La Sombra de China es Alargada

Por: Teresa Cabarrús. Corresponsal en Inglaterra.

Desde Mayo de 2020, el Primer Ministro británico Boris Johnson es noticia y objeto de intensos debates en el Parlamento porque se ha visto obligado a desterrar a la empresa china de telefonía Huawei de sus planes de innovación tecnológica 5G. De hecho, la tensión está alcanzando proporciones bíblicas. El pasado 14 de Julio, el Consejo de Seguridad Nacional decidió que Huawei debía ser desterrada de cualquier proyecto habido y por haber por las serias y peligrosas implicaciones que conlleva.

Johnson fijó el plazo de eliminación completa de Huawei para 2021. En medio de la controversia, el próximo 22 de Julio el Secretario de Estado norteamericano, Michael Pompeo, visita el Reino Unido y la baraja de cartas con el Covid-19 y tratados bilaterales de comercio de por medio se van a reducir a una sola: China y la amenaza que representa. De la misma forma que Catón no se cansó de repetir “Cartago debe ser destruida”, dos mil años ponen de moda de nuevo la misma frase con diferente escenario.

Repetidas advertencias del Servicio Secreto británico, el Consejo de Seguridad Nacional, el Gabinete de Seguridad Cibernética, bochornosos episodios de corrupción y escándalo entre altos funcionarios del gobierno y la cuña de Estados Unidos han bastado para persuadir al dirigente británico usando, paradójicamente, el título de uno de sus libros, Préstame tus orejas.

Huawei,el gigante chino de las telecomunicaciones, había logrado una sustanciosa contrata y participación en el mercado inglés para implementar la 5G o Quinta Generación de tecnología inalámbrica para telefonía móvil, comunicación y acceso a internet. Casualmente, el pasado Febrero su Director Ejecutivo, Ryan Ding,  se encontraba en Londres impartiendo una charla sobre el tema de marras. Todo parecía ir viento en popa. Sin embargo, el castillo de naipes empezó a desbaratarse mucho antes. El pasado 1 de Diciembre de 2018 la hija del Presidente y fundador de Huawei, Meng Wanzhou, Directora de Finanzas y Viceconsejera de la firma, fue arrestada en Canadá y extraditada a Estados Unidos, acusada de violar las sanciones impuestas contra Irán y Corea del Norte. Huawei ya estaba en el punto de mira de las autoridades norteamericanas. Las Secretarías de Comercio y Hacienda se encontraban investigándola por un posible fraude fiscal y contravención del embargo a Irán. 

Al mismo tiempo, el arresto coincidía con acciones para restringir el uso de la tecnología de Huawei en países occidentales. De hecho, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia bloquearon y prohibieron el uso del equipamiento de la compañía  china en la dotación para el establecimiento de redes 5G nuevas y más rápidas. Sorprendentemente, pese a que las sospechas apuntaban a una más que posible red de espionaje encubierta, el Reino Unido no vetó a empresas que usaban a Huawei como proveedor, aunque la BT (British Telecom), que domina la red nacional de telecomunicaciones, declaró  que no emplearía el material de dicha firma en el “núcleo principal” de su infraestructura de Quinta Generación.

La presión a Johnson para que cancelara la participación del gigante asiático en la economía y por extensión, de otras empresas chinas en la construcción de plantas nucleares en Gran Bretaña, se ha acumulado desde hace tiempo y ha estallado a principios del verano. The Daily Mail ha estado al frente de una campaña de concienciación para disuadir al Primer Ministro mediante la filtración de elaborados informes de antiguos agentes del MI6, curtidos en Sinología  y conocedores de los planes de infiltración de China, e investigaciones que recientemente han culminado en un libro llamado Hidden Hand: Exposing how the Chinese Communist Party is Reshaping the World, coescrito por dos expertos académicos en la materia, Clive Hamilton y Marieke Olhberg.

Hace escasamente quince días, Sir John Sawers, antiguo Director del MI6,  afirmaba que “las penalizaciones de EEUU a Huawei significan que la compañía de  telecomunicaciones china presenta ahora un serio riesgo para la seguridad del Reino Unido”. Más aún, Tobias Ellwood, miembro del partido Tory y Presidente de la Comisión de Defensa del Parlamento británico declaraba a Sky News que era “muy prudente” por parte del Gobierno repensar el asunto, pues amén de problemas técnicos que comprometían la 5G, cómo ha abordado China el estallido de la pandemia y su endurecimiento de medidas de seguridad en Hong-Kong mostraban que existían suficientes razones para tratarla con más cautela.

El pasado 10 de Julio, la guinda del pastel fue el escándalo protagonizado por la Universidad de Cambridge. El periódico The Times desveló que ésta había elaborado un meticuloso y favorecedor informe que lavaba la reputación de Huawei y lo presentaba de una manera muy positiva a los ojos del Gobierno y el mercado ingleses. Por este “libro blanco” la Institución se embolsó 200.000 libras esterlinas en 2018, pagadas por el Gobierno Chino, más un extra de 155.000 abonadas por Huawei el pasado Septiembre de 2019. En este dossier asimismo se enfatizaba la “necesidad de aceptar estándares divergentes en países “. 

Pero el caso Huawei es solo la punta del iceberg en lo que concierne a la penetración gradual del coloso oriental en Gran Bretaña. 

China siempre ha tenido al Reino Unido como objetivo. Intereses geopolíticos, económicos y diversos han sido y son el leitmotiv de una estrategia de dominio total que tiene al Reino Unido como epicentro. Es una pieza de la inmensa tabla de ajedrez en que ha convertido al planeta. Su meta: eliminar a Estados Unidos de la hegemonía mundial y neutralizar a su mejor aliado, Gran Bretaña. ¿Cómo? 

Todo empezó con la apertura de China bajo el mandato de Den Xiaoping y las relaciones sino-británicas a mediados de los años 80. Tras la muerte de Mao en 1976,  el aperturismo de Xiaoping  acarreó un flujo de ciudadanos chinos, ávidos de Occidente, que viajaron al Reino Unido y se instalaron. Se instauró el quid pro quo. La circulación y ampliación de contactos comerciales y culturales en ambos lados acabaron intensificándose. Ese fue el trampolín  que disparó a China para configurar su plan de invasión ingeniosa y escalonada en todos los ámbitos. China era una esponja que absorbió absolutamente todo. De la misma forma que Londres es un imán para Rusia – de hecho Londres es llamado Londongrado por la cantidad de ciudadanos y oligarcas rusos residentes- también lo es para China. Es el prestigio y la meta a conseguir. 

El vademécum de sabotaje chino es sutil en apariencia y está cargado de una parafernalia social peculiar. Rascando la superficie, es una maquinaria implacable de manipulación, intimidación y depredación a cualquier precio. Adquirir y crear una red de conexiones ha sido tarea relativamente fácil para su sistema de espionaje. Durante más de treinta años, el encanto oriental se concentró en una buena selección de tontos útiles y de ingenuos de todo calado susceptibles de corrupción: políticos,  académicos,  realeza, nobleza, celebridades, artistas, escritores, periodistas y toda criatura con ansias de medrar y alguna posición de influencia y acceso a información privilegiada.

La subversión y el influjo estaban servidos. Solamente se necesitaba la guía de los siete pecados capitales, girar la ruleta y ver dónde se detenía. Para muestra, en 2008 el Teniente de Alcalde de Londres, Ian Clement, viajó a Pekín al frente de la Delegación Británica con motivo de recabar apoyo para la candidatura de Londres como sede de los Juegos Olímpicos en 2012. Durante una fiesta oficial fue seducido por una atractiva espía china quien en cuestión de minutos envenenó su copa, descargó toda la información de su teléfono móvil, se hizo con documentos oficiales y no tocó la  billetera. A la mañana siguiente, el aturdimiento ocasionado por las sustancias estupefacientes vertidas en su bebida, unido a una vergüenza sin igual, sellaron el resto.

Y no falla. Las víctimas son siempre crédulas. En los años 90, el MI5 publicó un manual informativo sobre las tácticas usadas por los agentes enemigos, especialmente chinos, que fue distribuido en todos y cada uno de los departamentos ministeriales. No hace falta recalcar el énfasis en la trampa sexual, incrementada hasta límites estratosféricos en los últimos años. Aún así, no bastó. 

Otro de los elementos ad hoc en esta perversa guía de socavación a la carta     de la democracia inglesa, cortesía de China, es la fachada de amistad y cooperación. Un entramado de asociaciones culturales, sociedades económicas, ligas de variado trasfondo y sustanciosas donaciones monetarias que riegan Universidades, ONGs, plataformas de orientaciones diversas, instituciones públicas y privadas  y partidos políticos han construido la máscara perfecta donde esconderse. Liderando las iniciativas chinas en territorio extranjero y teledirigidas, planificadas e impulsadas desde Pekín, se hallan los fixers o amañadores, verdaderos gurúes y avanzadilla del Partido Comunista Chino. Uno de sus máximos exponentes es Zhirong-Hu, encargado de moldear e influir las élites británicas desde que aterrizó a fines de los 80 y Director de la Asociación para la Amistad del Pueblo Chino con Países  Extranjeros, claro apparatchik del PCC.  Nada menos que cinco Primeros Ministros de su graciosa majestad (Blair, Brown, Cameron, May y Johnson), algún que otro Presidente de Estados Unidos, destacados  empresarios y parlamentarios y toda la realeza británica tienen sus oídos, para empezar. Y él tiene los de ellos. Fotos de este personaje en el entorno más íntimo de la reina Isabel II, incluyendo a toda la familia real y adláteres, han puesto el grito en el cielo. Y es que la seducción china no tiene parangón. Si no que se lo digan a otras dos figuras clave en el proceso de lobotomía de los altos estamentos de la sociedad británica: una abogada de prestigio, Christine Lee y una filántropa, Xuelin Li, ésta última convertida en Lady Bates por matrimonio y consorcio. Como simpatizantes de partidos políticos, sobre todo el conservador, y financiadoras de campañas mediante cuantiosas contribuciones y con una activa presencia social y mediática, ¿qué más puede pedir Xi Jinping con tan fieles servidores? 

Pero también el enemigo se encuentra dentro. Círculos económicos, como el Club de los 48, fundado en 1954 por un empresario británico comunista por devoción y en secreto, Jack Perry, han hilado fino por y para China. Miembros de este selecto club son ex premiers, intelectuales e individuos muy prominentes. Un aire de legitimidad embadurna este club. Conferencias y charlas informales se suceden y no levantan sospecha. En ocasiones, personas de honestidad a prueba de bomba han sido cuestionadas por una inocente aparición en la sede de este colectivo o en su sitio web. Sin embargo esta organización ha sido ampliamente elogiada por la agencia estatal de noticias china Xinhua por el papel entusiasta en el fomento de las relaciones entre ambos países y la defensa de los asuntos chinos.

China aspira a la dominación global mediante la influencia comercial, tecnológica, cultural, académica y social. Para ello puso en marcha un plan estratégico llamado “La Ruta de la Seda” o “Iniciativa de Franja y Ruta”, lanzado en 2013 por Xi Jinping, Secretario General del Politburó. Jinping lo menciona constantemente, siguiendo el breviario de cursilería comunista, como fundamental en su visión para la construcción de  un destino común para la Humanidad. Marx no podría estar más satisfecho. La extensión geográfica de este proyecto de subyugación mundial se divide en dos frentes: terrestre y marítimo y, a su vez, en tres grandes áreas de influencia geoestratégica. Cada área está a su vez identificada por la cantidad de países controlados por una ingente inversión de capital chino.

La maquinaria implacable que el país asiático ha echado a rodar ha despertado serios interrogantes en Westminster. Las acaloradas discusiones que han tenido y siguen teniendo lugar en su seno han dejado claro que es imperativo que exista una defensa de la soberanía y seguridad nacionales y de su democracia, seriamente amenazada desde hace tiempo. Es cuestión de tiempo ver qué línea de actuación seguirá. Alguien sugirió no hace mucho seguir el mensaje del himno patriótico Rule Britannia: “Manda, Bretaña, manda sobre el mar. Los británicos nunca serán esclavos[de nadie]”.

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