. 

Me gustaría hablar de Galeno, otro personaje importante del libro. Es él quien trata la llamada Peste Antonina. Para muchos supuso el inicio de la decadencia del Imperio. Eso es algo a lo que podemos ser especialmente sensibles hoy, cuando la epidemia del coronavirus amenaza con debilitar el mundo y exacerbar los populismos. 

Eso, en efecto, no ha desaparecido. De hecho yo creo que la gente no es aún consciente de lo que se nos viene encima. No ya por el coronavirus en sí mismo, sino por la gestión de la epidemia que se ha hecho en muchos países. Yo creo que no se ha sabido encontrar el adecuado punto de equilibrio entre los tres vértices de un triángulo: por un lado está la urgencia o la emergencia sanitaria, que es evidente que ha sido grave porque ahí están los muertos. Por otro lado encontramos la economía. Y por otro la libertad. Para mí las tres cosas son igual de importantes. Tener salud sin dinero y sin libertad, no me vale. Tener dinero sin salud y sin libertad, tampoco. Y tener libertad sin salud y sin dinero, menos aún. No se ha sabido buscar el punto de equilibrio y nos hemos movido por una sensación de urgencia. Mafalda dice en una de sus tiras unas frase lapidaria: “Lo urgente nunca deja tiempo para lo importante”. Y aquí, con la urgencia, se nos han olvidado algunas cosas. 

¿Somos conscientes de lo que se nos puede venir encima? 

Lo que se nos viene encima es enorme. Y lo que más miedo me da es que no se haya aprendido nada, que a la mínima que vuelva a haber un brote la clase política en su conjunto, e incluyo a todos y cada uno de los partidos políticos de este país, vuelvan a caer en lo fácil. ¿Por qué siguen cobrando por completo su sueldo? ¿Por qué no han tenido un gesto con la sociedad española limitando el cobro de sus sueldos cuando la gestión en su conjunto es claramente mejorable? Tengo mucho miedo de que vuelvan a dedicarse a destrozar la economía y atropellar todos los derechos fijándose solamente en un vértice del triángulo: en el de la salud. Me pregunto qué habría sucedido si tuviésemos un sanitario por cada asesor político. Con el SARS-2 nos gastamos un dinero en vacunas que luego no hizo falta. Y ahora hemos llegado al otro extremo. Ojalá no volvamos a caer en el error de quitar libertades y estropear la economía.

¿A favor o en contra del confinamiento?

Verás, hace poco leí lo que Michael Levitt, Premio Nobel de Química de la Universidad de Stanford, dijo al respecto. Podremos estar de acuerdo o no, pero creo que es bastante acertado lo que dice. Él sostiene que el confinamiento acabará por causar más muertes que el no confinamiento en la medida en se incluyen otro tipo de factores: gente que cae en depresión, violencia de género en los meses de confinamiento, deterioro económico, personas que pierden su trabajo, hambre, desastre social… Evidentemente, este señor aboga por proteger, como es lógico, a los sanitarios y a utilizar mascarillas cuando proceda. Pero en ningún caso sostiene que parar la economía como resultado del confinamiento haya sido la mejor solución. Yo creo que hay otras opciones. E insisto: propondría que todos los diputados y senadores devolvieran los sueldos que han cobrado durante el Estado de Alarma. Si no han estado a la altura, por lo menos que devuelvan el dinero. 

Volvamos a la serie que prepara con Movistar. Eso es también una manera de reinventarse y llevar la cultura a un público más amplio. 

Recuerdo que Víctor Hugo, antes de escribir Nuestra señora de París, había publicado un ensayo contra los demoledores y las demoliciones porque en el siglo XIX, en Francia, se estaba llevando a cabo una guerra contra los monumentos góticos por ser considerados arte prerrenacentista y, por lo tanto, al ser clásicos, no merecían la pena. Se cargaban, por ejemplo, las grandes vidrieras decorativas y las cambiaban por unas de alabastro que dejaban entrar más luz. Víctor Hugo descubre que con ese ensayo no llega a la gente y escribe Nuestra señora de París, donde Nôtre Dame, que lamentablemente luego ha sufrido lo que ha sufrido, se transforma en un personaje. A partir de ahí los parisinos ya no permiten que nadie toque la catedral. Te digo todo esto porque, aunque con la novela puedes llegar a la gente, aún se puede llegar más lejos con las series de televisión. En la pandemia hemos visto cómo ha subido el consumo de ese tipo de productos. Todo, absolutamente todo, está guionizado. Por eso no se puede vivir sin escritores: los libros, las series, los videojuegos, el teatro… Las personas no se dan cuenta de que detrás de todo el contenido cultural siempre hay un escritor. 

¿Cómo afectará esta pandemia al mercado editorial? 

No sé muy bien qué va a pasar, pero sé que todo va a quedar tocado durante algún tiempo. La capacidad de recuperación de cada uno de los sectores va a ser difícil de calibrar y lo tendremos que ir viendo. De todas formas, ahora que mencionas el mercado editorial, hay una cosa que me ha dolido mucho: vivir en un país donde se hace un Boletín Oficial del Estado y se pone como actividad esencial el tabaco, pero no la lectura y las librerías. Y eso no me parece bien, porque en otros países, véase Alemania, la lectura sí que estaba por delante o, por lo menos, al mismo nivel. Yo no me meto con la gente que fuma moderadamente o en lugares donde esté permitido, lo que no entiendo es que se considere como algo esencial. Sólo puedo pensar que no se quiere que se lea. Y estoy muy harto… En cuarenta años de democracia, ningún político ni partido, fuese del color que fuese, ha hecho realmente nada efectivo por la lectura más allá de llenarse la boca de palabras bonitas el día de la Feria del Libro. Esta situación, además, es coherente con otra cosa que me parece atroz: si pensamos que es más importante el tabaco que la lectura, es normal que pensemos antes en llenar los estadios de fútbol que las escuelas. Y este es el país en el que estoy. 

¿Cree que el futuro del mercado editorial, de las librerías, de los escritores, tendrá que dar un giro y cambiar lo que hasta ahora conocíamos como normalidad? Serán viables las presentaciones, las ferias…

No. Yo me rebelo completa y totalmente contra ese atroz término inventado de nueva normalidad. La nueva normalidad me recuerda a 1984, Orwell, la neolengua, el nuevo lenguaje. Esto es la teoría de Sapir-Whorf en lo que atañe a la lingüística. Lo que se viene a decir es que el lenguaje que utilizamos, de alguna forma, transforma lo que pensamos. Es decir, si transformamos el lenguaje, transformamos el pensamiento. Esto se puede hacer y en sí mismo no es malo. Es como todo en la vida. Depende cómo se utilice. Se transforma el lenguaje y se dice juez y jueza porque creemos que es un bien social superior por la igualdad de género. Pero cuando me quieren vender un término como nueva normalidad, poniendo delante de normalidad un adjetivo tan positivo y bonito como nuevo, lo que se quiere es que admitamos una serie de pérdidas de libertades en función de algo que quieren que nos suenen bien. Yo prefiero hablar de normalidad provisional o temporal, pero no nueva. Hay que volver a la normalidad de antes. Y el mercado editorial ha de volver a ella. Otra cosa es que incorporemos más rápidamente nuevas tecnologías como ya íbamos haciendo, pero estoy convencido de que las presentaciones presenciales tienen  un valor insustituible por el contacto interpersonal. La magia del teatro es ver a los actores que delante de ti están representando. Aunque incorporemos más presentaciones por Instagram y cosas de ese tipo, no debemos de caer la tentación de  pensar que eso debe sustituir a lo otro. Lo que los gobiernos desean, y de eso estoy convencido, es que no leamos y que reduzcamos la interacción personal, porque así la gente es más manipulable. Yo quiero volver a los abrazos y a los besos. Acepto que, por un tiempo, tengamos que admitir una prevención y prudencia razonable sobre los mismos, pero no puede ser algo permanente.

Como escritor,  ¿le ha afectado o beneficiado este confinamiento? 

Uno podría pensar que el estado de confinamiento es el estado natural de un escritor, pero vuelvo a lo que comentaba Ana Merino. Yo escribo mejor y más cómodo cuando estoy en libertad propia y elijo, voluntariamente, confinarme en mi casa de la montaña, donde estoy ahora, con mi biblioteca y sabiendo que los niños están en el parque o en el colegio, que la gente si quiere se vaya a tomar unas cañas y que nadie tenga enfermos en su entorno vital ni miedo a perder el trabajo. Yo escribo relajado y me saldrá mejor o peor, pero lo hago a mi gusto. Escribir cuando sabes que la gente tiene familiares enfermos, que la gestión no está siendo muy brillante, que la economía va a sufrir un retroceso enorme y que la gente está asustada por miedo a perder el trabajo, es más difícil. Aún así lo he hecho, porque, por un lado, es mi vida y necesito escribir. Y, por otro, porque lo que yo escribo creo que entretiene a mucha gente. Y Julia retó a los dioses ha sido una de las novelas más leídas durante este confinamiento. Entonces está bien que yo utilice este tiempo para crear más contenidos, pero espero que no para ser leídos en otro confinamiento, sino para que acompañen a la gente en momentos mejores, en la playa, o de vacaciones en un barco. Y, además de los guiones, estoy trabajando en otra novela sobre la Antigua Roma, así que se preparen los lectores porque amenazo con seguir haciendo lo que me gusta y a ellos, por lo que parece, también.

3 comentarios sobre “Santiago Posteguillo: “Lo que los gobiernos desean es que no leamos y que reduzcamos la interacción personal porque así la gente es más manipulable”

  1. Maravillosa entrevista… Gracias a Dios que todavía existen seres pensantes… Es espectacular (por omisión) el número de artistas/escritores/pensadores/gente de la cultura, en general, en este país… que no se atreven a abrir la boca sobre este intento salvaje de inocularnos esta “nueva normalidad” orwelliana… Por favor, escritores y gente con relevancia pública en este país… abran la boca, manifiéstense, ahora que hace falta. Por los que no pueden hacerlo.

    Me gusta

  2. Una interesante entrevista, especialmente lo de la nueva normalidad. Me recuerda la teoría de que cuando a determinados sustantivos les pones un adjetivo delante, malo. La normalidad es la normalidad, no hay otra, y si le pones un adjetivo, sucede que para que no sean dos (la que no lleva adjetivo y la que sí lo lleva), ¿cuál es la que se mata, la verdadera o la falsa?

    Me gusta

  3. Afortunadamente, le quedan fuerzas a uno para la ironía. Ya veremos las fuerzas lo que duran, pero mientras tanto gaudeamus igitur. Esta frase del antiguo canto universitario alemán en latín <> (Sobre la brevedad de la vida) exhorta a intentar disfrutarla mientras se pueda, y si bien se piensa, no hay mayor “disfrute” vital que el del vivir sin miedo. Tanto el humor como su hija la ironía ayudan a ello. Vayamos por tanto allá. La nueva normalidad trae consigo un amplio abanico de posibilidades y quienes se resistan a verlo así, dicho sea sin ánimo de ofender, son unos trogloditas. Ya se sabe: renovarse o morir, y nunca mejor dicho lo de morir. A mí me cuesta estar cada día un poco más muerto de miedo que el anterior pero menos que el siguiente, porque me preocupa palmar de tanta acumulación de miedo en el cuerpo, pero si hay que racionalizarlo, o sea, no extirparlo y tirarlo a la basura, sino hacerse uno un ser racional y racionalizar el miedo, como se repite que hay que hacer (“racionalicemos el miedo”), pues se racionaliza y ya está, qué collons, que no digan que es uno un asno y un irracional. Y si se palma en el intento, pues “mala suerte, amigo; así es la vida; se siente, pero bye-bye”. Si se palma en el intento, pues nada: arreando que es gerundio.

    Me gusta

Responder a Marcelino Valero Alcaraz Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: