Salvar La Retaguardia

Por: Javier López Ruiz.

Estimado Sr. Sánchez Dragó, 
Después de leer su último editorial “Malos tiempos”, en el que expresaba su intención de tirar la toalla, no he podido evitar sentir una profunda tristeza.  Desde la aparición La Retaguardia, he disfrutado enormemente de las libérrimas aportaciones de tan variopintos como talentosos colaboradores. Perdone si le parezco cursi al decirle que su portal es un destello de luz literaria y de calidad dentro de la inmensa tiniebla gris de los medios de comunicación del sistema, donde se prima el seguidismo político en lugar del talento.
Permítame también expresarle mi desconcierto con su editorial, ya que, por una parte, afirma ser una petición de ayuda, pero, por otra, se declara incapaz de acudir a suscripciones, crowdfunding, o banners. ¿Cómo podría ser ayudado si rechaza las vías a través de las que esa ayuda suele canalizarse?
Es en este punto donde –perdone la inmodestia- aparezco yo, ya que la intención de este mensaje es precisamente ofrecerle –con total gratuidad y sin ningún ánimo de lucro ni de visibilidad publicitaria, sino por absoluto amor al arte (en el sentido más literal del término)- mis conocimientos y mi tiempo, para tratar de encauzar su magnífico proyecto. Soy abogado y asesor de empresa, por lo que normalmente dispongo de poco tiempo libre, pero estoy dispuesto a dedicar una parte de ese tiempo a ayudar a que Laretaguardia no deje de ser una realidad ilusionante.
No sé muy bien cómo encauzar esta voluntad mía de ayudarles, pero creo que, de entre las potenciales fuentes de ingresos con que puede contar su publicación, juntos podemos encontrar la que mejor se adecúe a sus necesidades. Por favor, no me repita que no son empresarios. Eso no puede ser una limitación. Lo que no son es hombres de negocios (ese es otro tipo de persona), pero lo que necesitar para obtener un mínimo número de ingresos no requiere ser un tiburón de Wall Street, sino únicamente aplicar unas pocas cuestiones formales de las que yo podría encargarme. Por otra parte (y perdone la manera de señalar) usted, hace apenas unos meses, no hubiera creído ser un más que solvente “twittero” (si no que se lo pregunten a Luis Herrero), así que le considero lo suficientemente joven para sorprendernos (y sorprenderse) de los que puede ser capaz.
Termino este mensaje reiterándole mi ánimo, si ustedes lo creen oportuno, de dedicar parte de mi tiempo libre a lograr que su pequeño barco de papel no naufrague antes de abandonar el puerto y sus lectores podamos seguir disfrutando de su travesía.
Reciba un cordial saludo y un abrazo de su lector por muchos años.

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