Entrevista a Fernando Sánchez Dragó

El director de La Retaguardia estrena libro: ‘Galgo corredor. Los años guerreros (1953-1964). Aquí tienen una entrevista. Imaginen que está hablando con ustedes.

Acaba de publicar su segundo volumen de memorias. En el primero Esos días azules, usted era Nano, su yo de niño pequeño. ¿A cuál de todos los Fernando encontraremos ahora en este libro? ¿Qué cuenta en él?

sólo hay un yo a lo largo de la vida, que puede quedarse en estado de larva  o no y pasar, en el segundo caso, a crisálida y después a mariposa. son fases de una misma identidad. en el libro que usted cita yo ya no era larva, porque a los tres años aprendí a leer y a escribir de corrido (y había robado, en la aldea gallega de Neda, una vaca), pero sí crisálida. en el de ahora ya soy mariposa, porque vuelo, me poso en todas partes, polinizo y llegó lejos. 

Usted narra en ‘Galgo corredor’ una época gloriosa: la de los cincuenta, la de sus primeras novias y tonteos con la política, la cárcel, un primer matrimonio, un hijo y hasta el exilio. ¿Echa de menos todo aquello? ¿Será verdad que cualquier tiempo pasado fue mejor?

Pues la verdad es que sí. me refiero a la primera pregunta. fue una época fantástica, con sombras, claro, pero sin ellas no se percibe la luz. españa aún era entonces, como había dicho hemingway, el mejor país del mundo y yo lo devoraba a dentelladas. siguió siéndolo durante un par de décadas. ahora es uno de los peores. ese deterioro vale también para el resto del mundo. de todas formas, en líneas generales, ya sabe usted que yo, cargando la suerte, suelo decir que desde hace cosa de dos milenios y medio el mundo retrocede. me habría gustado vivir en el siglo vi o v antes de cristo. o incluso en la prehistoria. suena raro, pero le doy mi palabra de que hablo en serio.  ¡quién sabe si lo hice! la reencarnación me parece una hipótesis no sólo mágica, sino bastante lógica. ¿por qué a los tres años dije, con absoluta convicción, que yo iba a ser escritor?  

En ‘Galgo corredor’ era usted muy joven. Le tocó vivir un periodo crucial de la historia de España y, tal vez por eso, de las páginas de este libro se desprende la idea de que la vida había que vivirla al límite. Por lo que ha escrito, usted también lo hacía. ¿Qué diferencias hay entre el Dragó de entonces y el de ahora?

Un momento, señorita. verdad es que me tocó vivir un período crucial en la historia de España, pero fue porque nosotros, los del 56, lo pusimos en marcha. no éramos efecto, sino causa. vivir al límite era, además, un mandato de mi carácter. habría vivido así en cualquier otro momento y en cualquier otro lugar del mundo. de hecho, seguí haciéndolo por todas partes en los años posteriores, como se pone de manifiesto en mi novela “el camino del corazón”. contaré eso, con más detalle, en el tercer volumen de mis memorias. ya tiene título, aunque podría modificarlo: “Una flor amarilla. Los años viajeros (1964 a 1985)”.  tengo fama, puesta por otros, de ser persona versátil y poco dada a anidar. se equivocan. cuando leo las cosas que escribía no ya en mi juventud, sino también en mi adolescencia e incluso en mi niñez, me sorprende que ya entonces decía cosas muy similares a las que digo ahora. ¿le sorprende si le digo que las razones que me han llevado a escribir mi libro de conversaciones con Santi Abascal son las mismas que en 1953, al comienzo del período que evoco en “galgo corredor”, me llevaron a ingresar en el partido comunista? 

Resuma, además de lo dicho hasta esta pregunta, qué es lo que van a encontrar los lectores en este libro.

Quien resume un libro, se lo carga. pruebe usted a hacerlo con el quijote, sin ir más lejos y sin ánimo de sentar paralelismos, y verá en qué poca cosa se convierte. sólo hay una forma de saber lo que hay en mi libro (o en cualquier otro): leerlo. no me pida usted resúmenes. en todo caso, si le pica la  curiosidad, podrá saciarla leyendo el informe de ángel vivas, excelente, que figura en el dossier preparado por la editorial e  incluido en este número de la retaguardia. “galgo corredor” es un bazar, una almoneda y una cacharrería. en él hay casi todo lo que la literatura puede ofrecer: vida vivida al galope cuando la fuerza corría a pleno pistón por mis venas activada por el honor, el amor y el humor.

Usted, en este libro, es el narrador de su propia vida, pero también aparecen en él personajes muy influyentes que se han ido cruzando en su vida: Hemingway, Jorge Semprún, Enrique Múgica, Javier Pradera, Dionisio Ridruejo, Campillo, Gonzalo Suárez… Conoció a todo el mundo. 

Es cierto. fuimos una generación: la del 56. ¿acaso no se conocían entre sí los miembros de la del 98 o la del 27? el libro lleva al principio una cita de Proust: “lo que verdaderamente une no es la identidad de pensamiento, sino la consanguinidad de espíritu”. casi todos están muertos. de nosotros, los de entonces, ya sólo quedamos dos o tres. yo, por ley de edad, soy la voz de su memoria. escribir este libro era, además de otras cosas, un deber moral. 

Su libro es de lomo ancho. Casi seiscientas cincuenta páginas. ¿Cómo ha sido su redacción? ¿Le ha costado? 

Sí, claro… ha sido como picar piedra para encontrar las ruinas de Troya y el tesoro de príamo. miles de horas de durísimo trajín. a los treinta años escribía dos mil palabras al día. ahora me conformo con mil. para colmo, empecé a escribir este libro en japón, pocos meses después del terremoto de Fukushima, y lo interrumpí durante varios años en los que se metieron por medio otros cuatro libros y una incesante actividad periodística y sentimental. las últimas páginas llegaron al hilo del confinamiento.

En otro de sus libros, El sendero de la mano izquierda, usted sostiene que una persona llegará a descubrir quién es, si antes encuentra las respuestas a lo que no es. ¿Lo ha conseguido con este libro? ¿Se ha encontrado escribiendo sus libros?

Por supuesto. toda mi obra literaria es de índole egográfica. lo era ya mi primera novela, “Eldorado”, que escribí a los veintitrés años y que ahora va a reeditarse. pero en este libro, y en “esos días azules”, he forzado la máquina del nosce te ipsum. línea tras línea iba descubriendo que uno no es sólo lo que ha hecho, sino también, incluso en mayor medida, lo que quiso o pudo hacer y no hizo. la vida es una encrucijada permanente. ahora, con ochenta y tres años en el espaldar, me gustaría hacer algo de lo que no hice. por ejemplo: matricularme en clásicas, en arqueología, en zoología… ¡quién supiera latín  y griego, y fuese como Schliemann o como Gerald Durrell! 

Lo que narra en ‘Galgo corredor’ sucedió hace más de cincuenta años. ¿Cómo puede recordarlo todo? ¿Ha colado entre sus páginas alguna mentira alada o verdad etérea?

Es verdad que recuerdo mucho y por eso parece que recuerdo todo, lo que no es verdad. la memoria construye un relato caprichoso. tiene sus propias leyes narrativas, lagunas, trampantojos, soluciones de continuidad… pero no, no he colado mentiras, porque la mentira implica voluntad de engaño y yo no miento nunca, ni en mis libros ni en mi vida. aprendí eso de mi madre. la literatura es para mí un ejercicio de absoluta sinceridad. si no estás dispuesto a practicarla, dedícate a otras cosas. no me interesa inventar ni fantasear. imaginar, sí, y sobre todo contar, contar, contar… narrativa sin novelerías.

¿Se verán decepcionados con ‘Galgo corredor’ aquellos que busquen entre sus páginas la afirmación de un yo independiente y amigo de enfrentarse a la corriente invasora del tópico y de la idée reçue?

No. al contrario. si buscan eso, encontrarán carretadas de pan para hincar sus dientes. umbral dijo de mí que yo era disidente de todo, excepto de mí mismo. le agradecí la frase. nunca he nadado a favor de la corriente.

¿Cuál es la continuación lógica de este libro?

Lo he dicho más arriba. “Galgo corredor” acaba cuando cruzo la frontera por andorra con un pasaporte que no era mío. en ese mismo instante comenzará mi próximo libro. 

Larga es la ruta que conduce a Tebas. Usted, que tanto escribe sobre la suya, ¿sabe ya lo que es la vida? ¿Basta eso para expresar la propia vida? 

Lo que es, sí, pero no basta la teoría. su pregunta tiene trampa, porque usted, señorita, sabe, y yo sé que lo sabe, que una de mis frases favoritas dice que el arte empieza cuando vivir no basta para expresar la vida. Mientras mi cabeza, mi corazón y mi mano puedan empuñar la pluma, seguiré recorriendo y expresando el sendero infinito de la vida. Cuando alguna de esas herramientas deje de funcionar… bye bye, señorita.

Usted dice que es escritor y nada más que escritor. ¿No está cansado de escribir? ¿Tiene ahora algún otro libro en mente? 

La pregunta es ociosa. creo que ya he respondido a ella. “Hoy es siempre todavía”, escribió machado. Le invito a una copa, señorita.

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