¡Socorro! ¡Aiuto! ¡Help!

Son las diez y media de la noche del martes previo a la salida del duodécimo número de La Retaguardia. Quedan, por tanto, menos de veinticuatro horas para que ustedes lean lo que yo, ahora y a toda prisa, tecleo. Estoy de mal humor. No me gusta escribir con urgencia. Y esta columna, este editorial, debería ser, precisamente, mi niño mimado. Pues no lo es. Se me pasan las horas, el trabajo se multiplica y… Durante este confinamiento he trabajado más que en toda mi vida: he sacado, junto al director, este semanario, he terminado un libro, he leído y me he dedicado a otras tareas no menos importantes. La Retaguardia, que es lo que ahora nos ocupa, se ha hecho mayor. Ha crecido, pero sigue dando más trabajo que un recién nacido. Si ustedes supieran la de horas semanales que invertimos en este invento, se quedarían de muestra. Pienso ahora, con cierta ofuscación hacia mi persona, que quién me mandaría a mí seguir las ideas del director. ¡Fundemos un semanario!, me dijo con su habitual verbosidad persuasiva y gracia en el hablar cuando aún estábamos encerrados como ratas, allá en el mes de marzo. Y a mí, que basta con que me toquen un poco las palmas para que me lance a la aventura, dije que sí. Y aquí estamos, doce semanas después con un semanario que roza los ochenta mil seguidores en sus mejores números y cincuenta mil en los peores. Una revista distribuida en secciones que pueden interesar mucho, poco o nada, pero que nosotros hacemos con un único objetivo: recuperar el periodismo de antes, el de verdad, defender los libros, el cine, la cultura, la incorrección, los tiempos que se fueron para nunca más volver… Menos mal que el director me lo ha puesto fácil. Acabo de editar su escrito y voy a acogerme al sacrosanto derecho de pedir ayuda. Somos, como él dice, escritores y periodistas. Nada más. No tenemos ni idea de finanzas ni de economía. Todo eso nos suena a chino, pero debemos hincar los codos y ponernos firmes para rentabilizar este semanario. De lo contrario, La Retaguardia cerrará sus puertas e irá cayendo, poco a poco, en el olvido. Será un bonito recuerdo, una muesca más en nuestras respectivas culatas. No quiero seguir pensándolo. No quiero que eso suceda. El Avisador Numantino ya lo ha hecho y ahora es la Señorita Nouvelle Vague quien pide, siempre sin perder el estilo afrancesado, ayuda. Si alguien de los muchos lectores que tiene este semanario quiere ofrecer su auxilio, su ayuda, su protección, sus ideas, su buena intención o sus planes de rentabilizar un monstruo como el que tenemos entre las manos, abriremos nuestros brazos y oídos. Mientras tanto, y por si alguien quiere, pueden escribirnos a: laretaguardianoticias@gmail.com 

Muchas gracias y hasta la semana que viene. 

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