¿Homenaje o plagio? El libro ‘El método Bunbury’ desata la polémica

Por: Marta Medina.

Todavía no se ha publicado su libro —será la semana que viene—, pero el poeta y periodista Fernando del Val (Valladolid, 1978) se ha convertido esta semana en el centro de la polémica. Su último ensayo, ‘El método Bunbury’ (Difacil), disecciona las letras de la discografía de Enrique Bunbury tanto como parte de Héroes del Silencio como en solitario, en las que ha descubierto versos compuestos a partir de fragmentos de autores como Mario Benedetti, Fernando Sánchez Dragó, Fernando Arrabal, Antonio Gamoneda y Felipe Benítez Reyes, entre otros. A través del caso del zaragozano, Del Val reflexiona sobre la creación, la autoría y la línea que divide el guiño, el homenaje y la inspiración del plagio. Esta entrevista fue solicitada la semana pasada, antes de que un artículo en ‘El País’ sobre el libro encendiese un acalorado debate sobre el “método Bunbury”, es decir, la fórmula que, según Del Val, “el mayor artista de rock que ha dado España y probablemente, sin atender a géneros, el cantante más grande después de Raphael y Julio Iglesias” —así lo define el escritor en su ensayo— lleva utilizando décadas en sus canciones.

“Buena parte de las letras que Enrique Bunbury ha escrito se compone de fragmentos de escritores a los que no cita. Este libro demuestra que la práctica ha sido habitual en toda su carrera, y que está presente en la totalidad de canciones suyas con ambición poética y literaria”. Así comienza Del Val el primer capítulo dedicado en exclusiva al ex líder de Héroes. “Al menos, 555 versos de su discografía —firmados por él, o sea, autoatribuidos— fueron antes publicados —es decir, compuestos— por otros. Doctores tiene la iglesia y acerca de la licitud se discurre en la segunda parte del libro. El hecho es que en ningún crédito consta procedencia alguna. […] La intención del presente volumen es explicar qué hay detrás de las canciones de Enrique Bunbury y lanzar un cálculo acerca de los límites de la creación”.

El análisis de Del Val es meticuloso. Algunas de las estrofas que se asemejan beben claramente de la obra de un poeta en concreto. Otras contienen similitudes con versos sueltos y extractos de discursos, o frases aquí y allá semejantes, que sólo rechinan si se tiene en cuenta la reiteración del autor original. Por ejemplo, en ‘Irremediablemete cotidiano’, del disco ‘Hellville De Luxe’ (2008), una estrofa reza : “Nos salvaremos juntos/ o nos hundiremos/ cada uno de nosotros por su lado/ los de arriba siempre se sientan/ en los de abajo / irremediablemente es cotidiano. Nos salvaremos juntos/ y cambiaremos el curso de la historia con paciencia/ y humor/ nadie contaba en serio con nuestra astucia”.

La búsqueda del escritor arroja lo siguiente: “«Nos salvamos juntos / o nos hundimos separados’, ‘México y los mexicanos’, de Juan Rulfo, cita introductoria de Nicanor Parra en su discurso de agradecimiento del Premio Juan Rulfo, del que vierte en ‘Doscientos huesos y un collar de calaveras’. «Los de arriba se sientan en los de abajo», en el poema ‘Alguien anda diciendo por ahí’. «Con humor y paciencia/ cambiaremos el curso de la historia», del poema ‘Borrón y cuenta nueva’. «No contaban con mi astucia». Poema ‘Esperaba este premio’, todos ellos publicados en el libro ‘Discursos de sobremesa’ (1997), de Nicanor Parra”.

¿Homenaje? ¿Guiño? ¿Inspiración? ¿Plagio? Del Val se ha cuidado de no verter ninguna opinión propia y se ha limitado a rastrear las similitudes entre los versos de Bunbury y la obra de otros autores reconocidos. “El libro se divide en dos partes: una en la que recojo los hechos y otra en la que hay opiniones, pero que se la cedo a distintos especialistas en distintos ámbitos artísticos”, explica Del Val al otro lado del teléfono. “Pero bien es cierto que mientras yo voy reflexionando y aludiendo a las distintas maneras, caigo en la cuenta de que, al menos, lo que ha hecho sí se parece al centón.Toma versos de poetas, de dramaturgos, de entrevistas de personajes históricos o famosos, e introduce refranes, proverbios y frases hechas, con lo cual, la apariencia de centón, para mí, es plena. Luego esto puede incurrir en figuras no sé de qué tipo en el ámbito del derecho. Pero si el centón es una obra compuesta por fragmentos de otras obras, el centón se parece a lo que ha hecho Bunbury. Luego, la segunda acepción es despectiva y dice que denota falta de originalidad. Pero eso lo tendrá que determinar el oyente, el lector o quien sea”.

Año 1995. Fan de Héroes del Silencio

Cuenta Del Val, antiguo fan de Héroes del Silencio, que la primera vez que encontró una de estas semejanzas fue en el año 95, cuando un amigo suyo descubrió doce versos en el libro ‘Geografías’ de Mario Benedetti. Poco tiempo después, el mismo amigo leyó ‘El camino del corazón’ de Sánchez Dragó y se encontró con más versos sospechosamente familiares. “Cuando se suceden los discos, para yo aclararme y sin ninguna pretensión, abro un documento en el que voy acumulando estos hallazgos. En 2007, cuando Héroes del Silencio se reúne en su gira de despedida, pienso que se puede hacer un reportaje y se publica en la revista ‘La clave’ de Balbín. A continuación, en 2008, salta el caso Casariego. Con tres ideas de Pedro Casariego que luego se despliegan en nueve o diez versos”.

Del Val insite en que nunca pensó en publicar un libro. “A mí me daba mucha pereza, porque no lo veía un trabajo creativo. Veía que me iba a llevar muchas horas y que prefería destinarlas a proyectos personales míos. Pero conforme yo reflexionaba sobre los límites del arte en otras expresiones, como el cine o la pintura, vi que el proyecto podría tener sentido que cobrase forma. Hablo con dos o tres personas, a ver cómo lo ven, para que no sea demasiado espectacular y se me vaya de las manos. Entonces me pongo a sistematizar, estructurar, pensar qué contar, qué no contar”.

Por eso, las primeras veinticinco páginas de ‘El método Bunbury’ las dedica Del Val a reflexionar sobre las influencias de unos artistas en otros, de unas disciplinas en otras. Pasando por Santa Teresa y su parecido con algunas frases de Joan Escrivá, o de cómo Bob Dylan recoge en sus canciones frases de T. S. Eliot, de Walt Whitman o de la Biblia.

PREGUNTA. Según ‘El método Bunbury’, el principal problema es que se toman fragmentos de la obra de otro autor sin citar. ¿No ha admitido nunca Bunbury públicamente inspirar sus letras en la literatura?

RESPUESTA. En algún momento sí que dijo que se basa en sus lecturas para componer. Pero no se basa. Lo que hace es fusilar. También se ha refugiado en que es el método compositivo de Bob Dylan. Lo hizo a raíz de ‘Hellville De Luxe’, en el que tomó tres ideas de Pedro Casariego. Se pronunció para decir que se sentía víctima, que él escribe como Bob Dylan. Yo creo que no es así, que Dylan es más alusivo y Bunbury es más textual. Pero, si lo hace Dylan, está mal hecho también. Esto está mal hecho lo haga quien lo haga. Y no hay muchos casos más. También hablo en el libro de que Dylan tiene una serie de pinturas de Asia, que supuestamente pinta durante una gira, y hay un seguidor, Michael Grey, que se entera de que son copias de fotografías de grandes nombres. Que si Dylan ha copiado versos y ha copiado pinturas está igualmente mal. En su descargo, tampoco vale.

P. Entonces, ¿cuál es su opinión al respecto? ¿Homenaje? ¿Inspiración? ¿Plagio?

R. Yo he intentado matizar mucho mi opinión, aunque lo he escrito en primera persona, que es una manera muy contemporánea de escribir, cercana a la confesión. Pero le tenía que dar rigor. Y, para dar rigor, tenía que dejar la opinión de otros. Pero sí que se desliza que, a mí, esto me produjo una decepción constante y creciente. Yo creo mucho en la propiedad intelectual y el propio Bunbury cree en la propiedad intelectual. En el libro recuerdo cómo se manifestó a finales de los noventa o principios de los 2000 contra Napster y otras webs que distribuían música de manera ilegal. Creo que el concepto de autoría hay que defenderlo, al igual que la autoría y los derechos de autor. En el caso de Bunbury y en el de los demás. Ver que una persona a la que admiraba los transgredía me produjo, primero, confusión y, luego, desapego.

Hay un tiempo en el que me reengancho, que coincide con que hay dos o tres discos de intención más popular. Entonces él relaja ese método de escritura y acude a versos más llanos, porque él pretende ser más coloquial. En estos discos apenas hay apropiaciones. Yo pensé que en un acto de contricción se había dado cuenta y que había cambiado su método. Pero en ‘El viaje a ninguna parte’ sí que noto cosas y en ‘Hellville De Luxe’ es ya la orgía de las apropiaciones, porque es el disco que más tiene, más que con Héroes del Silencio. Versos por los que le había admirado ahora sé que son de otros, como Arrabal, por eso la admiración la tengo más redirigida hacia otros.

P. Un cineasta como, por ejemplo, Tarantino, quien en su cine recrea secuencias muy parecidas a las de algunas de sus películas favorita, ¿qué sería?

R. Depende del alcance y la resonancia que tenga ese inserto en el imaginario del receptor. Yo creo que si se hace con opacidad no es una práctica decente. en el cine de Tarantino sos homenajes son demasiados en número y hay algunos que no son de fácil acceso y que sólo pueden ser identificados por un número reducido de especialistas. A mí eso me parece trampa. Cuenta con tus propios medios. Si quieres hacer un guiño o un homenaje, lo haces al margen. Pero en el cine muchas veces en el centro de las películas hay muchas recreaciones. Entonces, ¿cuál es el concepto de autoría? No hay ejercicio de transformación. En esto, la etapa contemporánea y el posmodernismo ha sido un poco lesivo.

Vivimos en una época horizontal, en la que se ha perdido la verticalidad, la jerarquía, el concepto de autoridad. Vivimos en una época líquida, como decía Baumann, relativista y en la que todo vale. Yo no creo que todo valga. Hay buena praxis y mala praxis. Existe el bien y existe el mal. Parece que ahora la opinión de cualquiera vale y pienso que eso no es así. Y estas prácticas son muy contemporáneas, pero tampoco las ejercita mucha gente. No hay tanta gente que se dedica a copiar. Para mí no es salvaguarda que sea un ejercicio de intertextualidad tan libre que te permita usar como un puzle lo que han hecho varias personas y presentarlo como tuyo. Me parece obvio.

P. En la música cada vez se toman prestados más riffs, bases extractos de obras previas. ¿Encuentra diferencia a nivel creativo entre el préstamo de, por ejemplo, Depeche Mode a Marta Sánchez para su tema ‘Superstar’ —acreditado— y el ‘método Bunbury’?

R. Yo creo en la reescritura, pero para reescribir tienes que modificar. Si simplemente lo usas tienes que consignarlo en los créditos. Si Madonna, por ejemplo utiliza una figura musical de Abba en una de sus canciones y lo acredita, ¿es porque es tonta o porque tiene que hacerlo? Es lo ortodoxo. No hacerlo es engañar al oyente. Si yo escucho esa canción y escucho unos versos y unas melodías sin señalarme que son de otro, yo se las adjudico a ese autor erróneamente. Y le estoy otrorgando un prestigio y una credibilidad que no se merece. Es un personaje interpuesto entre una melodía o una letra y el receptor.

P. ¿Cree que la polémica se ha visto amplificada por las declaraciones políticas recientes del cantante? ¿Que si el libro se hubiese lanzado en otro momento la repercusión no hubiese sido tan grande?

R. Eso es delirante. Es propio de Arrabal. Muchos tuiteros parecen patafísicos. Ver en esto una maniobra gubernamental a través de un medio de comunicación para denostar una figura que ha puesto en duda la utilidad de las vacunas es fantástico. Yo me muero de la risa. Lo triste es que la gente vive tan lejos de la cultura, de la creación, del arte y la literatura, que piensan que se puede hacer un libro de 300 páginas en 10 días. Obviamente esto es un trabajo de años. Y me he puesto a volcarlo hace ocho meses. Es difícil digerir algo incómodo para un fanático, sea de un grupo de música, un equipo de fútbol o un partido político. Para mí tienen reacciones muy semejantes todos. Tú puedes tener una idea, pero también ser permeable.

P. ¿Tiene miedo de que el cantante pueda iniciar acciones legales contra usted por delito contra el honor o algo similar?

R. Si toma medidas legales creo que será muy bueno para el libro y muy malo para él. Sería ir al cadalso. Yo incluyo dos sentencias previas que si las comparas con el caso de Bunbury yo no movería ni un dedo, porque las dos sentencias, con muchísimo menos, han sido determinadas plagio. Además fue muy bueno el caso de Lucía Etxebarría, que saca un libro de poemas en el que plagia a Antonio Colinas, que no dice nada porque no se entera. Pero ‘Interviú’ publican que hay como 80 versos plagiados. Colina opta por callar, porque es un hombre discreto. Pero Etxebarría denuncia por delito contra su honor. Pero, cuando llega, la juez le dice que no hay daños que defender porque sí ha cometido plagio. Ella va en busca de amparo y sale escaldada. En mi libro, por mi parte, sólo hay datos. Yo no vierto opiniones. ¡Son más de 500 versos!

P. También ha contado con la respuesta de algunos de los autores de los versos reutilizados. Ha habido de todo, ¿no?

R. Me han tocado dos personajes: Sánchez Dragó y Arrabal. Arrabal yo no sé hasta qué punto es irónico en su expresión. Yo creo que le ha gustado ser plagiado, pero creo es algo muy relacionado con el movimiento surrealista al que se vincula. Dragó es genio y figura, pero los que le han coreado ayer el tuit no son ni dragoncitos. Pero Dragó es Dragó, un grande. Pero luego Gamoneda, que se lo toma con filosofía, porque es un genio de 90 años, para mí el mejor poeta vivo en español. Eran pocos versos, además deconstruidos. Yo creo que él ha pensado: ‘Yo he escrito 3000 versos, ¿me ha cogido ocho? ¡Qué se le va a hacer!”. El caso en el que cualquier escritor se puede ver representado es el de Benítez Reyes, que de forma elegante, pero implacable lo amonesta. Y el 97% de los que ha plagiado están muertos.

P. Al menos hay que reconocer que Bunbury es una persona leída.

R. Desde luego Bunbury es una persona leída. En su último disco ha tenido un bajoncillo y ha empezado a tomar prestados mensajes de Facebook, de redes sociales, de Pinterest. Ha acudido a frases que espuriamente se adjudican a ‘Orgullo y prejuicio’. Pero es verdad que es una persona muy trabajadora, muy auténtica, que se encierra en casa a leer, a componer, a ver cine. Pero ha hecho una cosa que no es lícita. Ojalá la gente leyese la décima parte de lo que lee él.

La opinión de un experto en derecho de la propiedad intelectual

A raíz de la polémica, este periódico se ha puesto en contacto con Fernando Morillo, abogado del estudio jurídico Bercovitz Carvajal y experto en propiedad intelectual. Morillo, después de leer algunas de las similitudes entre las canciones del zaragozano y la obra de otros autores, explica: “A mi modo de ver, estamos en la típica cuestión en la que lo primero que tendríamos que tener claro es si lo que se cuenta en el libro es cierto. Si esto es así, el derecho de propiedad intelectual que estaría conculcándose sería el 21, que es el derecho de transformación de la obra. Es el derecho que tiene el autor a explotar su obra autorizándola para el uso en obras derivadas de ella, como adaptaciones, extractos o arreglos musicales. Ese derecho no está amparado en el derecho de cita, porque puedes tomar fragmentos de obras ajenas siempre y cuando cites la fuente de esa obra, y no parece que se haya hecho. Sostener que esto está basado, por ejemplo, en una libre inspiración me genera dudas, porque esta no pasa por que reproduzcas de manera clara textos de otros. En principio, sobre el papel y si se acredita que esto es real, los autores podrían estar en su derecho de emprender acciones legales contra Bunbury o quien sea”.

A partir de ahí, Morillo admite que ve complicado que se pueda producir cualquier tipo de reclamación por parte de los autores, “porque lo que hay son trocitos de versos de varios autores, y hay tropecientos versos de tropecientos autores”. “El libro no lo he leído, sólo conozco lo que he podido leer en prensa, pero desde el punto de vista de alguien que quiere aprovecharse del esfuerzo ajeno podría tratarse de lo que en argot llamamos una ‘creación parasitaria’. Pero bueno, es un caso muy complicado. Porque el autor del libro podría además encontrarse con una demanda de Héroes del Silencio o de Bunbury o de quien se sienta ofencido por intromisión en su honor en el aspecto del prestigio profesional, artículo 18 de la Constitución. Pero supongo que se limitará a hacer una declaración desmintiendo y no irá mucho más allá. Es complicadito, muy complicadito”.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-06-22/homenaje-o-plagio-el-libro-el-metodo-bunbury-desata-la-polemic_2649928/

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