Melancolía del estío

El trece es mi número favorito. Siempre, desde pequeña, me ha acompañado. No entiendo, por ello, a aquellos que lo evitan, que no lo pronuncian, que tienen, de alguna manera, miedo a ese número. Para mí es redondo, contundente. Y tiene el encanto del olvido y del rechazo que muchas personas le propinan. El trece es un número incomprendido y solitario. Supongo que yo empatizo con él. Lo siento casi tan raro yo. Por eso me gusta. La Retaguardia estrena hoy ese número. Hemos llegado ya a la entrega trece del semanario. Se dice pronto, pero se hace difícil. ¿Será, por fin, en esta semana cuando La Retaguardia encuentre financiación apoyada en el número trece? Ojalá. Disculpen esta introducción. Ustedes no me conocen, pero yo, de alguna manera, sí sé quiénes son. Nos han leído durante tres meses y las letras compartidas crean cercanía. Quizá por eso estos editoriales se han convertido en un desahogo. Tranquiliza saber que lo que se escribe no cae en saco roto, que siempre habrá algún lector, uno, aunque sea, que leerá lo que yo escribo semana tras semana. 

El verano está a punto de comenzar. Sol, alegría, días largos, tardes que a menudo pasan sin prisa y cadenciosas… Cuando era pequeña, el curso terminaba, casi siempre, el trece de junio. Entonces, yo experimentaba un sentimiento de tristeza, no por el número, sino por el fin de un periodo. Aunque empezaba el verano, y la época de los pantalones cortos y las bicicletas, y la estancia en una inmensa casa de pueblo, y la libertad sin límites entre montañas, para mí terminaba una etapa y sentía que, inevitablemente, me iba a alejar de mis amigos, de mis libros, de la ciudad en la que entonces vivía. Cuando el motor del coche anunciaba la irremediable diáspora, yo solía mirar por la ventanilla trasera y decía adiós a una parte de la familia, a una parte de mis sentimientos con nostalgia infantil. Esa emoción se acentuó años después cuando, siendo casi bachiller, el éxodo del estío me obligó a separarme de mi primer amor durante casi tres meses. ¿Nunca se han parado a pensar en lo crueles que, a veces, pueden ser los veranos? Como era de esperar, en aquella ocasión, olvidé a lo largo del mes de julio a mi amor de ciudad y lo cambié por uno de verano. Igual de eléctrico, igual de doloroso y engañoso porque terminó un día de septiembre y nunca más volvió a existir. Estoy convencida de que el verano, tarde o temprano, te quita todo lo que te da. Todos, nos guste o no, estamos hechos de recuerdos de la infancia y juventud. Quizá por eso yo le tengo tanta ojeriza al verano. Infinitos años después, estando ya en Madrid, volví a sentir lo mismo. Ya no había cursos que terminar ni vacaciones escolares que estrenar, pero la cimitarra del verano volvía a imponer las distancias. Estoy segura de que este año la situación, me guste o no, volverá a repetirse, así que he decido prepararme. Hace unos días, el trece de junio de este año, me levanté decidida a tenderle una trampa al verano: empecé, ese mismo día, la redacción de un nuevo libro. Somos dos contra uno. Las letras y yo contra la lentitud de un verano. Que el trece reparta suerte. Para mí y para La Retaguardia. 

3 comentarios sobre “Melancolía del estío

  1. El 13 es un buen número para quien no sea supersticioso. Del 1 al 15, a un servidor le gustan los siguientes: 1, 3, 5, 7, 10, 12, 13, 15. En un blog que tuve procuraba evitar publicar entradas en fechas que no me gustaran, aunque en más de una ocasión lo tuve que hacer. ¿Superstición? En absoluto, simplemente no lo encontraba estético. Por supuesto que no tengo ni idea de por qué no me gustan los números 2, 4, 6, 8, 9, 11, 14. Sería interesante poder desentrañar ese misterio. Yo nací un día 13. Bien por mí. A ver si hay suerte y me voy de este mundo el mismo día. Si me dan a elegir día, me lo pido. –¿Qué día quieres tener la muerte digna? –El trece. –Ah, muy bien, mira qué valiente. –Sí, genio y figura hasta la sepultura. No te jode.

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  2. seguro que si, ya lo veras. El próximo número estará financiado y podréis seguir deleitandonos con tus/vuestros escritos que son maravillosos. el verano no deja de ser un agujero en el calendario.

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